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DIAMANTES Y BERRINCHES

DIAMANTES Y BERRINCHES

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Amor de la infancia
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

21

Al salir de la sala VIP, el ambiente entre ellos parecía haber recuperado un poco de esa ligereza cotidiana que tanto les gustaba fingir. Tessa caminaba dando saltitos cortos, terminándose el ICE de cereza, mientras Luciano llevaba los empaques vacíos con una sonrisa de medio lado, mirándola como quien contempla su obra de arte favorita.

—¿Te gustó la película, conejita? —preguntó Luciano, intentando romper el hielo residual de lo que casi pasa en el auto.

—Me encantó, Lu. Estuvo muy divertida —respondió ella con sus ojos brillando—. Hacía mucho que no me reía tanto.

—Bueno... un poco de acción hubiera estado muy bien —opinó él con el clásico porte de mafioso al que las comedias románticas le quedan debiendo adrenalina—. A ese protagonista le faltó carácter para defender lo suyo.

—Luciano... ¡LUCIANO!

¡Dios de mi vida! Santísima Virgen de la Paciencia, por favor, apiádate de mis oídos. ¡Qué voz tan espantosamente chillona! Y por el amor de Dios, ¡qué pésimo gusto para la moda! A esta aparecida le va a dar un aire en los pulmones si no se tapa pronto; traía un vestido que parecía más un pañuelo mal amarrado que una prenda de vestir.

De la multitud del vestíbulo del cine emergió una mujer alta, rubia teñida, caminando sobre unos tacones aguja con los que milagrosamente no se rompía un tobillo. Se plantó frente a Luciano con una familiaridad que a mí, personalmente, me revolvió el estómago.

—¡Luciano! Hola, guapo. ¿Cómo estás? —exclamó la susodicha, ignorando por completo la presencia de Tessa y devorándose al italiano con la mirada.

—Hola, Ágata. Bien, ¿y tú? —respondió Luciano, adoptando esa voz neutral y fría que usaba con sus "compañeras de juego".

—Muy bien... pero te he extrañado muchísimo, bombón —ronroneó Ágata, dándole un toquecito atrevido en el brazo—. Hace mucho que no nos vemos y, ya sabes, la pasamos tan rico cuando estamos juntos.

¡No, pues sí! Si quieres, mi reina, desnúdate aquí mismo de una buena vez , que es lo único que te falta. Se te notan a kilómetros las ganas de que este hombre te dé... y les aseguro que no son precisamente consejos. Qué descaro de mujer.

Tessa se detuvo en seco, y la hermosa sonrisa que traía hace dos segundos se congeló . Miró a la rubia de arriba abajo y luego volteó hacia el gigante.

—¿Quién es, Lu? —preguntó Tessa con una calma aparente, aunque yo sentí perfectamente el microsegundo en que su tierno corazón dio un vuelco de decepción.

—Es una amiga, Tessa —respondió Luciano de inmediato, intentando restarle importancia al asunto. El muy cobarde recurriendo al viejo truco de las etiquetas.

—Hola, soy Ágata... su "amiga" —interrumpió la rubia, remarcando la palabra con una sonrisa maliciosa y una mirada de superioridad barata.

—Hola, soy Tessa —replicó el ángel, plantándose firme, con una dignidad que dejó a la otra como una completa aficionada.

—Pues mucho gusto, Teresa —soltó Ágata—. Bueno, Luciano... nos vemos más al rato en mi departamento, ¿te parece? Me encantaría que platicáramos algunas... cosas pendientes, bombón.

Luciano carraspeó, visiblemente incómodo, sintiendo la mirada fija y gélida de Tessa sobre su perfil. Pero en lugar de cortarla de tajo, el pendejo mayor decidió abrir la boca para cavar su propia tumba.

—Lo siento, Ágata, pero tengo que llevar a Tessa a su casa y me sería imposible poder vernos hoy —dijo Luciano, intentando sonar caballeroso—. ¿Pero te parece si nos vemos mañana? Tómame la llamada luego.

¡No lo puedo creer! ¡Es que no me lo están contando! Acaba de quedar con la zorra esa delante de la pequeña Tessa. ¡Dios, dame paciencia! De verdad, este hombre se merece que el ruso y el mexicano se alíen, le den una golpiza y se lleven a la niña en un jet privado. Qué manera tan espectacular de arruinar una noche perfecta.

¡No, bueno! Si antes pensaba que Luciano era un pendejo, hoy le otorgo el premio oficial al rey de los estúpidos. ¡¿Es en serio, Luciano Marchesi?! Acabas de tener a tu hada a un milímetro de los labios en el auto, y ahora te pones a agendar citas con tu "amiguita" justo en su cara. De verdad, que a este hombre Dios no le dio el don de la prudencia

Tessa soltó una risa seca, una de esas que Luciano jamás le había escuchado, y dio un paso hacia atrás, zafándose por completo de la cercanía del italiano.

—No te preocupes, Luciano —dijo Tessa con una voz que ya no era dulce, sino fría como el invierno en Siberia—. Si gustas, puedes acompañar a la "señorita" .

—¡Ay, ya ves, Luciano! Ella misma te está dando permiso —celebró Ágata, enganchándose del brazo de Luciano como una garrapata.

Luciano se zafó del agarre de la rubia con un movimiento brusco, sintiendo el verdadero pánico correr por sus venas cuando vio la expresión en el rostro de su hada.

—Tessa... ¿estás bien? —preguntó él, dando un paso hacia ella con las manos extendidas.

—Claro, perfectamente —respondió ella, con una determinación absoluta—. Vete con tu amiga, Luciano. Que yo me voy sola.

¡Muévete, animal! ¡Que la conejita se te va! Corre detrás de ella antes de que camine hacia la calle y se suba al primer taxi que encuentre. Pero Tessa ya había avanzado a paso rápido hacia las puertas de salida, ignorando los gritos de Luciano.

—¡Tessa! ¡Espera! —exclamó él, volteándose hacia la rubia con una mirada que prometía el mismísimo infierno—. Ágata, lárgate. No me vuelvas a buscar en tu maldita vida.

Luciano corrió con sus largas piernas por el vestíbulo, empujando a un par de personas en el camino, hasta alcanzar a Tessa justo en la acera del cine, donde el viento de la noche milanesa le movía los rizos oscuros. La tomó suavemente del brazo, pero ella se giró con la mirada encendida en una furia contenida que él jamás le había visto.

—Nos vamos , Luciano—sentenció ella, soltándose de su agarre con un tirón firme—. Y no quiero escuchar ni una sola de tus estúpidas palabras en todo el camino.

El gigante se quedó mudo, abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua, mientras ella caminaba directo hacia el auto. El viaje de regreso iba a ser una tortura absoluta, y esta vez, el alcohol no iba a poder salvarlo de la tormenta que él mismo había desatado.

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Maria Garcia
me encanta su novela
Eliette Maldondo Velazquez: gracias
total 1 replies
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