Valeria, una exitosa empresaria, se aleja de todo para descansar y encuentra a un hombre herido sin memoria. Al cuidarlo, surge un amor profundo entre ellos. Pero cuando él recupera su identidad, regresa con su esposa e hijo y descubre una traición peligrosa: su esposa solo lo quiere por dinero y planeó matarlo. Ahora debe elegir entre su pasado o el amor verdadero.
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La trampa
La lluvia comenzó cerca de la medianoche.
Golpeaba el techo de la cabaña con fuerza, llenando el ambiente de una tensión todavía más pesada. Valeria permanecía junto a la ventana observando la oscuridad del bosque, mientras Daniel revisaba una vez más los archivos guardados en el dispositivo.
No podían cometer errores.
No ahora.
Mateo dormía profundamente en el sofá, abrazado a una manta. Su respiración tranquila contrastaba con el caos que los rodeaba.
Daniel lo miró unos segundos.
—No debería estar pasando por esto —murmuró.
Valeria se acercó lentamente.
—Y no pasará… si terminamos esto rápido.
Daniel suspiró.
—Laura jamás imaginó que recordaría tanto.
—La gente como ella siempre cree tener el control.
Daniel levantó la mirada.
—Tú también eras así.
La frase tomó a Valeria por sorpresa.
Pero no se molestó.
Porque sabía que era verdad.
—Hasta que apareciste tú —admitió.
El silencio entre ellos fue breve, pero intenso.
De pronto, el teléfono de Daniel vibró.
Número desconocido.
Valeria frunció el ceño.
—No contestes.
Pero Daniel ya sabía quién era.
Aceptó la llamada.
—Qué romántico todo esto —dijo la voz de Andrés al otro lado—. La cabaña, la lluvia… casi me conmueve.
Daniel se puso de pie de inmediato.
—¿Qué quieres?
—Lo mismo de siempre.
—No voy a firmar nada.
Andrés soltó una pequeña risa.
—Sigues creyendo que esto es por dinero.
El ambiente cambió.
Daniel apretó el teléfono.
—¿Entonces qué quieres?
Silencio.
Y luego:
—Quiero asegurarme de que nunca hables.
Valeria sintió un escalofrío.
—Si te acercas a Mateo… —advirtió Daniel.
—¿Mateo? —repitió Andrés—. Tranquilo. El niño no me interesa.
Pero Daniel ya no confiaba en una sola palabra.
—Mañana a las diez —continuó Andrés—. Viejo almacén del puerto.
—¿Y si no voy?
—Entonces empezaré a buscar personalmente.
La llamada terminó.
El silencio fue inmediato.
Pesado.
—Es una trampa —dijo Valeria.
—Lo sé.
—Entonces no puedes ir.
Daniel negó.
—Tengo que hacerlo.
—Daniel—
—Si seguimos escondiéndonos, nunca terminará.
Valeria caminó nerviosa por la sala.
—Puede matarte.
—Ya intentó hacerlo antes.
—Y casi lo logra.
Daniel se acercó lentamente.
—Esta vez será diferente.
—¿Por qué?
Él sostuvo su mirada.
—Porque ahora sé quiénes son.
Valeria respiró profundo.
Intentando controlar el miedo.
Pero no era miedo por ella.
Era por él.
—No voy a perderte —susurró.
Daniel levantó una mano y acarició suavemente su rostro.
—No lo harás.
Por un momento, todo desapareció.
La lluvia.
El peligro.
La tensión.
Solo existían ellos.
Pero el sonido de una rama quebrándose afuera rompió el instante.
Ambos se tensaron.
Daniel apagó rápidamente las luces.
Silencio absoluto.
Otro ruido.
Más cerca.
Valeria hacia la ventana.
Daniel y Valeria enfrentan nuevas amenazas mientras intentan proteger a Mateo y detener a Andrés. La tensión entre ellos crece junto con sus sentimientos. Aunque saben que el peligro está cerca, deciden permanecer unidos. Pero alguien descubre la ubicación de la cabaña y todo vuelve a complicarse.
Y entonces lo vio.
Una sombra moviéndose entre los árboles.
No estaban solos.
Y alguien…
Ya había encontrado la cabaña.
El amor creció en medio del peligro constante