Daniel es un joven marcado por traumas infantiles profundos. Vive emocionalmente anestesiado hasta que aparece una entidad desconocida que le ofrece un trato:
olvidar el dolor y purificar su alma… a cambio de cumplir misiones en distintos mundos.
Pero hay una trampa elegante:
no puede borrar su pasado hasta volverse digno de hacerlo.
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El guion del castigo
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Capítulo — El guion del castigo
El cielo estaba gris, y el viento traía polvo que se colaba en los escombros.
Daniel caminaba entre lo que alguna vez fueron calles, edificios, y recuerdos de vidas que ahora se desvanecían en cenizas.
Pero esta vez no había solo destrucción: había reglas.
Un zumbido ligero lo rodeó, y frente a él apareció el guion.
No un papel físico, sino un holograma flotante, hecho de energía pura. Palabras que parpadeaban:
"Sigue el camino. Cumple los eventos. No desvíes tu rol. Castigo activo por la ruptura del equilibrio."
Daniel leyó sin emoción.
—El sistema no olvida —dijo, apenas en voz baja—. Ni siquiera yo puedo escapar de su castigo.
Tharen estaba a su lado, pero diferente.
Sus ojos cristalinos ya no mostraban memoria alguna del pasado.
Como si la brizna de su alma que alguna vez lo conectaba con Daniel hubiera desaparecido.
—¿Daniel…? —preguntó Tharen, confundido—. ¿Dónde estamos?
—En tu mundo —dijo Daniel, calmado—. Pero no es tu mundo. Es el que nos dieron para pagar.
Tharen frunció el ceño.
—No recuerdo nada… y sin embargo… siento algo familiar.
Daniel lo miró con sus ojos de porcelana.
—Eso es todo lo que tienes ahora: sensación. Nada más.
El guion brilló de nuevo, obligando a Daniel a moverse hacia la primera misión: enfrentar a los protagonistas, quienes ahora estaban deformados por el castigo del mundo apocalíptico.
Cada paso que daba era marcado, cada decisión medida. No había libertad, solo la obligación de cumplir lo que el sistema había dictado.
—Esto… es… —susurró Tharen, con voz temblorosa—. Esto no puede ser real.
Daniel inclinó ligeramente la cabeza.
—No es para tu comprensión. Es para la mía. Para entender lo que sucede cuando se rompe el equilibrio.
El primer encuentro con los protagonistas fue brutal.
No por la fuerza, sino por la verdad que cada uno reflejaba: miedo, traición, deseos ocultos, resentimientos.
Daniel los enfrentó sin odio ni amor, solo siguiendo el guion que lo convertía en carne de cañón, un ejecutor silencioso del destino impuesto.
Tharen lo siguió, confundido, tratando de recordar algo que no podía.
—¿Por qué yo…? —preguntó, mirando a Daniel—. ¿Por qué estoy aquí?
—Porque debemos caminar este camino —dijo Daniel—. Ni tú ni yo tenemos elección ahora. Solo avanzar.
Cada escena, cada enfrentamiento, estaba descrita en el guion.
Daniel no podía fallar. No podía saltarse nada.
El mundo castigaba su libertad, y él pagaba por ver demasiado y actuar sin permiso.
Pero mientras avanzaban, algo cambió.
Aunque Tharen no recordaba nada, su esencia seguía ahí, reaccionando a cada gesto de Daniel.
No era memoria, ni conciencia, sino un eco que nadie más podía percibir.
El guion parpadeó, listo para marcar la siguiente acción:
"Cumple la confrontación con el protagonista X. No desvíes la misión."
Daniel cerró los ojos un instante y respiró.
—Está bien —murmuró—. Lo haré.
Porque incluso como carne de cañón, siguiendo un guion impuesto, incluso con Tharen sin memoria, Daniel aún veía lo que nadie más veía.
Y eso, en un mundo de castigo, era su única ventaja.
El cielo gris no ofrecía esperanza.
El viento traía ceniza, no aire fresco.
Y sin embargo, mientras caminaban hacia la siguiente escena, Daniel comprendió algo fundamental:
El castigo puede gobernar la acción, pero nunca puede robar la observación.
Tharen miró a Daniel, aún sin recordar, y algo profundo en él reaccionó.
No era memoria. No era emoción.
Era la chispa de lo que algún día volvería a ser, y solo Daniel podía verla.
El guion parpadeó de nuevo.
El próximo acto comenzaba.
Y Daniel, carne de cañón del sistema, dio el primer paso hacia la verdad que incluso el castigo no podía borrar.
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