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HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 16. EL QUIEBRE DE LAS APARIENCIAS

Parte 1: La perspectiva de José

El crujido de los neumáticos sobre la grava del aparcamiento del club financiero me pareció el sonido más solitario de la tierra. Acababa de dejar a una abogada de prestigio en su portal tras una cena en la que me pasé tres horas interpretando, al milímetro, el papel de empresario frívolo e inalcanzable. Mi nombre seguía saliendo en las revistas de negocios y las habladurías en el pueblo me pintaban como un soltero de oro incorregible que cambiaba de acompañante con la misma facilidad con la que cambiaba de coche. Una farsa perfecta. Una coraza impecable que me había construido para salvar el orgullo, pero que por las noches se transformaba en una celda fría de la que no sabía cómo escapar.

Me aflojé el cuello de la camisa con brusquedad, apoyando la frente contra el volante en mitad de la oscuridad del habitáculo. Estaba exhausto de fingir que la vida me sonreía.

Hacía dos días que Laura se había pasado por mi oficina en la capital de la provincia para traerme unos balances y la encontré con una madurez que me dejó descolocado. Mi hermana ya no era la pasante que cometía errores; llevaba años fajándose como encargada general de aquel enorme supermercado de la capital, lidiando con proveedores, cuadrando cajas imposibles y asumiendo responsabilidades que le correspondían a un director regional. Me enorgullecía verla liderar con esa firmeza, pero cuando intenté preguntarle, de forma sutil, cómo le iban las cosas a Estela en su prestigioso bufete, Laura se limitó a mirarme con una seriedad que me caló los huesos.

—Estela está sacando adelante su vida sola, José —me había dicho con un hilo de voz tajante—. Deja de buscar información a través de mí. Si tanto te interesa saber si sigue con Sergio, ten el valor de llamarla tú mismo.

Arranqué el motor con rabia, sintiendo una punzada de frustración que me arañó el pecho. No tenía ese valor. Mi orgullo me mantenía atado a este rincón oscuro, convencido de que si daba el brazo a torcer, terminaría por descubrir que Estela era plenamente feliz en los brazos de otro hombre. Prefería seguir alimentando la mentira de mi vida de mujeriego picaflor antes que enfrentarme a la dolorosa realidad de que la única mujer que llevaba grabada a fuego en el corazón me había olvidado por completo en mitad de las luces de la gran ciudad.

Parte 2: La perspectiva de Estela

El pomo de la puerta del restaurante del centro de la ciudad se sintió helado bajo mis dedos de asesora junior, pero el frío real se me instaló en el estómago en cuanto crucé el umbral de la zona de reservados. Sergio me había dicho que tenía una cena de negocios inaplazable con unos inversores internacionales y que no podía acompañarme a cenar. Sin embargo, un presentimiento sordo, una de esas corazonadas que aprendes a respetar cuando estudias derecho penal, me había empujado a tomar un taxi y presentarme en el local que él solía frecuentar.

No me equivoqué. La verdad me dio una bofetada tan seca que sentí que el suelo se desvanecía bajo mis tacones.

Sergio estaba sentado en la mesa del fondo, pero no había rastro de inversores ni de carpetas de contratos. A su lado, una mujer rubia y sofisticada se reía a carcajadas mientras él le acariciaba la espalda baja con la misma familiaridad y el mismo descaro con el que solía hacerlo conmigo. La complicidad en sus miradas era tan evidente que no hicieron falta discursos, ni explicaciones, ni juicios de valor. Sergio me estaba engañando de la peor manera posible. Me quedé quieta en mitad del pasillo, sintiendo cómo las lágrimas de la humillación y el dolor me nublaban la vista, antes de dar media vuelta y salir corriendo hacia la calle, buscando desesperadamente el aire de la noche para no asfixiarme.

Llegué al piso compartido completamente rota, con el rímel corrido por las mejillas y temblando de arriba abajo. Laura me recibió en la cocina de inmediato. Mi amiga acababa de llegar de su jornada como encargada general del supermercado, un puesto que ocupaba desde hacía años y que la tenía al límite de sus fuerzas debido a la presión constante de la gerencia, pero en cuanto me vio en ese estado, dejó las carpetas sobre la mesa y me rodeó con los brazos en un abrazo protector.

—Se acabó, Lau... Sergio tiene a otra —sollozé contra su hombro, quebrando por fin la maldita fachada de mujer perfecta que tanto me había costado mantener en la capital.

—Ese maldito imbécil no te merece, Estela —me consoló Laura con una furia contenida, acariciándome el cabello con ternura—. Escúchame bien: no vas a derramar ni una sola lágrima más por él.

Nos quedamos en la cocina hasta la madrugada, compartiendo un té caliente mientras la realidad de nuestras vidas se asentaba sobre la mesa. Laura estaba agotada de las exigencias del supermercado donde era encargada, harta de deslomarse por un negocio ajeno que no valoraba su experiencia de años, y yo me sentía completamente vacía tras el fracaso doloroso de mi relación y las jornadas abusivas del bufete. Estábamos en un callejón sin salida, solas, sin parejas que nos sostuvieran y quemando nuestra juventud en la gran ciudad por un sueldo que no pagaba nuestra paz mental.

Miré a Laura a los ojos, limpiándome las últimas lágrimas con el dorso de la mano, y por primera vez en muchos años, sentí que una chispa de rebeldía compartida empezaba a encenderse entre las dos en mitad de la tormenta. El año iba a ser duro, el desierto emocional tras la ruptura con Sergio era inmenso, pero ya no estábamos dispuestas a seguir siendo los peones en el tablero de nadie.

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alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
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