En la ciudad de Arcadia, la rutina terminó en un instante 🔥. Lo que comenzó como un supuesto accidente químico terminó convirtiéndose en el encierro más grande de la historia moderna 💥. Un domo de energía azul eléctrico cubre la ciudad completa: bloquea señales, distorsiona el aire y descarga electricidad a cualquiera que intente cruzarlo ⚡️. Nadie entra. Nadie sale 🚫.
Mientras el caos consume las calles, una infección conocida extraoficialmente como VX-17 comienza a propagarse 🔴. No mata de inmediato. No destruye el cuerpo. Destruye la conciencia 🧠.
Los infectados —apodados Los Vacíos— no sienten dolor, no sienten miedo… solo un impulso violento que los vuelve más rápidos, más agresivos y más activos en la oscuridad 💀.
Pero el verdadero horror no está solo en ellos 🤯. Un grupo de jóvenes atrapados en el Instituto Central Arcadia deberá aprender que sobrevivir no significa seguir siendo humanos 👥. Aislados, vigilados desde el exterior por drones militares 🚁.
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CAPÍTULO 21
...¡AYUDA! ...
El grito atravesó el patio trasero del instituto como una cuchilla. El grupo de Armando giró al mismo tiempo. Una figura corría hacia ellos desde la oscuridad. Era Yeyra. Su respiración era irregular. Sus pasos torpes. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Brajhan fue el primero en reaccionar.
...—¡Yeyra!...
Pero cuando ella llegó a la luz tenue del patio, todos entendieron que algo estaba terriblemente mal. Su ropa estaba manchada de sangre. Su rostro también. Y detrás de ella… algo se movía.
A lo lejos, varias siluetas se agachaban sobre un cuerpo tirado en el suelo. Movimientos bruscos. Violentos. Sonidos húmedos. Mordidas.
Rafa entrecerró los ojos.
...—¿Qué… están haciendo?...
Entonces uno de los cuerpos se movió. Un brazo se levantó débilmente. Solo un segundo. Luego desapareció bajo las manos de los Vacíos.
Yeyra cayó de rodillas frente a ellos.
...—Ángel…...
Su voz se rompió.
...—Ángel Alfredo…...
El silencio se volvió insoportable. Pero duró muy poco. Uno de los Vacíos levantó la cabeza. Su rostro estaba cubierto de sangre fresca. Sus ojos muertos se clavaron directamente en el grupo. Luego otro levantó la cabeza. Y otro. Y otro más.
Ezequiel susurró:
...—Nos vieron....
Los Vacíos se levantaron. Y comenzaron a correr. Pero algo era distinto. No corrían de forma desordenada. Sus movimientos eran rápidos. Directos. Coordinados. Como si estuvieran cazando.
Rafa retrocedió un paso.
...—Eso no es normal....
Ángel Israel lo notó inmediatamente.
...—Se están organizando…...
Armando no dudó.
...—¡CORRAN!...
Todos se dieron la vuelta y corrieron hacia la puerta de servicio. Detrás de ellos, los Vacíos atravesaron el patio. Y cuando comenzaron a gruñir… otros gruñidos respondieron desde dentro del edificio. Desde los salones. Desde los pasillos. Desde las escaleras.
Rafa miró hacia atrás mientras corría.
...—Genial....
...—Ahora vienen más....
Entraron al instituto. Los pasillos estaban casi a oscuras. Solo algunas luces de emergencia iluminaban débilmente el camino. Las sombras se estiraban por las paredes. Los gruñidos resonaban cada vez más cerca.
...—¡Por aquí! —gritó Armando....
Doblaron una esquina. Un Vacío salió de un salón abierto. Ezequiel reaccionó primero. La llave metálica chocó contra su cabeza. El infectado cayó. Pero otro apareció detrás. Rafa lo golpeó con el martillo.
...—¡Siguen saliendo!...
Yeyra apenas podía correr. Brajhan la sostenía del brazo.
...—¡No te detengas!...
Pero los gritos del grupo y los gruñidos de los Vacíos comenzaron a atraer más. Puertas que se abrían. Pasos rápidos. Sombras moviéndose. Era como si todo el instituto estuviera despertando.
Ángel Israel miró hacia atrás. Y por un segundo… vio algo que lo golpeó en el pecho. A lo lejos, en el patio, los Vacíos seguían devorando el cuerpo de Ángel Alfredo.
