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La Hija Del Rey Del Inframundo

La Hija Del Rey Del Inframundo

Status: En proceso
Genre:Romance / Demonios / Escuela
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Hikari Hifumi

se trata sobre una joven que es aceptada en una prestigiosa academia Pero lo que le parece extraño es que ella no envío ninguna solicitud y el nombre de la academia era muy raro y lo que era más extraño todavía era la reacción de su madre al escuchar el nombre de aquella academia si quieres saber de qué se trataba esa solicitud te invito a leer esta nueva y hermosa historia

NovelToon tiene autorización de Hikari Hifumi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 21

Los cuatro herederos se tensaron al unísono. La idea de abandonar el Inframundo para ir al frágil y caótico mundo de los mortales no estaba en sus planes, pero el orgullo de sus respectivas casas y, sobre todo, la intensa rivalidad entre ellos, no les permitía dar un paso atrás. Ninguno iba a dejar que otro tomara la delantera en el terreno de la princesa.

Jax fue el primero en reaccionar. Soltó una risa ronca, se acomodó la chaqueta y dio un paso al frente con esa mirada pícara que lo caracterizaba.

—¿Quedarme aquí mientras estos tres intentan protegerte? Ni loco —declaró Jax con una sonrisa de suficiencia—. Mi casa gobierna las cenizas y el combate; un par de mortales no son nada. Por supuesto que voy, princesa. Prepárate para ver cómo domino tu mundo.

Elías soltó un suspiro elegante y se ajustó los puños de la camisa, manteniendo su postura impecable y analítica, aunque sus ojos brillaban con una fría determinación.

—Un verdadero Vance no le teme a lo desconocido, y mucho menos voy a dejar a mi prima a merced de los impulsos de Jax —dijo Elías, mirando a Beatrix con respeto—. Si el Rey ha dictado que esta es la prueba, la cumpliré con creces. Yo también voy. Considera tu seguridad garantizada.

Dorian dio una elaborada vuelta a la rosa de fuego fatuo que aún flotaba en su mano y la hizo desaparecer con un chasquido de sus dedos, dedicándole a Beatrix una mirada cargada de magnetismo y arrogancia.

—¿Un viaje al mundo del hedonismo, la moda y los placeres humanos? Cariño, ese lugar está hecho para mí —afirmó Dorian con una sonrisa seductora—. Mis ilusiones se adaptarán perfectamente a la superficie.

Cuenta conmigo, no dejaré que te aburras con estos soldados sin gracia.

Por último, Alistair dio un paso adelante, haciendo que el aire alrededor del patio se volviera notablemente más frío. Su rostro permanecía serio, imperturbable e implacable, reflejando el orgullo de los carceleros del norte.

—La debilidad de los mortales no es un obstáculo para la Casa del Invierno —sentenció Alistair con voz de trueno—. Mi deber es asegurar el orden legítimo, y no voy a permitir que nadie más reclame lo que por derecho me propongo ganar. Voy, y más te vale estar lista, porque ninguna regla humana detendrá mi paso.

Beatrix los observó a los cuatro, complacida al ver que su orgullo había mordido el anzuelo a la perfección. Mañana, los cuatro demonios más poderosos de la academia tendrían que aprender a cruzar una calle, pedir un café y, sobre todo, obedecer sus órdenes bajo el sol de la superficie. El juego acababa de mudarse de casa.

Al amanecer de la mañana siguiente, el grupo se reunió en la gran sala del portal de la academia. El Director Valerius activó el antiguo mecanismo de obsidiana y una intensa luz dorada y azul comenzó a girar en el centro, abriendo la brecha hacia la superficie. Con maletas ligeras y vestidos con ropas que simulaban el estilo humano aunque los cuatro pretendientes aún lucían demasiado aristocráticos y llamativos, cruzaron el umbral uno a uno, dejando atrás la oscuridad del Inframundo.

El viaje a través del portal fue un parpadeo. Al abrir los ojos, el aire denso y el olor a azufre fueron reemplazados por la brisa fresca de la mañana y el aroma a tierra mojada. Estaban en un callejón apartado de la ciudad costera donde Beatrix había crecido. El sol apenas empezaba a salir, tiñendo el cielo de tonos rosados y dorados. Lyra ahogó un grito de asombro al ver la inmensidad del cielo despejado, y Vespera miró a su alrededor con una sonrisa salvaje, ansiosa por explorar. Los cuatro chicos mantuvieron la guardia alta, extrañados por la ligereza del ambiente y la falta de magia flotando en el aire.

Beatrix, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, guió al grupo a través de las calles conocidas. Caminaron un par de cuadras hasta llegar a una hermosa casa de fachada blanca, con flores en el jardín y un pequeño porche de madera. Era el hogar de su infancia, el lugar del que había sido arrancada.

Pidió a los seis demonios que se mantuvieran un poco rezagados entre los árboles para no asustar a su madre, caminó por el sendero del jardín y subió los escalones del porche. Sus manos temblaban levemente. Inspiró hondo y toque la puerta.

Pasaron unos segundos que parecieron eternos. Desde el interior se escucharon unos pasos apresurados, el pestillo giró y la madera cedió. La madre de Beatrix abrió la puerta. Su rostro reflejaba el cansancio de noches enteras sin dormir y la angustia de una madre que creía haber perdido a su hija para siempre. Su mirada, opaca por la tristeza, tardó un segundo en enfocarse.

Beatrix sintió que un nudo se le formaba en la garganta, pero mantuvo una sonrisa llena de alivio.

—Hola, mamá. He vuelto —le dijo con la voz entrecortada.

Al escuchar su voz, los ojos de su madre se abrieron de par en par, asimilando la realidad de tenerla enfrente. Soltó un sollozo ahogado, dio un paso al frente y la abrazó con lágrimas en los ojos, rodeándola con una fuerza desesperada, como si temiera que su hija se fuera a desvanecer entre sus brazos si la soltaba.

—¡Beatrix! ¡Mi niña, mi pequeña! Estás aquí... estás a salvo —sollozaba su madre, hundiendo el rostro en el hombro de Beatrix, dejando que sus lágrimas empaparan la tela de su chaqueta.

Desde los árboles, el grupo observaba la escena en absoluto silencio. Lyra se conmovió notablemente y Vespera suavizó su mirada felina. Detrás de ellas, Elías, Dorian y Alistair contemplaban con seriedad la intensidad de ese amor mortal que tanto desconocían. Jax, por su parte, miraba fijamente el abrazo; ver a una madre recibir a su hija con tanta devoción y lágrimas verdaderas removió algo muy profundo e incómodo en su interior, recordándole la traición de su propio pasado, pero confirmando que el mundo de Beatrix estaba lleno de una calidez que el Inframundo jamás conocería.

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Angélica Hernandez
que bien escritora, felicidades
Angélica Hernandez
de verdad, ella no se lo imaginó ?
Angélica Hernandez
bueno
Landi isabel torres flores
hola está muy bonita la novela cuando actualizas capitulos
Micaela Toscano
wow me encanta 👏 como reaccionara cuando sepa que no es una escuela normal
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