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Lo Que El Silencio Esconde

Lo Que El Silencio Esconde

Status: Terminada
Genre:Apocalipsis / Aventura / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:495
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

Lo que el silencio esconde

Lucía es dulce, callada, invisible. Nadie sabe lo que guarda. Ni siquiera ella.

Hay cosas que su memoria enterró, pero su cuerpo no olvida. Pesadillas que no puede explicar. Silencios que pesan como losas. Una sonrisa que aprendió a usar como escudo.

Todo cambia cuando él aparece. No la toca. No la sigue. Solo la mira. Y esa mirada le susurra algo que la hiela: él sabe lo que ella olvidó.

Pronto descubrirá que no está solo. Que hay más personas mirando desde las sombras. Que su pasado nunca estuvo muerto, solo esperaba.

Y que el verdadero terror no son los monstruos que vienen de fuera… sino los que llevamos dentro y un día deciden despertar.

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El eco de una sonrisa

Lucía no recordaba haber llegado a su casa.

Esa era la peor parte. No el miedo, no el latido acelerado del corazón, sino los vacíos. Esos agujeros negros en su memoria donde el tiempo se esfumaba y ella aparecía en lugares sin saber cómo había llegado.

Ahora estaba en su apartamento, con la puerta cerrada con llave, la mochila aún colgada de un hombro y las manos temblando. No recordaba haber caminado las diez cuadras desde la biblioteca. No recordaba haber cruzado el portal, subido las escaleras, metido la llave en la cerradura. Su cuerpo había actuado solo, como un animal herido que busca su madriguera.

Se dejó caer en el sofá y se quedó mirando la pared. La respiración le costaba, como si el aire se hubiera vuelto más espeso. Cerró los ojos y la imagen del hombre volvió inmediatamente: su chaqueta negra, su postura relajada, esa sonrisa que no llegaba a los ojos.

—No es nadie —se dijo en voz baja, como si escucharse a sí misma pudiera convencerla—. Un desconocido. Un tipo cualquiera.

Pero no se lo creyó.

Porque los desconocidos no miran así. Los desconocidos no te paralizan el alma con solo una sonrisa. Ese hombre la conocía. O creía conocerla. Y eso era casi peor.

Lucía se levantó y fue a la cocina. Llenó un vaso de agua y lo bebió de un trago, sintiendo el frío bajar por su garganta. Apoyó las manos en la encimera y bajó la cabeza. Necesitaba pensar con claridad, pero su mente era un enjambre de avispas.

¿Y si lo imaginó todo? ¿Y si el cansancio, los libros de psicología, las horas encerrada en la biblioteca habían terminado por jugarle una mala pasada?

No. No fue imaginación.

Recordó la forma en que sus ojos la siguieron cuando ella cruzó la calle. Recordó el escalofrío, ese aviso del cuerpo que siempre le decía la verdad aunque ella se empeñara en ignorarlo. Algo malo venía. Algo que llevaba tiempo esperando.

De repente, el móvil vibró sobre la mesa.

Lucía dio un respingo. Miró la pantalla. Era un número que no tenía guardado. Nunca contestaba a números desconocidos. Pero esta vez, con las manos aún temblorosas, deslizó el dedo.

—¿Diga?

Silencio. Al otro lado solo se oía la respiración. Una respiración pausada, como de alguien que tiene todo el tiempo del mundo.

—¿Quién es? —preguntó, y notó su propia voz quebrada.

—No cuelgues —dijo una voz grave, tranquila. Demasiado tranquila—. Solo quiero que sepas algo, Lucía.

Ella se quedó helada. Sabía su nombre.

—Te vi hoy —continuó la voz—. Te ves bien. Me alegro.

—¿Quién eres? —susurró ella, apretando el móvil con fuerza.

—Alguien que te conoce. Alguien que sabe lo que olvidaste. No tengas miedo. Hablaremos pronto.

La llamada se cortó.

Lucía se quedó inmóvil, con el teléfono pegado a la oreja, escuchando el tono monótono del vacío. Bajó el brazo lentamente y miró la pantalla. La llamada había durado veintiséis segundos.

Veintiséis segundos para destrozar la poca calma que le quedaba.

Se sentó en el suelo de la cocina, con la espalda apoyada en el mueble, y se abrazó las rodillas. Allí, en el silencio de su apartamento, sintió el miedo crecerle por dentro como una planta venenosa.

Alguien la estaba mirando. Alguien sabía cosas de ella. Y lo peor de todo: una parte de Lucía, esa que llevaba años dormida, empezaba a sospechar que quizá no quería recordar lo que había olvidado.

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