Maximilian es el Faraón del siglo XXI, un hombre que no perdona errores y que ha construido su mundo sobre el orden y el oro. Amara es la joya que él ha deseado en silencio, la mujer que rescató de un destino cruel para sentarla en un trono que ella nunca pidió.Pero en los pasillos dorados del palacio de cristal, los secretos pesan más que las joyas. Mientras las copas de cristal se alzan en honor a su unión, un beso robado en las sombras y un plan de huida están a punto de derribar el imperio de Maximilian.Él le dio el mundo. Ella solo quería un corazón. Cuando el hombre más poderoso del planeta descubra que su reina ama a un peón, la ciudad de oro conocerá la verdadera furia de un rey traicionado. Porque en la guerra por el amor, Maximilian no está dispuesto a perder... y Amara no está dispuesta a dejarse poseer."
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Capítulo 20: El Rostro de la Ausencia
El funeral de Omar fue un evento que Neo-Luxor recordaría por mucho tiempo, no por la calidez de los asistentes, sino por el lujo gélido que lo rodeaba. Maximilian había cumplido su palabra: el panteón de mármol blanco en el Distrito de la Paz era una obra maestra de la arquitectura, rodeado de miles de flores que exhalaban un perfume dulce y pesado, casi asfixiante. Sin embargo, en medio de tanta opulencia, había un vacío que los presentes no dejaban de comentar en susurros malintencionados. El lugar destinado al jefe de la familia Al-Mansur estaba desierto. Maximilian no asistió. Su ausencia fue una declaración pública de desprecio que golpeó a Amara con más fuerza que el propio duelo.
Amara lucía una belleza trágica y devastadora. Vestía un vestido de seda negra que se ceñía a su figura con una elegancia que parecía sacada de una pesadilla real. El velo oscuro apenas lograba ocultar la palidez de su piel canela y los ojos profundos que, tras días de llanto, se mantenían fijos en el féretro de su padre. Cada paso que daba por el sendero de mármol era seguido por los murmullos de la alta sociedad y los curiosos: "¿Dónde está el Faraón?", "¿Es verdad que ella lo traicionó?", "¿El niño que espera será realmente un heredero?". Amara caminaba con la cabeza alta, ignorando el veneno de las lenguas de Neo-Luxor, pero por dentro sentía que se desangraba. La humillación de Maximilian al no presentarse a despedir al hombre que murió en su propio despacho era el sello final de su ruptura.
Mientras tanto, en la penumbra de la Torre Ra, Maximilian se encontraba recluido en su biblioteca personal, rodeado de libros antiguos y una botella de coñac que ya iba por la mitad. El silencio del penthouse era absoluto, interrumpido solo por el siseo de la puerta cuando se abrió para dejar pasar a la única persona que se atrevía a entrar sin ser llamada: Julián, su mejor amigo y el hombre que lo había acompañado desde que Maximilian no era más que un joven ambicioso con un sueño de oro. Julián era su polo a tierra, un hombre de mirada serena y juicio afilado que no le temía al poder del CEO.
—Te ves miserable, Maximilian —dijo Julián, caminando hacia el ventanal para observar la ciudad que, a lo lejos, celebraba el funeral que su amigo había pagado pero despreciado—. El entierro acaba de terminar. Ella estuvo allí sola, enfrentando a toda la ciudad por ti. Y tú aquí, bebiendo para olvidar lo que tú mismo provocaste.
—No vine para que me dieras lecciones de moral, Julián —respondió Maximilian, su voz ronca y cargada de una rabia que ya no podía sostener—. Ella me traicionó. Las fotos no mienten. Ese hijo que lleva… no puedo aceptarlo. Mi orgullo no me lo permite.
Julián se giró, apoyando la espalda en el escritorio de obsidiana. Miró a su amigo con una mezcla de lástima y frustración.
—Tu orgullo es lo que te va a matar, amigo mío. Conozco a Amara. He visto cómo te mira. Una mujer que ama como ella te amó no se entrega a un cualquiera en un muelle. ¿Alguna vez te detuviste a pensar que esas fotos son demasiado perfectas? ¿Que alguien con el poder de Kedar podría haberlas creado solo para verte así, solo y amargado? Estás castigando a una mujer que acaba de enterrar a su padre, un hombre que murió suplicando por tu perdón. Si ese niño nace y se parece a ti, Maximilian, no habrá oro en este mundo que compre tu redención.
—¡Basta! —rugió Maximilian, lanzando el vaso de cristal contra la chimenea, donde se hizo añicos—. Ella fue a verlo a escondidas. Ella rompió el trato. No puedo volver a confiar en alguien que tiene el engaño en la sangre.
—El engaño está en tus ojos, que solo ven lo que tu odio quiere mostrarte —respondió Julián con calma, caminando hacia la puerta—. Si sigues así, cuando despiertes y quieras recuperar a tu reina, solo encontrarás cenizas. Ella es fuerte, Maximilian, pero hasta el cristal más duro se rompe si lo golpeas lo suficiente. Mi consejo es que investigues esas fotos antes de que el destino te cobre el precio de tu ceguera.
Julián salió de la habitación, dejando a Maximilian en una oscuridad más profunda que la de la noche. El CEO se quedó mirando las llamas de la chimenea, con las palabras de su amigo resonando en su cabeza. Pero el veneno de la duda era fuerte, y su rabia, alimentada por el dolor, era un incendio que se negaba a apagar, incluso cuando el aroma del vestido negro de Amara parecía flotar todavía en el aire de la torre, como un fantasma que no encontraba descanso.