Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 18
...⪻EL BANQUETE⪼...
El salón del banquete brillaba bajo la luz de incontables lámparas, reflejando el lujo y el poder de la corte Imperial en cada detalle. Las mesas estaban dispuestas con precisión, cubiertas de finos manteles y vajillas impecables, mientras los sirvientes se movían con discreción sirviendo los platillos. Draven ya se encontraba en su lugar, con la misma postura firme de siempre, observando sin parecer hacerlo. A su alrededor, las concubinas, incluida Vespera, mantenían sonrisas cuidadas y miradas medidas, mientras que el general Malakor se encontraba entre los invitados tan correcto como siempre, como si nada pudiera tocarlo. Más abajo, Séraphina estaba junto a sus hijos; Alice observaba todo con curiosidad evidente, mientras Silas permanecía recto, silencioso, atento a cada movimiento. Todo parecía transcurrir con normalidad... hasta que la entrada fue anunciada. Las puertas se abrieron y, de inmediato, todos se pusieron de pie. La emperatriz viuda hizo su entrada con pasos tranquilos, su presencia imponía respeto sin necesidad de esfuerzo y su expresión era serena, incluso amable mientras avanzaba por el salón sin apresurarse…. como si cada paso estuviera perfectamente medido. Nadie habló. Nadie se movió más de lo necesario. Ella llegó hasta el lugar dispuesto a un lado del trono de Draven y tomó asiento, y allí entonces permitió que el ambiente volviera a respirar.
—Pueden sentarse.
Su voz fue suave, cálida, casi acogedora. Los presentes obedecieron de inmediato, retomando sus lugares con cuidado, como si temieran romper algo invisible. El banquete continuó, las conversaciones bajas regresaron un poco a poco, y él ambiente volvió a fluir... pero no por completo. Porque poco después, una nueva presencia fue anunciada. Las puertas se abrieron nuevamente, y un hombre entró con paso firme. Su apariencia no pasó de desapercibida; pues era alto, elegante, cabello rubio ligeramente más largo que el de Draven, y unos ojos azules que contrastaban con la tonalidad dominante del salón. Camino hasta el centro, deteniéndose con precisión antes de inclinarse en una reverencia adecuada, mostrando respeto tanto a la emperatriz como al emperador. Ella lo observó con una sonrisa que no cambió, pero que parecía tener un matiz especial reservado solo para él. Había una familiaridad en la forma en que lo miraba, algo que no necesitaba explicarse en palabras para ser notado porque quienes sabían observar.

—Este humilde súbdito saluda a la madre imperial... y al hermano imperial.
—Mi querido hijo... —respondió ella con suavidad—. Por favor, ponte de pie. Deja que tu madre te vea bien.
El hombre se incorporó, manteniendo la cabeza ligeramente inclinada en señal de respeto.—Su hijo lamenta no haber venido antes a presentar sus respetos ante madre... y ante el emperador.
Draven no cambió su expresión, pero su voz se alzó con naturalidad, sin tensión aparente.
—No hay necesidad de tanta formalidad. Toma asiento y disfruta del banquete.
—Agradezco la consideración de su Majestad.
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El banquete continuo con aparente normalidad. La música comenzó a llenar el salón, suave al inicio, acompañando las conversaciones bajas que poco a poco retomaban su curso. Las copas se alzaban, los sirvientes iban y venían, y algunas risas discretas se dejaban escuchar entre los nobles. Desde lejos, todo parecía exactamente como debía ser ... Una noche perfecta dentro del protocolo imperial. Pero no lo era. Draven no bebía, no hablaba más de lo necesario solo miraba. Si mirada recorría todo el salón con calma, deteniéndose apenas en ciertos puntos; el general Malakor, que conversaba con una naturalidad demaciado medida; la emperatriz viuda, cuya expresión seguía siendo amable, pero constante... inmutable. Todo estaba en su lugar.
Demasiado en su lugar. Fue entonces cuando su atención cambio. Sin prisa y sin que nadie lo notara, su mirada se detuvo en él... Aslan. Su hermano menor, el mismo que había entrado hacia unos momentos con esa actitud impecable, ese respeto perfectamente ensayado... esa presencia que no encajaba del todo con su apariencia. Draven no cambio su expresión, pero lo observó con detenimiento. Aslan conversaba con algunos ministros nobles cercanos, sonriendo lo justos y inclinando la cabeza cuando correspondía.
Aunque compartían sangre, Aslan y él nunca habían sido cercanos, mientras que Aslan es más complaciente y un poco más liberal; Draven era todo lo contrario a él. Frío, serio y reservado. Nunca jugaron juntos de niños, nunca compartieron conferencias ni riñas fraternales. Cuando el antiguo emperador decidió nombrar a un heredero, ambos tuvieron que competir por el trono con una cortesía helada. Draven ganó, Aslan acepto la derrota sin poner resistencia alguna y se retiró de la corte principal. Sin embargo, jamás perdió su influencia dentro de ella. Seguía siendo una sombra respetada, un hombre al que muchos nobles aún escuchaban en privado. Desde fuera, cualquiera diría que es el hermano ideal; amable, discreto, nunca una palabra más alta que otra. Draven sabía que esa imagen era solo en la superficie.
Porque nadie que creciera en ese palacio… era tan simple.
Por otro lado, Alice no apartaba la mirada. Seguía observándolo, apoyando la barbilla en su mano, con los ojos ligeramente entrecerrados... analizando sin el más mínimo disimulo.
“ Vaya... "
Sus labios se curvaron a apenas.
"Así que ese es el hermano menor de mi padre... "
Lo recorrió con la mirada, sin prisa. Cabello rubio... largo lo justo para darle un aire casi angelical. Ojos azules... claros, tranquilos, casi suaves a primera vista. Su postura era relajada, pero no descuidada; cada gesto estaba medido , cada sonrisa colocada en el momento exacto.
"Que injusto... " —pensó, casi indignada — " ¿Por que en esta familia todos tienen que ser tan ridículamente guapos ? "
Giro ligeramente la cabeza, comparándolo mentalmente con su padre..
" Frío y aterrador... " —luego miro a Silas— " Serio y adorablemente rígido... " —luego volvió su atension a Aslan — “Y este... peligroso pero elegante "
Sus ojos brillaron con interés. "Me gusta"
【Anfitriona... por favor, tenga un poco de decoro】
La voz del sistema aparecido de pronto en su mente, seca y directa. Alice ni se inmutó.
"¿Que? Solo estoy observando. "
【El individuo que esta analizando no es cualquier hombre. Es su tío real, el segundo príncipe Aslan Sigrid. Hermano menor del emperador.】
Alice parpadeo varias veces aún mirandolo.
"....Ah. Bueno, eso no quita que sea guapo "
【Anfitriona.】
" ¿Qué? Es un hecho."
y si como dijeron los secuestradores el emperador es tan tonto sabiendo en el peligro que está su familia no les a proporcionado seguridad 😡
unnn algo no cuadra con el hermano🤔
ojalá esta vez lo plane vien