Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 16- Primer beso
#NICOLÁS
Suspire hondo, sintiéndome el hombre más estúpido de la tierra. ¿Cómo diablos había terminado en esta situación? Mario se había ido con Clara, dejándome con la tarea de explicar la biología humana, o al menos su versión para principiantes, a una mujer con un IQ prodigioso pero sin el menor filtro social.
—Mira, Eva… La… La semilla (Empeze, mi voz tensa, rascándome la nuca)...No es… No es algo que literalmente un papá "planta" en una mamá. Es… Es un proceso. De amor.
Eva me miró, sus ojos ámbar fijos en mi, invitándome a continuar.
—Y ese proceso… Es muy especial. Es para cuando… Cuando una pareja decide que quieren estar juntos para siempre. Cuando se casan. (Gesticulaba con las manos, buscando las palabras, sintiendo que sudaba la camisa). —Es como un… Un antídoto. Para que la pareja esté unida. Para que su amor crezca.
Hice una pausa, dándome cuenta de lo ridículo que sonaba, pero Eva me escuchaba con total seriedad.
—Y… Y solo debe existir entre los esposos, ¿sabes? Jamás un tercero. Porque… Porque si hay un tercero, es mentir. Es engañar. Y eso es malo. Muy, muy malo. Eso lleva al divorcio. Y… Y hace mucho daño.
Eva inclinó la cabeza.
—Como pasó con tu exmujer.
La franqueza de Eva me tomó por sorpresa. Asenti, con la garganta apretada. El recuerdo de Laura, de la traición, de la rabia, aún era un nudo en mi estómago.
—¿Y… Cómo te sentías al respecto? —preguntó Eva, su voz suave, con una empatía inesperada.
La mire, y por primera vez, me encontre hablando. No con un terapeuta, no con Mario, sino con la pura e inocente Eva. Las palabras salieron de mi como un torrente, liberando un peso que había cargado durante años.
—Me sentía… Destrozado. Furioso. Humillado. Creía que Laura era mi mundo. Mi familia. Y cuando descubrí… Cuando la descubrí con otro… Sentí que el mundo se me venía encima. No me lo esperaba. Y… Y esta cicatriz. (Pase los dedos por la gruesa línea que cruzaba mi pómulo).—Fue ella. Fue en ese momento. Quise reaccionar, defender lo mío, Y… Y ella me dejó la cara así. Como un recuerdo constante de… De lo que creí que era amor.
La explicación sobre la "semilla" se había transformado en una sesión de terapia improvisada. Al hablar de mis heridas, de la cicatriz no solo física sino emocional, senti como si me sacara un peso de encima, un lastre que me había oprimido por tanto tiempo.
Eva se acercó. Sus dedos, suaves y cálidos, se posaron delicadamente sobre mi mejilla, rozando la cicatriz con una ternura asombrosa. Me quede inmóvil, sintiendo la caricia como un bálsamo.
—Para mí… (Dijo Eva, su voz un susurro que vibraba en el aire) …Tú eres muy bello, Nicolás.
Nuestras miradas se cruzaron. En los ojos de Eva no había juicio, ni asco, ni pena. Solo una aceptación profunda y una verdad desarmante. La distancia que siempre había mantenido entre nosotros se disolvió.
Inconscientemente, nuestros rostros se acercaron. Mis labios se encontraron con los de Eva. Esta vez, no fue un beso robado. Fue un beso lento, cargado de una gratitud silenciosa, de una comprensión tácita, de una conexión que iba más allá de las palabras o la ciencia. Era la confirmación de una paz que no sabía que anhelaba.
Eva abrió los ojos, su respiración agitada.
—En mi interior, siento un torbellino, una sensación completamente nueva y extraña.
Su mente de IQ prodigiosa se ve que intenta analizarlo, pero no encuentra un precedente.
—¿Esto… Esto es la semilla? —preguntó Eva, su voz un poco ronca, con la misma inocencia con la que Clara había planteado la pregunta original. —¿Me la plantaste?
Me rio, una risa profunda y sincera que me nació del alma, una risa que no recordaba haber soltado en años.
—No, Eva —dije, acariciando su mejilla con el pulgar. —Esto no es la semilla. Esto es… Esto es el comienzo de algo más. Te voy a dar un libro. Un libro de verdad, no de Clara. Para que aprendas todo al respecto. Pero… (La miró a los ojos con seriedad) …Este tema, lo de la semilla y cómo se hacen los bebés, no lo hables con Clara, ¿Entendido? No quiero que pierda su inocencia. Todavía no.
Eva asintió, sus ojos fijos en los míos, prometiendo un silencio que sabía que ella cumpliría. En ese beso, y en esa conversación inesperada, algo había cambiado. La Eva que había llegado a mi casa como una responsabilidad, como un caso, ahora se había convertido en algo infinitamente más personal. En el espejo de mi propia humanidad, después de meses de convivencia.
Enseguida me alejé de ella, no quería que esa magia que se produjo entre ambos acabé, no quería seguir tan cerca y hacer algo de lo que me arrepentiría, no así, no sin que ella comprenda totalmente todo, primero que lea el libro, recordé que tenía uno de anatomía, entre las pilas de libros de criminología, de mi época de estudiante, ahora podía encontrarlo, Eva había acomodado de manera prolija, por tamaño, por orden alfabético.
Cuando lo encontré gire para dárselo y choque con su figura, la tenía muy cerca, ella se deslizaba con delicadeza, no se la escuchaba, no se la sentía.
Mi corazón estaba a punto de explotar, el beso latía aún en mis labios, la suavidad de los suyos, la sensación cálida y ese torbellino que ella sintió y expreso me pasaba también.
Me tembló la mano cuando sentí sus dedos rozar los míos al pasarle el libró.
Creí que me volví de acero después de la traición de Laura, que nunca más volvería a sentir nada, ni a confiar en nadie. Pero aquí estaba, parado ante la mujer más bella, perfecta e inocente, deseoso de parar una bala por ella, de ser su chaleco antibalas.
Recorrí con mis ojos, sus facciones, para confirmar nuevamente si era real, si de verdad me veía a mi y no a mis imperfección exteriores. Y si, me miraba con dulzura, sin asco, sin juzgarme, me miraba a mi, con esa intensidad, que confirmaba que ella era auténtica y sincera.