Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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21.
Cuando el coche entró al barrio viejo, la punzada en la sien se volvió más y más aguda. El molesto ping del sistema agravaba el malestar y le hizo sentir náuseas.
El chófer notó su malestar. Vio su cara pálida y se lo atribuyó al balanceo del vehículo por las calles en mal estado. Bajó las ventanillas para dejar entrar el aire fresco, mientras conducía un poco más despacio.
Pronto, se detuvieron frente a una casa algo abandonada, llena de pasto alto y signos de deterioro en la pintura. Tanto el dolor de cabeza como las notificaciones del sistema se detuvieron en el instante en el que la vio.
Esperó al menos un minuto en silencio, mirando el lugar. Cuando el malestar residual se fue, abrió la puerta y bajó con cuidado. No hubo más que un ligero mareo que se fue tan pronto como dio unos pasos más. Cerró la puerta del coche, sacando las llaves de la casa de su bolsillo y acercándose a la entrada.
No había cerradura ni picaporte. Una cadena con un gran candado la cerraba por fuera. Supuso que la integridad de este método tan inseguro se debía únicamente a la intervención de sus vecinos. Julia casi apostaba que si no hubiera nadie para verla de vez en cuando, alguien se hubiera mudado allí y luego habría pasado por un proceso tedioso para recuperar la casa.
Decidió entrar primero, antes de buscar a cualquier otra persona.
Estaba lleno de polvo, con telarañas acumuladas y una pequeña colonia de cucarachas, que se escabulló apenas la luz del día entró por la puerta. El deja vu que la asaltó le mostró destellos de la casa en su mejor momento.
Había un interruptor escondido entre un cablerío, que seguramente no respetaba las regulaciones de las instalaciones eléctricas, pero que todavía funcionaba.
La sensación de desolación se disipó un poco cuando se iluminó de tonos amarillos.
Recorrió el lugar con la vista, recibiendo pequeños detalles a través de la memoria de la original. Eran tan reales que era difícil pensar que no había vivido allí durante casi dos décadas. Se encontró tocando algunos muebles, abriendo puertas y cajones. No buscaba nada en especial, pero quería encontrar rastros de las personas que alguna vez vivieron allí.
Justo cuando iba a sacar algunos papeles del estante de la televisión, el sonido del golpeteo en la puerta la interrumpió.
La mujer que recordaba como su vecina estaba allí, con un par de adolescentes que la seguían y miraban hacia adentro con curiosidad.
—Emilia me dijo que un auto se había estacionado enfrente de tu casa. —La señora le sonrió. Julia imitó su gesto y se acercó a la puerta. —Pensé que no ibas a volver, pero aquí estás.
—Tía, ¿cómo se encuentra? —se acercó con cuidado e hizo un gesto para abrazarla. La mujer ni siquiera lo pensó y la envolvió en sus brazos. —Me alegra mucho de verla. Pensaba visitarla después de terminar aquí.
La mujer le puso la mano en el hombro, totalmente risueña. —Por supuesto que tenías que venir a verme; todos te extrañamos muchísimo, hija.
Pensando que no pudo revisar las habitaciones personales, simplemente suspiró sutilmente y las acompañó afuera.
El chófer había ordenado las bolsas de regalos que dejó en los asientos traseros y Julia solo tuvo que darle a las niñas un par de cosméticos y a la tía le dio unas cremas. Justo en ese momento, las dos niñas se pusieron a pelear porque a una le gustó más el que le dieron a su hermana, la niña se quejó con Julia mientras se agarraba de sus piernas. La madre las reprendió y luego les dijo que eran cosas que le trajeron como regalo, que no debían quejarse.
Esta situación le ayudó a no tener que darle a cada uno un regalo, así que le entregó el resto de las bolsas para que ella pudiera repartir entre todos.
Al haber sido abordada por la señora, fue acribillada con preguntas sobre cómo le iba en la universidad, si tenía amigos, pareja, si se acostumbró a su nueva casa o si se llevaba bien con su familia.
Julia respondió pacientemente, al mismo tiempo sondeaba un poco sobre las historias que la mujer tenía que contar de la original. Con cada nueva información que escuchaba o deducía a través de los ejemplos, las notificaciones del sistema se volvían más abundantes.
Fue en ese momento que se dio cuenta de que solo ella escuchaba el pitido constante. Había varias personas a su alrededor, su celular había estado sonando sin parar durante todo este tiempo, pero nadie pestañeó o comentó al respecto.
En una pequeña pausa donde fue a buscar a un niño que lloraba en el patio trasero, Julia pudo sacar su teléfono y ver la cantidad insana de notificaciones que el sistema le había estado enviando.
Tras una revisada, se dio cuenta de que la mayoría era sobre nuevos fragmentos agregados, y solo unas pocas eran sobre ganar puntos de comprensión. Hasta ahora no sabía qué hacían o para qué se usaban, pero eran como los puntos de experiencia en los juegos que había visto antes.
Después estaba un recordatorio que le decía que no olvidara probar las habilidades ganadas anteriormente.
Vio ambas habilidades, apenas de nivel uno, y leyó sus restricciones. Ninguna de las dos era particularmente interesante, pero aun así activó la función de escaneo de imágenes por un momento.
Su vecina volvió, casi arrastrando los pies y se sentó pesadamente en el asiento frente a ella. Apenas Julia levantó la vista de su celular para seguir prestándole atención, sus ojos se sintieron extraños y la imagen de la mujer se quedó congelada por un segundo antes de volver todo a la normalidad.
¡Ping!
La notificación volvió a sonar, esta vez Julia miró la pantalla inmediatamente, mientras la vecina se distraía con el niño que le había venido a pedir agua.
Recompensa: desbloquear la columna Relaciones en la Wiki de Julia Dolce.
El avatar de Julia se abrió automáticamente y le mostró la nueva pestaña que adquirió junto a su descripción e historia general.
Vaya, y ella que había creído que era una habilidad inútil.