accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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Caída
No podía esperar más.
Si quería que cayeran…
Tenían que actuar.
Y para eso…
Tenía que provocar.
—Si creen que soy débil…
Que lo demuestren.
La idea era simple.
Pero arriesgada.
Un ataque.
Un “intento de asesinato”.
Uno que ellas mismas ordenarían.
Y esta vez…
No habría duda.
Había limpiado la casa.
Sirvientes leales.
Sin espías visibles.
Solo quedaban ellas.
Nyra.
Y Varelya.
—Muévanse…
murmuré.
Días pasaron.
Silencio.
Tensión.
Hasta que finalmente…
Salí del marquesado.
Excusa perfecta.
Una visita.
A Marian.
La prometida del príncipe.
Hija del ministro de guerra.
Una casa poderosa.
Una alianza importante.
—No pueden ignorar esto…
El carruaje avanzaba.
Solo cuatro guardias.
Un cochero.
Suficiente para parecer vulnerable.
Pero no indefensa.
El camino era silencioso.
Demasiado.
Y entonces…
El sonido.
Caballos.
Pasos.
Ramas quebrándose.
—Llegaron.
Más de veinte.
Bandidos.
O al menos…
Eso querían parecer.
Mis ojos se entrecerraron.
—Demasiados para ser casualidad…
Los guardias dudaron.
El cochero se tensó.
Yo…
Sonreí apenas.
—Perfecto.
Bajé del carruaje.
Ellos rieron.
—Miren eso… la noble quiere pelear.
Error.
No sabían.
No entendían.
El agua a mi alrededor…
Respondió.
Un movimiento.
Sutil.
Y luego…
Violento.
Una esfera de agua comprimida.
Directa.
Impacto.
Uno cayó.
Sin aire.
Sin tiempo.
El caos comenzó.
Los demás avanzaron.
Espadas.
Gritos.
Yo no dudé.
Mi cuerpo ya no era el de antes.
Mi mente…
Tampoco.
Me moví.
Rápida.
Precisa.
La espada en mi espalda…
Salió.
Un corte.
Otro.
No dejé espacios.
No dejé errores.
No era elegante.
Era efectivo.
El agua y el acero…
Se combinaron.
Golpes dirigidos.
Puntos vitales.
Desarme.
Control.
En minutos…
Todo terminó.
Silencio.
Los cuerpos en el suelo.
Los guardias…
Inmóviles.
No por miedo.
Por sorpresa.
—Señorita…
No respondí.
Mi respiración era estable.
—Esto era necesario…
Me acerqué al líder.
Revisé.
Y ahí estaba.
La prueba.
Una marca.
Un objeto.
Un vínculo.
—Las encontré…
Me giré lentamente.
—Ahora sí…
Ya no había duda.
No era sospecha.
Era intento de asesinato.
Directo.
Respiré hondo.
—Esto termina hoy.
Porque esta vez…
No solo sobreviví.
Conseguí lo que necesitaba.
Pruebas.
Y con ellas…
Su caída.
El palacio…
Ya no era un lugar seguro.
Era un nido de rumores.
La reina no dormía.
Caminaba de un lado a otro.
Inquieta.
Irritada.
—¿Otra vez…?
Los susurros no paraban.
El nombre…
Volvía una y otra vez.
Marcos charo.
Un escándalo que no moría.
Un pasado que debía estar enterrado.
Pero ahora…
Había empeorado.
—La princesa no es legítima…
Las palabras se repetían.
Más fuertes.
Más peligrosas.
Selena…
La princesa heredera…
Comenzaba a tambalearse.
Su posición…
Ya no era intocable.
Porque algo estaba cambiando.
Maximilian.
Su nombre…
Pesaba.
—Regresará con honor…
Y eso…
Era un problema.
Un gran problema.
Un héroe de guerra.
Con aliados.
Con poder.
—No puedo permitirlo…
La reina apretó los puños.
Pero ese no era su único problema.
—¿Y mis hombres…?
Silencio.
Cuatro años.
Cuatro años infiltrados.
Y ahora…
Nada.
Ni informes.
Ni señales.
Ni control.
—Algo salió mal…
Su mirada se endureció.
—Me están fallando.
Uno por uno…
Sus hilos se estaban rompiendo.
Aliados caídos.
Rumores creciendo.
Control debilitándose.
Y entonces…
Un nombre.
Dylan Killgard.
Uno de los más confiables.
Uno de los más útiles.
—Desaparecido.
O peor.
—Eliminado.
La reina cerró los ojos.
—Estoy perdiendo el tablero…
Pero no lo aceptaría.
Nunca.
Se giró lentamente.
—Si no puedo controlar…
Destruiré.
Porque si Maximilian regresaba…
Y la corte dudaba…
Todo…
Se acabaría.
Y ella…
No lo permitiría.
Una sonrisa fría apareció en sus labios.
—Entonces…
Que comience la cacería.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️