Ariana descubre que pertenece a un mundo de lobos oculto después de regresar a la manada que expulsó a su madre años atrás. Allí conocerá a Morgan Knight, un hombre frío y peligroso que cambiará su destino para siempre.
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Capítulo 21: Ya es demasiado tarde
La universidad estaba más silenciosa de lo normal.
Morgan caminó por los pasillos buscando inconscientemente el cabello blanco que siempre destacaba entre los estudiantes.
Pero Ariana no estaba.
Entró a la primera clase.
Su asiento permanecía vacío.
Frunció el ceño.
Cuando terminó la hora volvió a buscarla.
Tampoco apareció.
Algo dentro de él comenzó a inquietarse.
Al salir del salón encontró a David.
—¿La viste?
David bajó la mirada.
Aquello hizo que Morgan sintiera un mal presentimiento.
—David...
—Tengo que decirte algo.
Morgan respiró hondo.
—Habla.
David dudó unos segundos.
—Ariana...
Se marchó.
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué dijiste?
—Ya no está en la manada Black.
Morgan dio un paso hacia él.
—Explícate.
David tragó saliva.
—Se fue hace varios días.
Morgan sintió que el pecho le ardía.
—¿Quién dejó que se fuera?
—Hubo una discusión con Carmen.
Morgan ya no escuchó el resto.
Su lobo rugió con una fuerza aterradora.
Los estudiantes comenzaron a apartarse.
David intentó acercarse.
—Morgan...
Pero era demasiado tarde.
El Alpha salió de la universidad sin mirar atrás.
Subió a su camioneta.
Y condujo a toda velocidad.
Al llegar a la mansión Blood Moon entró como una tormenta.
La primera mesa que encontró terminó hecha pedazos.
Un florero salió volando contra la pared.
Las sillas cayeron al suelo.
Los sirvientes huyeron asustados.
Richard apareció rápidamente.
—¡Morgan!
Pero el joven ya había destrozado otro mueble.
Respiraba con dificultad.
Sus ojos brillaban con rabia.
—¡La dejaron ir!
Su voz hizo temblar la casa.
Richard comprendió inmediatamente.
—¿Ariana?
Morgan golpeó la pared con el puño.
—¡Sí!
La madera se partió.
David llegó segundos después.
Observó el desastre.
Nunca había visto a Morgan perder el control de esa manera.
Richard caminó hasta su hijo.
—Cálmate.
Morgan negó con la cabeza.
—No puedo.
—La encontraremos.
—¡No sabes dónde está!
Richard permaneció en silencio.
Morgan volvió a hablar.
—Se fue sola.
Con lágrimas.
Y nadie hizo nada.
Su pecho subía y bajaba rápidamente.
Su lobo estaba completamente fuera de control.
Richard tomó una decisión.
—Vamos a la manada Black.
Morgan levantó la cabeza.
—Ahora.
La enorme camioneta atravesó el bosque.
Pocos minutos después llegó a la mansión Black.
Leonard salió a recibirlos.
Al ver el rostro de Morgan comprendió que algo grave ocurría.
—¿Qué sucede?
Morgan no saludó.
Fue directamente hacia él.
—¿Por qué la dejaron ir?
Leonard bajó la mirada.
—Morgan...
—¡Respóndeme!
Richard intervino.
—Escúchalo.
Morgan respiró profundamente.
Pero seguía temblando.
Finalmente habló.
Con la voz quebrada.
—Ariana es mi Luna.
El silencio fue absoluto.
Leonard abrió lentamente los ojos.
Carmen, que acababa de bajar las escaleras, quedó completamente inmóvil.
María dejó caer el vaso que llevaba en la mano.
Peter dio un paso atrás.
Nadie esperaba escuchar aquellas palabras.
Morgan continuó.
—Es mi verdadera Luna.
Miró directamente a Leonard.
—¿Y ustedes la dejaron marcharse?
Leonard cerró los ojos.
La culpa volvió a caer sobre sus hombros.
—No pudimos detenerla.
Morgan apretó los puños.
—Debieron hacerlo.
—Ella estaba sufriendo.
—¡Y ahora sufre sola!
El silencio volvió a llenar el salón.
María comenzó a llorar.
Peter permanecía inmóvil.
David entró lentamente en la mansión.
Y, apenas cruzó la puerta...
Un delicado aroma llegó hasta él.
Se detuvo de golpe.
Miró lentamente hacia un lado.
Allí estaba María.
Sus ojos se encontraron por un instante.
David sintió cómo su corazón daba un fuerte latido.
María también percibió aquel dulce aroma.
Los dos permanecieron mirándose en silencio.
Ninguno dijo una palabra.
Pero ambos comprendieron lo que estaba ocurriendo.
Peter observó la escena.
Y sonrió apenas.
Aunque aquel no era el momento para hablar de eso.
Mientras tanto...
Carmen seguía completamente inmóvil.
Las palabras de Morgan resonaban una y otra vez en su cabeza.
"Ariana es mi Luna."
Entonces comprendió algo.
Su hija no se había marchado únicamente por la discusión.
También había huido porque creyó que nunca podría pertenecer a ese mundo.
Creyó que era diferente.
Que no tenía una loba.
Y que jamás sería aceptada.
Carmen dejó caer una lágrima.
—Mi hija...
Respiró profundamente.
—Se fue porque tuvo miedo.
Leonard la observó.
Ella continuó hablando.
—Pensó que nunca podría ser feliz aquí.
Morgan la miró.
Su rabia comenzó a disminuir.
Porque entendió el verdadero motivo de Ariana.
No huyó por odio.
Huyó porque quería proteger a todos.
Incluso a él.
Carmen cerró los ojos.
Por primera vez desde que Ariana se marchó...
Sintió una pequeña tranquilidad.
Porque si Morgan realmente era la Luna destinada de su hija...
Entonces Ariana nunca estaría completamente sola.
El destino terminaría reuniéndolos.
Morgan respiró profundamente.
Miró a Richard.
Y luego a Leonard.
—La encontraré.
Su voz volvió a sonar firme.
—Aunque tenga que recorrer cada ciudad del país.
Aunque pasen meses.
O años.
Jamás dejaré de buscarla.
Porque un Alfa nunca abandona a su Luna.
Y mucho menos...
Cuando su corazón ya la eligió para siempre.
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Gracias por acompañarme en un nuevo capítulo de El regreso de la Luna.
Las decisiones tomadas con dolor pueden cambiar el destino de muchas personas. Ariana se marchó creyendo que era lo mejor para todos, mientras Morgan acaba de descubrir que ella es su verdadera Luna y está dispuesto a encontrarla, sin importar el tiempo ni la distancia.
¿Logrará Morgan encontrar a Ariana antes de que sea demasiado tarde? ¿Podrá el amor vencer al miedo, los secretos y el orgullo de las manadas?
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Con cariño,
Luna Auol 🌸