Laura descubre que su prometido Javier la engaña, tiene otra pareja. No es la primera vez que pasa, ella le habia dado otra oportunidad y creyo que cambio, pero tan solo se habia vuelto mas experto en sus mentiras. El tio de Javier, Ricardo, ofrece su ayuda a Laura, no solo para que salga de ese amor posesivo que tenia su sobrino, sino que a la vez él mismo como su pareja predestinada, al confesar sus sentimientos prohibidos que arrastraba por ella al ser la pareja de su sobrino. ¿Laura podra vengarse de Javier? ¿Laura y Ricardo, Tendrán su final feliz?
NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
10- Rapidito con Linda
🔵JAVIER
Mi madre acababa de despedazar a Linda, sin saberlo, y Laura, la muy... ¡Laura! Había echado más leña al fuego con esa estúpida frase de "niñero". Pero entonces, la aparición de Linda, entrando como si fuera su propio escenario, con ese embarazo ridículo y sus amigas ruidosas. Mi madre la fulmino con la mirada. Mi sangre se heló. Tenía que salir de allí. Ya.
— Permiso. Voy al... Al baño.
Digo, levantándome de golpe, casi tumbando la silla.
Corro, sí, corro. Lo más digno que puedo, pero corro. Necesito perderme, desaparecer. El pasillo a los baños es mi santuario. Me encierro en un cubículo, jadeando. El corazón me late a mil por hora.
¿Cómo pudo ser tan estúpida?
¿Venir aquí?
¡A este restaurante!
¿No sabe que estoy en una cena importante?
Mi vida se va al traste. Mi ascenso. Mis padres. Todo.
Pero entonces, la puerta del baño de hombres se abre. Siento un escalofrío.
¡No! ¡No puede ser! Es Linda.
Caminando con esa arrogancia barata que tanto me irrita y tanto me... ¡No! ¡Concéntrate, Javier!
— ¡Javier! Sé que estás aquí. ¿Qué haces escondiéndote?
Su voz, demasiado alta, demasiado descarada, golpea la puerta de mi cubículo.
— ¡Linda! ¡Sal de aquí! ¡Estás en el baño de hombres!
Intentando modular mi voz, que no suene a pánico.
Linda, se ríe.
Esa risa. Dios, cómo la odio. Y cómo la... ¡Céntrate!
— ¡Uy, qué dramático! Como si nunca hubiéramos hecho esto antes. Vamos, papi. No te hagas el difícil. Necesito un rapidito para relajarme. ¡Estoy estresada!
Abro la puerta. Tengo que detenerla. Tengo que hacerla entender. Ella no entiende nada de mi mundo, de mis responsabilidades. Sus ojos. Esos ojos. Me miran con un deseo crudo. Me agobio.
— ¡Linda, por favor! ¡Compórtate! ¡Estoy en una cena de negocios! ¡Muy importante! ¡Con mis jefes y sus familias! ¡No puedo arriesgarme!
Le miento, casi suplicando, aunque mi orgullo se retuerce.
Linda, se pone las manos en las caderas, su panza abultada es un recordatorio constante de mi error.
—¿Jefes? ¿Familiares? ¡Bah! Más excusas. Vamos, sé que me deseas. Y yo te deseo a ti. Y este bebé... (Se acaricia el vientre. ¡El bebé! ¡Dios, el bebé!) ...Necesita su dosis de adrenalina.
Mi mente corre a mil por hora. La cena de negocios.
"¡La frase! La usé para que NO viniera a la mesa. NO al baño".
"¡Ella es tan básica que ni siquiera lo entiende!"
"Y ahora está aquí, en el baño de hombres".
"¿Y si alguien entra? ¿Y si...?"
Pero me mira. Me mira con ese deseo, esa necesidad. Y yo... Yo estoy tan jodidamente estresado. Y ella es... Y es tan fácil. Un minuto. Solo un minuto para desconectar de este infierno. Un minuto de placer, un minuto de olvido.
Ella no espera. Sus manos ya están en mí. La beso. La empujo contra la pared. El sonido de nuestras bocas, de nuestra ropa, se mezcla con el débil murmullo del extractor. Es sucio, rápido, desesperado. Es asqueroso. Y al mismo tiempo... Es una liberación fugaz de toda esta presión. Soy débil. Lo sé. Pero soy un hombre. Tengo necesidades. Y ella me las da. De la forma más vulgar y rápida posible.
Unos minutos después, me recompongo lo más rápido que puedo. Mi ropa está algo revuelta, pero no lo suficiente para que se note. No debería notarse. Salgo del baño, intentando parecer lo más normal posible. Detrás de mí, ella emerge, riéndose. La escucho. Su risa me taladra. Es tan... Ella.
