En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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capitulo 11
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 11 — Mirá lo que soy
Elena no supo cuánto tiempo había pasado.
Días.
Semanas.
O solo… oscuridad.
Cuando la puerta se abrió, la luz le lastimó los ojos.
—Arriba —ordenó una voz.
No respondió.
No hizo falta.
Dos hombres entraron y la levantaron.
Su cuerpo no tenía fuerza para resistirse, pero tampoco para caer.
La sostuvieron.
La arrastraron.
El aire afuera era distinto.
Más limpio.
Más frío.
Más real.
Elena parpadeó varias veces, tratando de acostumbrarse a la luz.
—Mirá quién sigue viva… —murmuró uno.
—Por ahora.
No contestó.
No tenía energía para gastar en ellos.
La llevaron por pasillos que ya no recordaba.
O que nunca había conocido.
Hasta una puerta.
Grande.
Metálica.
Dante estaba ahí.
De pie.
Esperando.
La miró.
Y por un segundo… no dijo nada.
—Abrí —ordenó.
La puerta se abrió.
El olor fue lo primero.
Hierro.
Sangre.
Algo pesado en el aire.
Elena entró.
Y lo vio.
Un hombre atado a una silla.
Golpeado.
Desfigurado.
Respirando con dificultad.
Y frente a él…
Luca.
Impecable.
Como siempre.
Como si ese lugar no lo tocara.
Como si la violencia… fuera normal.
Se giró al escucharla.
Sus ojos se clavaron en ella.
La recorrieron.
Más delgada.
Más pálida.
Más débil.
Pero…
De pie.
Eso fue lo único que le importó.
—Llegaste —dijo.
Elena lo miró.
No respondió.
—Perfecto —continuó Luca—. Justo a tiempo.
El hombre atado levantó la cabeza apenas.
—Por favor… —murmuró— yo no…
Luca ni lo miró.
Se acercó un poco más a Elena.
—Quiero que veas algo.
Silencio.
—No.
Fue la respuesta de ella.
Débil.
Pero firme.
Luca inclinó la cabeza.
—No es una opción.
Elena lo sostuvo.
—Nada de esto lo es.
Silencio.
Luca sonrió.
Leve.
Peligroso.
—Entonces aprendé.
Se giró hacia el hombre.
—¿Sabés por qué estás acá?
El hombre negó con la cabeza, temblando.
—Yo no fui, lo juro—
Luca tomó algo de la mesa.
Un objeto frío.
Metálico.
No hacía falta describirlo.
—Robaste.
—No—
—Mentís.
Su voz no subió.
Pero el aire cambió.
—Era mi carga.
Silencio.
—Mi gente.
Pausa.
—Mi dinero.
El hombre empezó a llorar.
—Me obligaron… yo no quería—
Luca lo miró por primera vez.
—No me importa.
Silencio.
Pesado.
—Lo único que me importa…
Se acercó más.
—Es que entiendas qué pasa cuando alguien me toca.
Elena observaba.
Sin moverse.
Sin reaccionar.
Eso…
Luca lo notó.
Lo que pasó después…
No fue rápido.
No fue limpio.
Fue suficiente.
Más que suficiente para que cualquiera apartara la mirada.
Pero Elena no lo hizo.
No gritó.
No lloró.
No se movió.
Solo miró.
Fija.
Fría.
Como si se negara a darle lo que él quería.
Cuando terminó…
El silencio fue total.
El hombre ya no hablaba.
Ya no suplicaba.
Nada.
Luca se limpió las manos con calma.
Como si nada.
Se giró hacia ella.
—¿Y?
Silencio.
Elena lo miró.
—¿Eso era todo?
Eso…
No era la reacción esperada.
Luca la observó más tiempo.
—¿No tenés miedo?
Elena respiró lento.
—No.
Silencio.
—¿Por qué?
Ella sostuvo su mirada.
—Porque ya sé lo que sos.
Pausa.
—Y no me sorprende.
Eso…
Golpeó distinto.
No era desafío.
No era burla.
Era certeza.
Luca dio un paso hacia ella.
—Soy peor de lo que viste.
Elena no retrocedió.
—Seguro.
Silencio.
—Pero no soy yo la que está atada.
Eso lo tensó.
Apenas.
Pero se notó.
—Todavía.
Elena inclinó la cabeza.
—Entonces hacelo.
Silencio.
Fuerte.
Pesado.
Luca la observó.
Como si buscara algo.
Miedo.
Debilidad.
Algo.
Pero no estaba.
Dante habló desde atrás.
—Ya vio suficiente.
Luca no respondió enseguida.
—No.
Pausa.
—Esto recién empieza.
Volvió a mirarla.
—Quiero ver hasta dónde llegás.
Elena no apartó la mirada.
—Más que vos.
Eso…
Otra vez.
Siempre igual.
Siempre firme.
Luca se giró.
—Llévenla.
Los hombres la tomaron.
Pero esta vez…
Elena no miró atrás.
No lo miró a él.
Nada.
Cuando la puerta se cerró…
Dante habló.
—No tuvo miedo.
Silencio.
Luca dejó el objeto sobre la mesa.
—No.
—Eso no es normal.
Luca lo miró.
—Nada de esto lo es.
Silencio.
Pero en el fondo…
Había algo más.
Algo que no encajaba.