Dylan es un chico misterioso de 17 años, con un corazón que parecía estar hecho de hielo. Había llegado a la ciudad de Italia hace apenas una semana, y ya había causado un revuelo entre las estudiantes del colegio local.
Su llegada había sido silenciosa, sin anuncios ni fanfarrias. Simplemente, un día apareció en el colegio, con su mochila en la espalda y una mirada intensa en sus ojos. Los estudiantes se sintieron intrigados por su presencia, y pronto comenzaron a circular rumores sobre su persona.
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Tensión
Dylan llegó a la mansión, una estructura imponente y majestuosa que se alzaba en el corazón de la ciudad. La casa era un laberinto de habitaciones y pasillos, con techos altos y ventanas que parecían llegar hasta el cielo.
A medida que Dylan entraba en la casa, la puerta se cerró detrás de él con un sonido suave, y la oscuridad se apagó con la luz de las lámparas que se encendían automáticamente. La casa parecía tener vida propia, y Dylan se sentía como un rey que regresaba a su reino.
Pero lo que nadie sabía era que Dylan vivía solo en la mansión. No había sirvientes, no había familiares, no había nadie más que él. La casa era su refugio, su santuario, y él era el único que la habitaba.
La mansión era un misterio, un enigma que nadie podía descifrar. La gente del pueblo hablaba de la casa en susurros, especulando sobre quién podría vivir allí, y por qué era tan grande y tan lujosa. Pero nadie sabía la verdad.
Dylan se movió por la casa con la facilidad de alguien que conocía cada rincón y cada recoveco. Subió las escaleras, pasó por delante de las habitaciones vacías, y llegó a su dormitorio, una habitación grande y oscura con una cama enorme en el centro.
Se acostó en la cama, cerró los ojos, y se dejó llevar por sus pensamientos. La casa era su refugio, su lugar de escape, y él era el dueño de su propio destino.
Pero en la oscuridad, una sombra se movió, una sombra que parecía tener vida propia. La sombra se acercó a Dylan, y se detuvo a su lado, mirándolo con ojos que parecían ver más allá de la superficie.
Dylan abrió los ojos, y miró a la sombra con una mezcla de sorpresa y curiosidad. La sombra no se movió, simplemente siguió mirándolo, como si estuviera esperando algo.
Dylan se despertó con un sobresalto, su corazón latiendo con fuerza en su pecho como un tambor que golpeaba contra sus costillas. La habitación estaba oscura y silenciosa, pero él podía sentir una presencia en la habitación, una presencia que lo observaba con ojos invisibles.
Se sentó en la cama, jadeando, y miró alrededor de la habitación. Pero no había nadie allí. Solo la oscuridad y el silencio.
Pero la sensación de ser observado no se disipó. Dylan se levantó de la cama y se dirigió al baño, pero su reflejo en el espejo lo hizo detenerse. Sus ojos estaban oscuros y profundos, y parecían contener un secreto que él mismo no conocía.
De repente, la imagen de Emily apareció en su mente. La chica que lo había mirado con una curiosidad y una intensidad que lo había dejado sin aliento. Dylan se sintió atraído hacia ella de manera irresistible, como si estuviera siendo arrastrado hacia un abismo sin fondo.
La habitación comenzó a girar a su alrededor, y Dylan se sintió mareado. Se agarró al lavabo para no caer, y cerró los ojos para tratar de calmarse.
Pero cuando los abrió de nuevo, la habitación estaba vacía y silenciosa. La presencia que lo había estado observando había desaparecido, y Dylan se sintió solo y abandonado.
Se miró al espejo de nuevo, y su reflejo lo miró de vuelta con ojos que parecían contener un secreto que solo él conocía. Dylan se sintió un escalofrío recorrer su espalda, y supo que algo estaba a punto de cambiar en su vida. Algo que lo llevaría a un lugar del que no podría regresar.
Dylan llegó al colegio con su habitual aire de misterio. Caminaba por el pasillo, con la cabeza baja y los ojos fijos en el suelo, cuando de repente...
¡Choque!
Dylan chocó accidentalmente con alguien en el pasillo. Se disculpó automáticamente y levantó la vista para ver a quién había chocado.
Y se encontró con los ojos de Emily.
Emily estaba sonrojada y parecía sorprendida, pero también un poco divertida. "Lo siento", dijo, mientras se agachaba para recoger sus libros y carpetas que se habían caído al suelo.
Dylan se agachó también para ayudarla a recoger sus cosas. Sus manos se tocaron accidentalmente mientras recogían un libro, y Dylan sintió un escalofrío recorrer su espalda.
"Lo siento", repitió Dylan, mientras se levantaba y se miraba a Emily a los ojos.
Emily sonrió y se encogió de hombros. "No hay problema", dijo. "Supongo que ambos estábamos distraídos".
Dylan asintió con la cabeza, y por un momento, se quedaron allí, mirándose a los ojos, sin decir nada.
Luego, Emily se despidió y se alejó por el pasillo, dejando a Dylan con una sensación de confusión y curiosidad.
El salón de clase estaba lleno de estudiantes charlando y riendo, pero en un rincón, un grupo de chicas arrogantes se reunieron para molestar a Emily.
La líder del grupo, una chica rubia y alta llamada Tiffany, se acercó a Emily con una sonrisa falsa en su rostro.
"Hola, Emily", dijo Tiffany, con una voz dulce pero con un tono de burla. "¿Qué pasa, no tienes amigos para sentarte con ellos?"
Emily se sintió incómoda y miró alrededor del salón, buscando una forma de escapar de la situación. Pero Tiffany y sus amigas la rodearon, bloqueando su salida.
"¿Qué pasa, Emily?", preguntó otra de las chicas, una morena llamada Sophia. "¿Te crees que eres mejor que nosotras porque eres la nueva estrella del profesor?"
Emily se sintió herida por las palabras de Sophia, pero intentó mantener la calma.
"No sé de qué hablas", dijo Emily, con una voz firme pero tranquila.
Tiffany se rió. "Oh, claro que sí", dijo. "Sabemos que el profesor te está dando un trato especial. ¿Qué estás haciendo para ganarte su favor?"
Emily se sintió enfadada y humillada por las palabras de Tiffany. Pero antes de que pudiera responder, una figura alta y oscura se acercó al grupo.
"¿Qué pasa aquí?", preguntó Dylan, con una voz baja y autoritaria.
Tiffany y sus amigas se callaron de inmediato, mirando a Dylan con una mezcla de miedo y respeto.
"Nada", dijo Tiffany, con una voz débil. "Solo estábamos hablando con Emily".
Dylan miró a Emily, y luego a Tiffany y sus amigas. "Creo que es hora de que se vayan", dijo, con una voz firme.
Tiffany y sus amigas se alejaron rápidamente, dejando a Emily sola con Dylan.
"Gracias", dijo Emily, con una voz suave. "No sabía cómo manejar la situación".
Dylan se encogió de hombros. "No hay problema", dijo.