Andrés, un omega obligado a casarse con Miguel, un beta, Andrés llegó a desarrollar sentimientos por Miguel, pero a cambio Miguel solo le dio dolor y lamentos, ¿Qué hará Andrés para liberarse de Miguel?
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Un nuevo día a día
Andrés ya se había acostumbrado un poco a estar en la casa de Lucas, su abuela era muy amable y siempre trataban bien a Andrés, ese día Andrés debía ir al médico para checar la salud del bebé y su avance.
—Buenos días, abuela.
—Buenos días, Lucas ya se fue a trabajar, dijo que te estarán esperando a las 5 Pm.
Lucía sonreía dulcemente para Andrés y este le regresaba aquella cálida sonrisa.
—Claro que sí, note que faltan un par de cosas en el refrigerador, yo puedo ir un momento al supermercado.
—No es necesario.
—Claro que sí, además tengo antojo de helado y aprovechando que iré puedo comprar las cosas de aquí.
—Está bien, pero si no puedes con las bolsas no traigas nada.
—Está bien.
Andrés salió alegremente, su hermano le dio una tarjeta para cubrir sus gastos, realmente no usaba mucho ese dinero, solo para uno que otro antojo y ayudar en algunas cosas en la casa. Antes de salir de viaje su hermano le obsequió cremas para su piel, las utilizaba poco, pero a la abuela le encantaban, por lo que tenía que reponer una o dos.
En el camino paso por un jardín de infantes, últimamente le tranquilizaba mucho el ver a niños correr y reír, Andrés no podía mentirse así mismo, en el fondo todavía se sentía mal, no podía borrar tantos sentimientos en tan poco tiempo, ni siquiera creía merecer vivir tan tranquilo, no estaba feliz, pero al menos ya no sufría. Ver la dulce e inocente sonrisa de los niños le recordaba que pronto ya no estaría solo y no permitiría que nadie dañara a su hijo.
Como había dicho Andrés fue al supermercado, una de las vendedoras ya lo conocía, pues iba casi todos los días por helado.
—Bienvenido, hoy también vienes por helado.
Ni siquiera fue una pregunta, la vendedora con su amable sonrisa ya había notado como la mirada de Andrés se desviaba a la nevera de los helados, una sonrisa un poco cómica se escapó de los labios de la vendedora, la cual se acercó junto a Andrés a los helados.
—Bueno, también compraré otras cosas, pero quiero comer un helado mientras tanto ¿Puedo?
—Claro que sí, te recomiendo comer uno de vaso, no quieres ensuciar tu ropa mientras escoges lo que llevaras ¿Verdad?
Andrés comenzó a comer el helado, normalmente no te dejaban consumir nada sin pagar primero, pero Andrés ya era conocido por ir todos los días casi a la misma hora por helado y una que otra cosa, la vendedora ya sabía del embarazo de Andrés, ya que se le hacía rara la costumbre de Andrés. Andrés le dijo que eran antojos provocados por su embarazo.
Un rato después Andrés ya tenía todo lo que necesitaba, rápidamente tomo otros helados, no quería tener que salir por algún antojo nocturno. Se despidió amablemente de la vendedora y camino hasta casa de Lucas para dejar de todo.
Al llegar notó que la abuela no estaba, bueno, era más de medio día, la abuela era amiga de una vecina y pasaban casi todo el día y tarde hablando contando los chismes nuevos o repasando los viejos, en las tardes siempre tomaban café con cualquier postre, era una amistad realmente bonita y unida. Según logró escuchar Andrés, ambas mujeres eran amigas desde la niñez, jamás había sido espectador de una amistad tan larga hasta ahora.
Andrés acomodó todas las cosas que trajo y también subió hasta su habitación para dormir un rato, el sueño se apoderaba de él casi siempre, las náuseas estaban empezando, por lo que a veces se levantaba de sus siestas directamente a vomitar.
Luego de dormir fue al hospital, por suerte el hospital estaba cerca de la casa, Andrés llegó a sentirse verdaderamente inútil por no saber conducir. Cada vez que iba a algún lado caminaba, no solo por no saber conducir, sino también porque nunca había tomado un autobús o un taxi y en el fondo tenía miedo de subir a un autobús repleto de desconocidos o un taxi solo con un desconocido.
El mismo Andrés a veces se sentía como un niño inexperto, tampoco era para menos, en casa nunca le permitieron integrarse realmente a la sociedad y en sus deberes no estaban las experiencias más comunes y sencillas.
Al llegar al hospital fue recibido por Lucas, este le presento al que sería su doctor por el momento, era un alfa de agradable sonrisa y tal vez unos 28 o 30 años, cabellera y ojos cafés.
—Mi nombre es Federico, espero y nos llevemos bien.
Después de presentarse comenzaron con la consulta, Lucas no se despegó en ningún momento de Andrés.
—Todo está perfectamente bien, tienes justamente dos meses de embarazo, veo que te has estado alimentando bien.
—Sí, gracias por su ayuda.
—Es mi trabajo, el próximo mes es tu próxima cita.
Lucas quiso acompañar de regreso a casa a Andrés, pero este insistió en volver solo, pues, Lucas debía seguir trabajando. De regreso paro en un restaurante, quería llevarle de cenar a la abuela para que no tuviera que cocinar nada esa noche.
Andrés sabía que si quería comer algo debía ser sano, la abuela ya le había proporcionado una dieta.
Andrés quería apurarse para llegar rápidamente a casa, todas las noches llamaba a su hermano para contarle las cosas que hacía por más aburridas que fuesen, Rodrigo también le contaba cosas triviales de su día a día.
El omega estaba muy ansioso, quería que el tiempo pasará rápido para volver a casa y firmar la disolución legal de su matrimonio, no quería depender legalmente de Miguel.
Pues, un Omega casado es prácticamente una pertenencia de su pareja, si Andrés deseaba hacer cualquier cosa, por ejemplo, abrir una cuenta bancaria, debía tener el permiso de su pareja, por eso también decidieron que era mucho mejor viajar en auto y evitar tomar un vuelo. No querían que Miguel fuese notificado del viaje de Andrés y mucho menos querían que supiera el destino de este.
El olor de la comida distrajo un poco a Andrés de sus pensamientos, tenía hambre.
es mucho para el perro estúpido
🍌
Andrés no movió ni un solo dedo y así hizo caer a un iceberg