Linda, con su sonrisa de gata satisfecha.
—¡Así me gusta! ¡Siempre eficiente! Nos vemos luego, papi.
Me guiña un ojo, como si fuera una broma interna y se dirige de nuevo al comedor.
"¡Va a volver a su mesa! ¡Dios!"
Me miro en el espejo del pasillo, intentando arreglarme el pelo, el nudo de la corbata. Mi reflejo es el de un perdedor. Pálido, ojos inyectados. Tengo que inventar algo. Rápido. Algo que Laura se crea. Ella es inteligente, pero también quiere creer lo mejor de mí. Necesito que se lo crea.
Salgo al pasillo. Y ahí está Laura. Esperándome. Su cara. Esa expresión de preocupación.
"¿De verdad está preocupada? O está... No, no puede ser. Siempre es tan transparente, tan fácil de leer".
— ¿Estás bien, mi amor? Tardaste.
Su voz es suave. ¡Demasiado suave!
Activó el modo "actor". Tengo que sonar convincente.
—¡Oh, Laura! Menos mal que te veo. Fue... Fue horrible. La hija de mi jefe... Linda. Se descompensó. Mareos, ya sabes, el embarazo. Tuve que ayudarla. Por un momento pensé que iba a... ¡No sé!
Laura, asiente, sus ojos me evalúan, pero su expresión es de pura comprensión.
"¡Lo sabía! ¡Ella me cree!"
—¡Ay, pobrecita! Qué susto. Pero hiciste bien en ayudarla.
— ¡Claro! ¡No podía dejarla así! Además, ¿qué diría el jefe si su hija tiene un problema y yo no hago nada? Me regañaría, o peor... Mi posición, ya sabes.
Me aferro a la excusa, la hago más grande, más heroica.
Laura, asiente con la cabeza, una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios.
"No, no es una sonrisa. Es... ¿satisfacción? No, no. Es la alivio de ver que estoy bien, que soy un hombre responsable".
—Entiendo perfectamente, mi amor. Siempre pensando en el trabajo y en tu futuro. Eres tan... Diligente. Me alegra que no haya sido nada grave.
"¡Joder! ¡Soy un genio! Ella se lo tragó. Completito. Laura es la mujer perfecta. Entiende mis prioridades. Me cubre. Me justifica. Ella es el futuro que necesito. Ella no es como Linda, vulgar y descontrolada. No. Laura es... La solución a todos mis problemas".
En ese momento, aparece el tío Ricardo. ¡Perfecto! Él siempre aparece cuando menos lo espero, pero siempre es útil.
— Laura, mi querida. Acabo de hablar con tu tío Toto por teléfono. Está por aquí cerca. Dijo que le encantaría verte. Me ofreció llevarte, ya que voy de camino. Así no tienes que volver sola.
Ricardo, le dice a Laura, su voz tranquila, demasiado tranquila.
"¡Sí! ¡Sí! ¡MIL VECES SÍ! Esto es lo que necesito. Un respiro. Que se vaya Laura. Que se vaya lejos de este caos. Que no vea a Linda haciendo el show en la mesa".
— ¡Claro, mi amor! ¡Ve con el tío! Así no te cansas. Yo me quedo aquí con mis padres un rato más.
Le digo a Laura, con una sonrisa de alivio genuino.
— ¡Gracias, tío Ricardo!
Se acerca a mí, me da un beso en la mejilla. Siento su aliento. Está cerca. ¡Demasiado cerca! El olor a Linda. ¿Lo notará? No. Ella no es así. Ella es pura.
—Gracias, mi amor. Eres tan considerado.
Se vuelve hacia Ricardo. Esa mirada que se cruzan. ¿Qué es eso? No. No es nada. Él es mi tío. Un pariente politico, nada más para ella. Siempre se han llevado bien. No hay nada que temer. Él es un hombre mayor, inofensivo.
—Vamos, tío Ricardo. Tengo ganas de ver a mi tío Toto.
Los veo alejarse. Laura, mi salvación. Ricardo, mi coartada. Respiro hondo. Todo está bajo control. Laura se fue, lejos de la tiktoker. Mis padres están en el comedor, ocupados con su cena. Ahora, solo tengo que volver y controlar a Linda. Soy Javier. Yo siempre tengo el control. Aunque por un segundo, juro que sentí... No, no. No fue nada.
En el comedor, la risa estridente de Linda rompe el silencio.
Mi madre mira con desaprobación. Mi padre, con esa mirada que lo dice todo. Maldita sea. Todavía no está todo bajo control.
Laura no es la del problema eres tu queridito mira que quedó embarazada de tu tío , tu debes ser estéril