Elías murió de la forma más absurda… y despertó dentro de su novela omegaverse favorita.
Ahora es Adrian Valmont, el omega dulce destinado a ser ignorado, humillado y finalmente morir de amor a manos de su esposo: el frío y arrogante duque alfa Cassian Armand.
Pero hay un problema.
Él ya conoce la historia.
Y esta vez no piensa esperar a que lo abandonen.
Decidido a cambiar su destino, Adrian exige el divorcio desde el principio. Sin embargo, el duque se niega a dejarlo ir. Lo que comienza como un matrimonio político sin amor se convierte en una batalla de orgullo, deseo y poder, donde el alfa que nunca miró atrás empieza a obsesionarse con el omega que ya no lo ama.
¿Podrá Adrian romper el destino que ya fue escrito…
o el duque hará todo lo posible por mantenerlo a su lado?
NovelToon tiene autorización de Fanny123 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
UN MUNDO SIN DESTINO
CAPITULO 1 TEMPORADA 2
El sonido era constante.
Bip… bip… bip…
Un ritmo simple, mecánico, que llenaba la habitación blanca con una calma artificial.
Elias abrió los ojos lentamente.
La luz le quemó la vista al principio. Parpadeó varias veces antes de poder enfocar el techo blanco sobre él. Todo se sentía extraño. Pesado. Como si su cuerpo no le perteneciera del todo.
Intentó mover la mano.
Un tirón de cables lo detuvo.
—¿Elias…?
La voz tembló.
Giró la cabeza con dificultad. A su lado, una mujer lo observaba con lágrimas cayendo sin control. Sus manos temblaban mientras sostenía las suyas.
—Elias… ¿me escuchas?
Él tardó unos segundos en responder.
—¿…mamá?
La mujer rompió en llanto.
—¡Despertaste! ¡Dios mío, despertaste!
Todo se volvió confuso después de eso.
Médicos entrando. Voces superpuestas. Luces moviéndose sobre su rostro. Preguntas rápidas que apenas podía procesar.
—¿Recuerdas tu nombre?
—Elias… Elias Navarro.
—¿Sabes qué día es?
Silencio.
Elias frunció el ceño.
—No…
El doctor intercambió una mirada con la enfermera.
—Está bien. No te esfuerces.
Pero Elias ya se estaba esforzando.
Intentaba recordar lo último que había pasado antes de despertar.
Había… ¿qué?
Oscuridad.
Un vacío total.
—¿Qué pasó? —preguntó con voz áspera.
Su madre apretó su mano.
—Tuviste un accidente hace tres años.
Tres años.
La palabra cayó pesada.
—Entraste en coma… pero ahora estás bien. Los doctores dicen que es un milagro.
Milagro.
Elias no estaba seguro de sentirse como uno.
Los días siguientes pasaron como un sueño borroso.
Terapia.
Medicamentos.
Pruebas médicas interminables.
Su cuerpo estaba débil, pero no dañado permanentemente. Los médicos decían que había tenido suerte.
Sin embargo, había algo que nadie lograba explicar.
Sus recuerdos.
Antes del accidente, su memoria estaba completa. Su infancia. La escuela. Sus amigos. Todo estaba en su lugar.
Pero a veces…
Había huecos extraños.
Sensaciones sin contexto.
Como una imagen fugaz de nieve cayendo.
O la sensación de estar en un balcón muy alto, mirando un paisaje blanco infinito.
Cuando intentaba concentrarse en esos recuerdos, desaparecían.
—Es normal después de un coma largo —explicó el médico—. El cerebro necesita tiempo para reorganizarse.
Elias intentó aceptar esa explicación.
Pero había noches en las que despertaba con el corazón acelerado.
Como si alguien hubiera pronunciado su nombre.
Dos años después, su vida parecía normal.
Elias trabajaba en una pequeña empresa de diseño digital en la ciudad. No era un trabajo espectacular, pero le gustaba. Sus compañeros eran amables y el jefe no era demasiado exigente.
Ese viernes por la tarde, salieron juntos a comprar café antes de volver a la oficina.
—Te juro que si vuelvo a ver otra presentación mal hecha voy a renunciar —se quejaba su amiga Laura.
Elias rió.
—Dijiste lo mismo la semana pasada.
—¡Porque lo digo en serio!
Caminaron entre la multitud de la avenida, rodeados de autos, luces y ruido constante.
Una ciudad normal.
Un mundo normal.
Hasta que Elias sintió algo.
Una sensación extraña.
Como si alguien lo estuviera mirando.
Se detuvo.
—¿Qué pasa? —preguntó Laura.
—Nada… creo.
Pero volvió a mirar.
Al otro lado de la calle, entre la gente que esperaba para cruzar, había un hombre.
Alto.
Cabello oscuro.
Expresión seria.
Sus ojos estaban fijos en él.
No era una mirada casual.
Era intensa.
Demasiado intensa.
Elias frunció el ceño.
—¿Lo conoces? —preguntó Laura al notar su atención.
—No…
Pero algo dentro de su pecho se movió.
Una sensación familiar.
Como un recuerdo que intentaba emerger.
El semáforo cambió a verde.
La multitud comenzó a cruzar.
El hombre también.
Cada paso que daba parecía decidido, firme.
Elias sintió que su corazón latía más rápido sin saber por qué.
Cuando el hombre estuvo a solo unos pasos, se detuvo frente a él.
Lo observó durante varios segundos.
Como si estuviera confirmando algo imposible.
Entonces habló.
—Adrian.
La palabra cayó entre ellos.
Elias parpadeó.
—¿Perdón?
Los ojos del desconocido no cambiaron.
Pero había algo en ellos.
Algo profundo.
Dolor.
Alivio.
Y una emoción que Elias no lograba identificar.
—Te encontré —dijo el hombre en voz baja.
Elias frunció el ceño.
—Creo que me está confundiendo con alguien.
El silencio se extendió.
El hombre lo observó un segundo más.
Luego respiró lentamente.
Como si hubiera esperado esa respuesta.
—Lo sé.
Elias sintió un escalofrío.
—Entonces… ¿por qué me llamaste así?
El hombre lo miró directamente a los ojos.
—Porque antes… ese era tu nombre.
Laura susurró detrás de él:
—Elias… esto está raro.
Y tenía razón.
Muy raro.
Pero lo más extraño de todo no era el desconocido.
Era la sensación inexplicable en su pecho.
Como si su corazón reconociera algo que su mente no podía recordar.
El hombre finalmente dio un paso atrás.
—No te preocupes —dijo con voz tranquila—. No voy a obligarte a recordar.
Elias lo miró confundido.
—¿Recordar qué?
El hombre no respondió.
Solo sostuvo su mirada un segundo más.
Y luego se alejó entre la multitud.
Elias se quedó inmóvil en medio de la acera.
Laura lo empujó ligeramente.
—Bueno… eso fue inquietante.
Pero Elias apenas la escuchaba.
Porque, en ese mismo momento, una imagen cruzó su mente.
Un balcón cubierto de nieve.
Una mano sosteniendo la suya.
Y una voz profunda susurrando muy cerca de su oído:
"Te elegí."
La visión desapareció tan rápido como llegó.
Elias se llevó una mano al pecho.
—…¿Qué fue eso?
A lo lejos, Cassian lo observaba desde la esquina de la calle.
Sus ojos no se apartaban de él.
Había encontrado al hombre que cruzó mundos para recuperar.
Pero esta vez…
Tendría que enamorarlo otra vez.
dudas y luego lo tiraran de loco si sigue asi