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Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo mágico / Reencuentro
Popularitas:152
Nilai: 5
nombre de autor: Benito Leal

Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?

NovelToon tiene autorización de Benito Leal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21 - La ruta vendida

Nyra sabía que una ruta podía mentir.

Los mapas no lo hacían. Tampoco las piedras, las ramas rotas ni el barro desplazado. Mentían las personas que elegían qué registrar, qué borrar y a quién culpar cuando un camino conducía a una emboscada.

El sello retirado del lago Serev pertenecía a la Liga Mercantil. Eso era lo que decía su cara visible.

Nyra no confiaba en las caras visibles.

La oficina de transporte de Puerto Sair ocupaba tres plantas de un edificio sin ventanas. Cada carga autorizada recibía una marca de origen, tránsito y destino. El funcionario goblin que los atendió comprobó el aro bajo seis lentes distintas y negó con la cabeza.

—El grabado es legítimo, pero el registro no existe.

—Entonces no es legítimo —dijo Kargan.

—No he dicho legal. He dicho legítimo. La matriz utilizada para imprimirlo pertenece a la Liga.

Nyra apoyó dos dedos sobre el mostrador.

—¿Cuántas personas pueden acceder a esa matriz?

—Cuarenta y siete supervisores, nueve inspectores regionales y cualquier falsificador capaz de atravesar tres cámaras selladas.

—Cincuenta y seis sospechosos —dijo Luciano.

—Cincuenta y cinco —corrigió el funcionario—. Uno murió hace dos días.

Nyra observó cómo ordenaba los documentos. No había sorpresa en sus manos, pero había dejado de respirar durante un instante al mencionar al muerto.

—Queremos el registro de defunción.

—Eso requiere una solicitud formal.

Nyra deslizó sobre el mostrador la placa del contrato de Serev.

—Seis aventureros casi perdieron la identidad por una carga marcada en esta oficina. Esta es la solicitud formal.

El goblin miró la placa, después a Bastión sobre la espalda de Kargan y finalmente las cuchillas de Nyra.

—Esperen aquí.

Se retiró por una puerta lateral.

Nyra contó siete respiraciones antes de oír una segunda puerta cerrarse al fondo.

—Está huyendo —dijo Luciano.

—No. Está avisando.

Nyra desenvainó Huella y la apoyó contra el suelo. La cuchilla proyectó rastros recientes: empleados, clientes, carros de archivo. Todos eran demasiado nítidos. Alguien había limpiado el corredor y después reconstruido pisadas para simular actividad normal.

Eco señaló una marca ausente detrás del mostrador.

—La salida real está debajo.

Kargan bloqueó la puerta principal. Vaelira permaneció junto a los civiles y les indicó una ruta segura. Luciano observó el piso sin activar magia.

—Hay una baldosa más nueva.

Nyra ya la había visto. Agradeció en silencio que no intentara levantarla con Tierra.

La abrió con Eco.

Debajo había una escalera estrecha y el olor metálico de tinta reactiva. Nyra descendió primero. No pidió que la siguieran; oyó a los tres hacerlo de todos modos.

El pasadizo terminaba en un archivo clandestino. Cientos de placas de transporte colgaban de las paredes, clasificadas no por mercancía, sino por emoción: miedo, duelo, deseo, vergüenza. Los destinos incluían las Agujas de Vaelun, el lago Serev y una instalación médica de Saer-Nareth.

Luciano examinó una mesa sin tocarla.

—Están trasladando sentimientos como si fueran componentes.

—Los sentimientos son componentes cuando alguien conoce el modo de encerrarlos —respondió Vaelira.

Nyra encontró un mapa enrollado dentro de un tubo de cobre. Las rutas oficiales estaban dibujadas en negro. Otras líneas, casi invisibles, conectaban puestos abandonados, pasos sin vigilancia y refugios de la Red del Umbral.

Una de ellas atravesaba el desfiladero de Ildren.

El pasado regresó con olor a lluvia.

Nyra había guiado treinta y dos personas por aquel desfiladero durante una evacuación. La ruta debía permanecer secreta. Cuando llegaron al segundo puente, los atacantes ya conocían los turnos de vigilancia, el número de carros y el nombre de cada explorador.

Los registros posteriores afirmaron que Nyra había cambiado el camino sin autorización.

Ella conservaba otra versión en las cicatrices.

—¿Conoces ese lugar? —preguntó Vaelira.

—Conozco el mapa.

