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El Honor De La Villana

El Honor De La Villana

Status: En proceso
Genre:Villana / Poli amor / Brujas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Callenta001

En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.

Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.

Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.

Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.

Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.

Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.

Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.

Esta vez no cometerá los mismos errores.

NovelToon tiene autorización de Callenta001 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 | La Gran Academia Real de Valdoria

Dos años podían parecer poco para cualquier otra persona. Sin embargo, para mí, habían sido suficientes.

No hubo un momento exacto en el que todo cambiara. No una decisión clara ni un punto de quiebre visible. Fue algo más lento, más constante. Días que se acumulaban unos sobre otros hasta que, sin darme cuenta, la rutina dejó de ser lo que era antes.

Las mañanas en el jardín dejaron de ser un refugio y se convirtieron en disciplina.

El frío ya no importaba, tampoco el cansancio. Repetía cada movimiento hasta que dejaba de ser un esfuerzo consciente. Hasta que la energía respondía sin retraso, sin resistencia, como si siempre hubiera estado ahí, esperando.

Había aprendido a escucharla.

No como un sonido, no como algo tangible, sino como una presencia constante. Una tensión sutil bajo la piel, lista para reaccionar incluso antes de que yo lo hiciera.

Eso era nuevo. No en esencia, pero sí en claridad.

Antes necesitaba enfocarme para usar magia. Ahora… era más inmediato, más natural. Como respirar, solo que más peligroso.

No aumenté la cantidad. Aumenté el control.

Las tardes en la biblioteca también cambiaron.

Ya no recorría estantes al azar, ni me detenía en libros por curiosidad. Sabía exactamente qué buscaba, incluso cuando no tenía un título concreto.

Fragmentos, referencias cruzadas, notas descartadas. Magia residual, objetos vinculados, registros incompletos de anomalías que nadie había terminado de estudiar.

Había patrones. Siempre los había habido, pero en mi primera vida no supe verlos a tiempo. Ahora sí.

Y aun así… no era suficiente.

Había algo más. Algo que no estaba escrito de forma directa en ningún lugar, pero que se repetía lo suficiente como para no ser ignorado.

Una presencia.

No definida, no explicada, pero constante.

Cerré el libro con cuidado, recordando las veces en que había vuelto a esa misma página, leyendo las mismas líneas, esperando encontrar algo que no estaba ahí. No todavía al menos.

Exhalé lentamente.

El movimiento del carruaje era regular, casi hipnótico. Cinco horas de viaje daban tiempo de sobra para pensar demasiado.

Frente a mí, Kael mantenía la mirada fija en la ventana, como si el paisaje tuviera algo que valiera la pena observar.

No lo tenía.

Campos abiertos, caminos marcados, el mismo recorrido de siempre. Nada cambiaba ahí afuera.

—Estás más callada de lo normal —dijo.

No lo miré.

—No lo creo.

—Lo estás.

Su tono no era acusatorio. Tampoco curioso. Solo… seguro.

Desvié apenas la mirada, lo suficiente para verlo de reojo.

Había cambiado. No en algo fácil de señalar, no en un detalle aislado. Era el conjunto.

Más alto, más firme, más presente.

El cabello negro caía de forma descuidada, pero no por falta de cuidado, sino porque no le importaba corregirlo. Sus ojos, intensamente azules, no necesitaban moverse demasiado para notar lo que ocurría alrededor.

Siempre había sido así, pero ahora… se notaba más.

—Estás pensando demasiado —añadió.

Exhalé suavemente.

—No es nada nuevo —dije tranquila.

—No —respondió—. Pero hoy es distinto.

No contesté. No porque no tuviera respuesta, sino porque no quería dársela.

Hoy no era un día cualquiera.

La academia no era desconocida para mí. Ya había recorrido sus pasillos, ya había aprendido bajo sus reglas, ya había visto lo que ocurría dentro. Pero eso había sido en otra vida y aunque muchas cosas se mantenían, otras… no.

El carruaje se detuvo con una leve sacudida.

El silencio duró apenas un instante antes de que el exterior comenzara a filtrarse: voces, pasos, movimiento constante.

Abrí la puerta sin esperar.

El aire era diferente, no por la temperatura, ni por el clima. Era más… denso. Como si la magia no estuviera completamente contenida, como si existiera en el ambiente sin necesidad de ocultarse.

Bajé primero.

El suelo firme bajo mis pies, la estructura de la academia elevándose frente a mí, imponente, inalterable. Nada había cambiado y, aun así… no era igual.

No avancé de inmediato. Porque ya estaban ahí, no necesitaba buscarlos.

