Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Donde Realmente Perteneces
Cuando cruzó el puente, el mundo pareció contener la respiración por un instante.
Y entonces lo vio.
El Ryokan Sakura.
Se alzaba frente a ella con una elegancia serena, como si siempre hubiera estado ahí… esperando. La estructura era amplia, de madera perfectamente cuidada, con líneas tradicionales que se extendían en armonía con el entorno.
El techo curvado, cubierto en algunas partes por pétalos de sakura, brillaba suavemente bajo la luz cálida de los faroles que colgaban en la entrada. Las puertas corredizas de papel estaban intactas, delicadas, dejando escapar una luz tenue que invitaba a entrar.
A los lados, pequeños jardines perfectamente arreglados rodeaban el lugar.
Piedras colocadas con precisión.
Arroyos estrechos que fluían con un sonido suave.
Puentes pequeños, casi decorativos, cruzando sobre el agua.
Y los cerezos…
Altos, majestuosos, en plena floración.
Sus pétalos caían lentamente, danzando en el aire como si el tiempo ahí se moviera más despacio.
Era hermoso.
No de una forma llamativa.
Sino de esa forma que calma algo dentro de ti… sin que te des cuenta.
Hikari se quedó completamente quieta.
—…es…
No pudo terminar la frase.
Porque no había palabras suficientes.
Dio un paso adelante, casi con cuidado de no romper algo invisible.
Y entonces—
—¿Qué haces aquí, pequeña? ¿Estás perdida?
La voz la tomó por sorpresa.
Suave.
Cálida.
Demasiado cercana.
Hikari giró de inmediato.
Y lo vio.
Un hombre se acercaba hacia ella con una sonrisa… peligrosa.
Hermosa.
El tipo de sonrisa que derretía corazones sin esfuerzo.
Su cabello claro caía con naturalidad, enmarcando un rostro perfectamente definido. Sus ojos, de un tono dorado brillante, la observaban con curiosidad y un ligero toque de diversión.
Y esas orejas.
De zorro.
Elegantes, bien formadas, moviéndose apenas con sutileza.
—Te puedo ayudar —añadió, inclinando ligeramente la cabeza.
Hikari se quedó en silencio.
Por un segundo.
Dos.
Su mente… completamente en blanco.
—…eh…
Parpadeó, como si regresara de golpe a la realidad.
—Bueno… yo…
Se acomodó un poco, intentando recuperar la compostura.
—Soy Hikari Tomori… —dijo finalmente—. N-nieta de Akira Tomori.
El efecto fue inmediato.
La sonrisa del kitsune se congeló.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Y por primera vez desde que lo había visto…
su expresión perdió toda ligereza.
—…¿Tomori…?
Repitió el nombre en voz baja.
Como si necesitara asegurarse de haber escuchado bien.
Su mirada volvió a recorrerla, esta vez con más atención.
Más intensidad.
Más… reconocimiento.
—No puede ser…
Murmuró.
Y entonces…
dio un paso más cerca.
Ya no como alguien curioso.
Sino como alguien que acababa de entender algo importante.
—¿Eres…?
No terminó la pregunta.
Pero ya no hacía falta.
Porque ahora…
él sí sabía exactamente quién era ella.
Tomoe no apartó la mirada de ella.
Sus ojos dorados la observaban con una intensidad nueva, distinta a la de hace unos segundos. Ya no era solo curiosidad… era reconocimiento.
—…Hikari Tomori —repitió en voz baja, como si probara el nombre.
El viento movió suavemente los pétalos de sakura a su alrededor.
Hikari se sintió un poco incómoda bajo esa mirada.
—Sí… —respondió, dudando—. ¿Tú… conocías a mi abuelo?
Tomoe sonrió.
Pero esta vez… era diferente.
Más suave.
Más… real.
—Lo conocí muy bien.
Hikari sintió un pequeño nudo en el pecho.
—Entonces… esto es real —murmuró—. Todo esto… no es un sueño.
Tomoe inclinó ligeramente la cabeza.
—Depende de cómo lo mires.
—No es gracioso —respondió ella, un poco más seria de lo que esperaba.
Tomoe soltó una pequeña risa, apenas audible.
—No lo es.
El ambiente entre ellos se volvió más tranquilo, más contenido.
Hikari miró de nuevo el ryokan.
—Mi abuelo… me dijo que este lugar era nuestro.
Tomoe siguió su mirada.
—Lo es.
Hikari volvió a mirarlo, sorprendida.
—¿En serio…?
—Este ryokan ha pertenecido a la familia Tomori por generaciones —explicó con calma—. Mucho antes de que el mundo humano y el yokai se separaran tanto como ahora.
Hikari frunció ligeramente el ceño.
—Pero yo… nunca supe nada de esto.
—Porque no debías saberlo —respondió Tomoe sin dudar.
Esa respuesta la dejó en silencio.
—¿Por qué…?
Tomoe la observó unos segundos.
Como si evaluara cuánto decir.
—Porque este lugar no es seguro para alguien que no está preparado.
Hikari apretó la carta entre sus manos.
—¿Y ahora sí lo estoy?
Tomoe no respondió de inmediato.
Sus ojos bajaron ligeramente hacia la carta.
Y luego volvieron a ella.
—Ahora… ya no hay forma de evitarlo.
El corazón de Hikari dio un pequeño salto.
—¿Evitar qué…?
Pero Tomoe no respondió directamente.
En cambio, dio un paso hacia un lado, dejando libre la entrada del ryokan.
—Deberías entrar.
Hikari dudó.
—¿Así sin más?
—No es “sin más” —dijo él con una ligera sonrisa—. Es tu casa.
Esa palabra… la golpeó más de lo que esperaba.
Casa.
No se sentía como tal.
Y sin embargo…
algo en su interior reaccionó.
Como si una parte de ella sí lo reconociera.
Tomoe extendió ligeramente la mano, invitándola a pasar.
—Te explicaré lo que pueda.
“Lo que pueda.”
No “todo”.
Hikari lo notó.
Pero aun así…
respiró hondo.
Y dio un paso hacia adelante.
Al cruzar la entrada, el aroma a madera, té y algo dulce la envolvió de inmediato.
El interior era tan hermoso como el exterior.
Tatamis impecables.
Puertas corredizas perfectamente cuidadas.
Luz cálida filtrándose por cada rincón.
Todo… en armonía.
Hikari avanzó unos pasos, mirando alrededor con asombro.
—Es… increíble…
Tomoe la observaba desde atrás.
En silencio.
Con una expresión que ya no era solo amable.
Era… pensativa.
Como si la estuviera midiendo.
Como si confirmara algo.
—Ha estado esperándote —dijo finalmente.
Hikari se detuvo.
—¿El ryokan?
Tomoe negó suavemente.
—No.
Una pequeña pausa.
Y entonces—
—Kuro.
El nombre cayó en el aire como algo pesado.
Diferente.
Y sin entender por qué…
su corazón se aceleró.
Hikari giró lentamente.
—…¿Kuro?
Tomoe la miró fijamente.
Y por primera vez…
su sonrisa desapareció por completo.
—Ten cuidado con él.
El ambiente cambió.
Sutilmente.
Pero lo suficiente.
—¿Por qué…?
Tomoe no respondió de inmediato.
Sus ojos se desviaron un segundo, como si pensara en algo que no quería decir.
Luego volvió a mirarla.
—Porque no es como yo.
Y en esa simple frase…
había mucho más de lo que estaba dispuesto a explicar.
Y por alguna razón…
Hikari sintió que esas palabras eran una advertencia.
Y una promesa.