No era una respuesta completa. Vaelira no insistió.

Una puerta se cerró sobre la escalera.

Las placas de las paredes se activaron al mismo tiempo.

El miedo almacenado salió primero. Llenó la cámara con pasos que no existían, respiraciones detrás de cada hombro y voces que anunciaban una emboscada desde direcciones opuestas. Huella proyectó diecisiete enemigos. Eco detectó ninguno.

Nyra ordenó a sus cuchillas borrar todos los rastros.

Durante un instante quedó ciega.

Ese había sido el error en Ildren: desconfiar tanto de las señales que terminó persiguiendo la ausencia perfecta preparada para ella.

—No busquen al atacante —dijo—. Busquen qué quiere que abandonemos.

Luciano miró el mapa de cobre.

—La prueba.

Una llamarada azul descendió desde el techo hacia el tubo. Luciano activó Nymara. Estrato Articulado se curvó como una serpiente de agua, rodeó el mapa y lo arrastró fuera del fuego.

La emoción ajena entró en su cauce. Su rostro adoptó el miedo de Nyra antes de que pudiera ocultarlo.

—No es mío —dijo él entre dientes.

—Pero puede utilizarte. Cierra Agua.

Luciano obedeció. Kargan cubrió el grupo con Bastión mientras Vaelira empleaba Savia Carmesí para aislar las placas activas sin absorber su contenido.

Nyra volvió a abrir Huella.

Esta vez no buscó una figura completa. Buscó errores mínimos dentro del engaño: una pisada demasiado profunda, polvo que caía contra la corriente de aire, el retraso de una sombra al imitar otra.

Encontró al funcionario goblin agazapado detrás de una pared falsa.

Eco atravesó la madera junto a su oreja.

—Abre.

El funcionario salió con las manos levantadas.

—Yo solo sello cargas. No sé qué contienen.

—Sabías que el archivo estaba aquí.

—Todos en la oficina lo saben. Nadie pregunta. Las órdenes tienen firmas superiores.

Nyra acercó Huella a su garganta.

—¿Quién murió hace dos días?

—El inspector que autorizó la última ruta a Serev. Calven Ors.

El nombre no significaba nada para ella.

—¿Quién heredó su matriz?

—Nadie. Fue destruida durante el inventario.

Luciano levantó el aro del lago.

—Pero esto se imprimió después de su muerte.

El goblin palideció.

—Entonces alguien puede copiar firmas de funcionarios muertos.

—O la muerte también forma parte del registro falso —dijo Vaelira.

Nyra retiró la cuchilla. El miedo del funcionario era auténtico, aunque la inocencia no podía deducirse de él.

Registraron la cámara antes de que llegaran agentes de la Liga. Encontraron listas de cargamentos, pagos en thalen y destinos codificados. Faltaban los nombres de los proveedores. Cada columna había sido raspada con una herramienta que no dejaba virutas.

La misma técnica de Lethar.

En el reverso del mapa de cobre apareció un emblema: dos líneas cruzadas por una tercera que terminaba antes de tocarlas.

Nyra dejó de oír la habitación.

Había dibujado aquella marca durante años para señalar rutas de evacuación seguras. Solo otra persona conocía el trazo incompleto: el explorador que había diseñado con ella la salida de Ildren.

Saren Veyr había sostenido el segundo puente para que Nyra guiara a los supervivientes. Ella lo vio desaparecer bajo el derrumbe. Recuperaron su cuchilla, parte de su capa y suficiente sangre para cerrar el informe.

Nunca encontraron el cuerpo.

Luciano notó el cambio en su respiración.

—¿Qué significa?

Nyra dobló el mapa antes de que alguien pudiera memorizar la marca.

—Que la persona que vendió esta ruta conoce una operación sellada.

—Eso no fue lo que preguntó —dijo Vaelira.

Nyra guardó Huella y Eco.

No estaba preparada para pronunciar esperanza cuando todavía podía ser otra trampa.

—La firma pertenece a un muerto.

En el interior del tubo, algo golpeó tres veces.

La señal que Saren utilizaba para decirle que una ruta era segura.

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Milaidys Santana
Un inicio lleno de acción y drama... espero leer más /Ok/
Wilken Blanco
Interesante inicio, rápido y lleno de acción e intriga. Espero leer que más tienes para escribir.
Benito Leal: Muchas gracias por leer, espero que en los próximos capítulos puedas disfrutar de toda la magia que tiene este mundo
total 1 replies
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