Maxime fue el primero en captar mi atención.

No se movía, no lo necesitaba. Su presencia era suficiente para marcar su lugar. El cabello castaño claro caía con cierta naturalidad, sin esfuerzo, mientras sus ojos grises se mantenían fijos, observando con una calma que no era pasiva.

Había algo más en él ahora, más definido, más preciso. Supongo que tener trece años lo hizo madurar un poco.

Como si cada decisión que tomara estuviera completamente calculada antes de ejecutarla.

Ian estaba a su lado, y en él el cambio era más evidente.

Más alto, más expresivo incluso cuando no hablaba. Su postura no era rígida, pero tampoco descuidada. Era… flexible, como si pudiera adaptarse con facilidad a cualquier situación.

Sus ojos, uno celeste claro y el otro negro oscuro como una noche sin estrellas, seguían siendo imposibles de ignorar.

Pero lo que había cambiado era la forma en que miraba, ahora su mirada era directa y consciente. Como si ya no se molestara en disimular lo que notaba.

Alexei, en cambio, era más difícil de leer.

El cabello castaño oscuro, la piel bronceada, la mirada en tonos miel… todo seguía siendo igual en apariencia.

Pero no en intención, se movía menos y observaba más.

Había una pausa en él que antes no estaba. Una forma distinta de procesar lo que veía antes de reaccionar, más controlada.

Me detuve frente a ellos, manteniendo la distancia justa. No era rechazo, pero tampoco cercanía.

El silencio no era incómodo, pero tampoco era neutral. No después de todo, no después de las cartas, no después de las visitas constantes. No después de estos dos años.

Ian fue el primero en romperlo.

—Así que sí existías.

Lo miré confundida.

—Nunca dije lo contrario.

Una leve curva apareció en su expresión, no exactamente una sonrisa, pero tampoco algo distante.

—No responder también cuenta como desaparecer.

No contesté de inmediato. No porque no tuviera qué decir, sino porque no era necesario apresurarse.

—Leía las cartas.

—Sí, eso lo asumí.

Maxime no intervino, pero no apartó la mirada.

—Y aun así no respondías —añadió Ian.

—No siempre era necesario —dije, buscando calma. Pensé que ya habían superado este asunto.

Esta vez fue Alexei quien habló.

—Para ti.

Su voz era tranquila, sin presión, pero directa. Lo miré apenas.

—Sí.

El silencio volvió, pero esta vez no fue igual, no era estático, era… evaluativo.

Como si todos estuvieran ajustando algo, recalculando lo que tenían frente a ellos.

Kael se acercó lo suficiente como para quedar a mi lado, no dijo nada, pero su presencia cambió el equilibrio.

Ian lo notó.

—Sigues siendo la única que llega acompañada.

—No es nuevo —respondió Kael.

—No —admitió Ian—. Pero ahora es más evidente.

Maxime desvió apenas la mirada hacia Kael, lo suficiente para reconocer su presencia sin centrarse en él.

—Van a asignar los grupos hoy.

Su voz fue la primera en cambiar el tema de forma directa.

—Sí —respondió Alexei—. Lo anunciaron esta mañana.

—Entonces no tenemos mucho tiempo.

Ian exhaló, como si la idea no le resultara especialmente atractiva.

—Perfecto. Más reglas.

—Siempre hay reglas —dijo Maxime.

—Sí, pero algunas son más molestas que otras.

No intervine, porque no era necesario. Observé la interacción sin intentar dirigirla, sin intentar encajar en ella.

El espacio entre nosotros no había desaparecido, pero tampoco era el mismo. Estaba tratando de cambiar eso, lo había decidido hace dos años y no pensaba cambiar de opinión.

Ian volvió a mirarme.

—¿Vas a desaparecer otra vez o piensas quedarte?

No hubo reproche en su voz, solo… curiosidad medida.

Sostuve su mirada un segundo más de lo necesario.

—Voy a quedarme —aseguré, observando sus ojos extraños, pero hermosos a la vez.

No añadí nada más, no hacía falta. Pero esta vez… tampoco me alejé.

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Quica Romero
Èso dicen todas y a la mera hora, ¡zaz! ahí van de nuevo.😒🫩🤷‍♀️🙎‍♀️
KATHERINE GUILARTE
ame
anais angie paola molina chacon
Me tienes intrigada con tus capítulos!
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?
anais angie paola molina chacon
Disculpa tenía que volver a repetirse el capítulo pero este es de forma distinta al anterior,tienen similitudes pero también cosas que cambiaron
Dannita
¿Quien es esa persona que la observa? y por que sabe tanto
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