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NO ERA TU FAN

NO ERA TU FAN

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:357
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

Fama, dinero, miles de seguidores… Ian lo tiene todo. Y su mánager se asegura de que nada ni nadie arruine su carrera. Hasta que entra una nueva integrante al equipo: ella.

Dicen que es fría, que es profesional, que es incapaz de experimentar ninguna emoción. Para ella, maquillar a la celebridad más grande del momento es solo un trabajo más.

Pero Ian no está acostumbrado a ser invisible para nadie. Lo que empieza como curiosidad pronto se convierte en un reto: hará lo que sea para sacarle una sola reacción, aunque eso signifique poner en riesgo su propia estabilidad y descubrir que su mundo perfecto tiene mucho menos sentido que esa chica que no siente nada.

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 20 ENTRE EL DESEO Y LAS REGLAS

 

Me di la vuelta y seguí ordenando todo con calma: acomodaba las sombras de tonos dorados, terracota y morado profundo en sus cajitas, las bases de colores que iban desde el marfil hasta el bronce, los rubores en tonos rosado durazno y rojo intenso, y los delineadores negros y cafés con sus brochas de diferentes grosores. Todo tenía su lugar, y cuando terminé de guardar la última crema hidratante, miré el reloj: ya era la una de la madrugada.

Ian seguía ahí, recostado en el sillón, observándome sin moverse. Lo miré fijamente y le dije con voz tranquila pero firme:

—Ya vete, es muy tarde.

Él alzó la vista lentamente y me recorrió de arriba abajo con esa mirada que ya me era tan familiar: oscura, cargada de deseo, con un brillo intenso en sus ojos cafés que parecían arder en la luz tenue de la lámpara color ámbar. Tenía la expresión de alguien que no piensa irse sin conseguir lo que busca, como un animal tranquilo pero alerta, con el instinto despertado y la sangre caliente. Se veía ansioso, impaciente, como si en cualquier momento pudiera acercarse y tomarme entre sus brazos sin pedir permiso.

—Melissa… —pronunció mi nombre con voz grave, ronca y extremadamente seductora, como si lo saboreara en los labios.

Se puso de pie de golpe y, por su altura, pareció llenar todo el espacio de la habitación en un segundo. Caminó despacio hacia mí, y antes de que pudiera reaccionar, ya estaba justo detrás de mi espalda, tan cerca que sentía el calor de su cuerpo atravesar la tela delgada de mi ropa. Me estremecí de inmediato, me escabullí con un movimiento rápido y me fui hacia la pequeña cocina del rincón, intentando poner distancia entre nosotros.

Ian soltó una risa baja y profunda, llena de diversión y confianza, y me siguió sin prisa.

—Nunca te había visto tan nerviosa —me dijo, apoyándose en el marco de la puerta con una sonrisa burlona—. ¿Por qué te pones así? Si solo quería hablar contigo.

El seguía hablando:

—Oye, tú deberías estar con Adriana en los pisos de abajo, no aquí en esta suite.

—Se supone que sí —dije yo y  el caminando hacia mí con pasos lentos y firmes—, pero no me gusta compartir habitación con nadie. Así que pagué esta por mi cuenta; dinero no me falta para tener mi propio espacio.

En ese momento lo vi caminar bajo la luz cálida de los focos empotrados en el techo. Su pijama de seda color oscuro seguía casi completamente abierta, dejando ver su piel bronceada, sus hombros anchos, el pecho marcado y los músculos del abdomen que se tensaban levemente con cada paso. Me quedé mirándolo sin querer, hipnotizada por la forma en que se movía, y él lo notó al instante.

—Bueno, el dinero no es problema —añadí, recuperando un poco la compostura—

No terminé de hablar cuando sentí otra vez su presencia detrás de mí. Se acercó tanto que su pecho casi rozaba mi espalda, y apoyó las dos manos sobre la barra de madera oscura a ambos lados de mi cintura, encerrándome entre sus brazos sin dejarme ninguna salida. El aire olía a su jabón de baño, a menta fresca y a su propia esencia, un aroma que se me metía en la nariz y me nublaba los sentidos.