Algo dentro de él se removió. Un recuerdo. Una sensación antigua. Una promesa que nunca pudo cumplir.
Flashback
El hospital estaba en silencio. Ángel Israel estaba sentado en una silla de plástico en el pasillo. Miraba el suelo. Sus manos estaban juntas. Esperando.
Su madre hablaba con un médico al otro lado del pasillo. Las palabras llegaban incompletas.
...—Lo siento…...
...—Fue muy rápido…...
...—No alcanzaron a despedirse…...
Ángel levantó la mirada.
...—¿Qué pasó?...
Su madre caminó hacia él lentamente. Sus ojos estaban rojos.
...—Tu abuelo…...
La frase se rompió. Ángel sintió que el aire se iba de sus pulmones.
...—Pero… yo iba a verlo hoy....
Su voz era apenas un susurro.
...—Le dije que hoy iba a ir....
El pasillo del hospital parecía demasiado grande. Demasiado vacío. Demasiado silencioso.
Ángel bajó la cabeza. Había fallado. No había llegado. No se había despedido.
Esa noche, caminando de regreso a casa, su madre habló.
...—Tu abuelo siempre decía algo de ti....
Ángel levantó la mirada.
...—¿Qué cosa?...
...—Que pensabas demasiado....
Su madre sonrió con tristeza.
...—Pero también decía que ibas a lograr todo lo que te propusieras....
Ángel guardó silencio. Entonces ella le puso la mano en el hombro.
...—Todo bien....
Ángel respiró profundamente.
...—Todo correcto....
Pero en el fondo sabía algo. Había errores… que uno no quería repetir.
Presente
Un gruñido lo sacó del recuerdo. El grupo corría por otro pasillo. Las luces parpadeaban. Los Vacíos estaban cada vez más cerca.
Entonces ocurrió. Un Vacío salió disparado desde una puerta lateral. Se lanzó directamente hacia Brajhan. El chico se quedó paralizado.
...—No…...
No tuvo tiempo de reaccionar. Pero alguien lo empujó antes. Ángel Israel. El impacto los tiró al suelo. El Vacío cayó encima de Ángel. Ángel lo golpeó con todas sus fuerzas. Una vez. Dos. Tres. Logró quitárselo de encima. Pero otros dos Vacíos ya estaban corriendo hacia él.
Rafa gritó:
...—¡ÁNGEL!...
Armando se detuvo.
...—¡LEVÁNTATE!...
Ángel Israel respiraba con dificultad. Sabía lo que estaba pasando. Los Vacíos lo rodeaban. Pero no parecía asustado. Miró a Brajhan.
...—Corre....
Brajhan negó con la cabeza.
...—No…...
Ángel sonrió. Una sonrisa tranquila.
...—Todo bien....
Luego susurró:
...—Todo correcto....
El primer Vacío se lanzó sobre él. Ángel logró derribarlo. Pero el segundo lo sujetó del brazo. El tercero se lanzó directo a su hombro. Los dientes atravesaron su piel. Ángel gritó.
Rafa dio un paso adelante.
...—¡NO!...
Armando lo agarró del brazo.
...—¡YA NO!...
Más Vacíos llegaron. Cuatro. Cinco. Se abalanzaron sobre él. Sus manos lo sujetaban. Sus dientes desgarraban su piel. Ángel Israel gritó una última vez. Luego su voz desapareció.
Brajhan estaba llorando.
...—No…...
...—No…...
El cuerpo de Ángel dejó de moverse. Por un segundo… todo quedó en silencio. Luego su espalda se sacudió. Sus dedos se movieron. Lentamente… muy lentamente… Ángel Israel se levantó. Sus ojos estaban vacíos. Su boca cubierta de sangre. Ya no quedaba nada de él.
Armando habló con la voz rota.
...—Vámonos....
Rafa respiraba con rabia. Ezequiel empujó a Brajhan.
...—¡CORE!...
El grupo volvió a correr por el pasillo oscuro. Detrás de ellos… los Vacíos los siguieron. Y entre ellos caminaba ahora… Ángel Israel.
Armando dobló en otro corredor.
...—¡Los laboratorios!...
Rafa lo miró.
...—¿Estás seguro?...
...—Las puertas son reforzadas....
...—Es nuestra mejor opción....
El grupo siguió corriendo por el instituto oscuro. Los gruñidos resonaban por todas partes. Y la noche apenas estaba comenzando.