Se inclinó hacia abajo hasta que su boca quedó a la altura de mi oreja, y repitió con voz suave pero decidida:

—Sé que tú también lo quieres. Lo puedo notar en la forma en que me miras, en cómo te pones rígida cuando estoy cerca, en cómo te aceleras el pulso…

Me giré bruscamente, quedando frente a frente con él. Nuestros rostros estaban separados por apenas unos centímetros, y vi con claridad la intensidad de sus pupilas dilatadas. Sin apartar la mirada, me levantó con facilidad y me sentó sobre la superficie fría de la barra de la cocina, quedando a la misma altura que él.

En ese instante, sentí cómo mis pezones se endurecían bajo la tela ligera del top, por el frío de la madera y por la tensión que crecía entre nosotros. Ian bajó la vista un segundo y lo notó de inmediato; una sonrisa traviesa y llena de deseo se dibujó en sus labios.

Se acercó despacio hasta que sus labios estuvieron a milímetros de los míos, se detuvo un momento para disfrutar la espera y luego me besó con suavidad, lento y profundo, como si quisiera saborear cada parte de mí. Sus manos se deslizaron por mi espalda desnuda, acariciando la piel con calma, y poco a poco el beso se hizo más intenso, más urgente. Nuestras respiraciones se mezclaban, agitadas y calientes, y sentía cómo sus dedos subían por mi pezones, apretando con suavidad pero con firmeza, tocando y acariciando todo lo que encontraban a su paso.

Yo tomé sus manos y las sostuve, pero no para detenerlo del todo, sino para sentir más de cerca el contacto. Nunca había sentido algo así. A mis veintidós años, mi condición siempre me había hecho sentir distante, ajena a esos impulsos del cuerpo; nunca había sentido lujuria ni deseo real, y por eso esas cosas nunca me habían llamado la atención. Pero ahora, con él, todo cambiaba. Sentía que me quemaba por dentro, que mi cuerpo respondía sin que yo pudiera controlarlo.

Sin embargo, en medio de todo ese torbellino, recordé el contrato que firmé, las reglas claras que nos separaban. Abrí los ojos y miré hacia abajo: bajo la tela de su pijama, se notaba con claridad su erección, dura y marcada, revelando cuánto también deseaba esto.

Me separé un poco, con la respiración entrecortada, y le dije con voz suave pero firme:

—Ian, llévate a tu habitación. Es tarde, y si te quedas así, mañana amanecerás con ojeras y tendré que trabajar el doble para disimularlas. ¿No te das cuenta de que eso me complica más a mí?

Me miró confundido, sin entender por qué lo detenía justo cuando todo iba tan bien. Le di un beso rápido y ligero en los labios, bajé de la barra, tomé su mano con decisión y lo guié hasta la puerta. Él caminaba con la pijama totalmente desabrochada, el torso al descubierto y esa erección que no se ocultaba, con la mirada todavía llena de deseo.

—Buenas noches —le dije, y cerré la puerta despacio, dejándolo del otro lado.

Me quedé recargada en la madera fría, sintiendo cómo me temblaban las piernas. Fui hasta la cama y me dejé caer sobre las sábanas de algodón suave de color blanco, con el top desacomodado, el cabello revuelto y la mente hecha un lío.

—¡Qué tonta eres, Melissa! —me dije a mí misma en voz alta, pasando las manos por el rostro para despejarme—. Acomoda tus pensamientos… esto no puede ser. Esas cosas solo traen problemas, son del diablo…

Me tapé la cara con las almohadas y solté un grito ahogado para desahogarme. Sabía muy bien que, a la mañana siguiente, ambos nos despertaríamos con la cabeza fría y cada uno empezaría a arrepentirse de lo que casi había pasado esa noche.

 

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Quiara rara
/Joyful//Joyful/
Quiara rara
espero que sigas creciendo Haci con tu escritura ahora Soy tu fan número 1 👏👏🤭🤭
Quiara rara
¡wow!cool muy bien tienes talento para escribir eres verdaderamente excepcional 👏👏 felicidades 👏👏
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