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Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Me Casé Con El Duque Que Juré Odiar

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Matrimonio arreglado / BL
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Me obligaron a casarme con el duque más frío del Imperio.
Lo juré odiar… hasta que empezó a protegerme.
Un omega orgulloso, un alfa distante y un matrimonio que podría convertirse en amor.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 Piezas en el tablero, no marionetas

El amanecer no llegó como un anuncio de alegría, sino como un recordatorio de que el mundo seguía avanzando aunque nadie lo hubiera elegido. En Ravenshire, el día de la boda se presentó con el mismo cielo plomizo de siempre, un gris que no prometía nada y, por eso mismo, parecía honesto. El norte no se prestaba a mentiras dulces; incluso cuando el Imperio lo cubría de estandartes y discursos, la piedra seguía siendo piedra, el viento seguía siendo viento, y la gente seguía respirando con el cansancio de los inviernos largos. Los estandartes imperiales colgaban rígidos entre las torres del ducado, como si el color ajeno hubiera querido reclamar un territorio que no terminaba de aceptar.

Caelan abrió los ojos con la sensación de haber dormido poco. No era insomnio: era esa vigilia tensa que precede a los días que parten la vida en un antes y un después. No tenía miedo de la ceremonia. Tenía miedo de lo que la ceremonia iba a decir por él. De cómo la capital usaría su imagen para contar una historia que no le pertenecía, de cómo su cuerpo sería leído como un símbolo útil para tranquilizar a quienes nunca habían caminado por los caminos helados del norte. Recordó el sur, la luz menos cruel, el sonido de los mercados al amanecer. No añoró huir. Apretó los dientes. No iba a desaparecer del tablero: iba a negarse a ser movido sin voz.

Los sirvientes aguardaban con telas dobladas, peines de metal pulido, frascos de perfume que olían a jardines que no existían en el norte. El contraste lo irritó más de lo que quiso admitir. Caelan levantó una mano antes de que se acercaran.

—No —dijo—. Vístanme si quieren ayudar. No me decoren.

La frase no fue cruel, pero fue definitiva. El silencio que siguió fue un reconocimiento. Eligió la ropa sobria que había pedido: líneas limpias, telas firmes, colores claros sin bordados que contaran una historia que no sentía. Mientras se vestía, notó el temblor mínimo en sus manos. No era miedo: era rabia contenida, la rabia de saber que su cuerpo iba a ser leído como símbolo antes que como persona. Se miró al espejo hasta reconocerse: no frágil, no dócil. Entero. Pensó en cuántas veces le habían dicho que la “armonía” exigía silencio.

Antes de salir, un enviado de la capital interceptó su camino con una sonrisa demasiado pulida para ser sincera.

—Su actitud de hoy será… observada —dijo—. El pueblo necesita símbolos claros.

—El pueblo necesita pan y abrigo —respondió Caelan—. Los símbolos no calientan en invierno.

El hombre tensó la mandíbula.

—No es prudente desafiar al Imperio el día de su boda.

Blaise apareció a su lado, la voz baja, firme.

—No es prudente intentar dirigir la voluntad de alguien que ya ha sido usado como símbolo. Continúe su camino.

El pasillo hacia la capilla estaba flanqueado por nobles con sonrisas ensayadas. Caelan caminó entre ellos sin inclinar la cabeza. Escuchó palabras que no pedían respuesta: “estabilidad”, “alianza”, “conveniencia”. Las guardó como se guardan los nombres de quienes algún día pedirán favores cuando el viento cambie. A cada paso, el murmullo se abría y se cerraba detrás de él como un oleaje que no llegaba a tocarlo. Vio a algunos enviados de la capital observarlo como si midieran su utilidad; a otros, como si calcularan cuánta resistencia podía ofrecer antes de quebrarse. No les dio nada de eso.

La capilla estaba fría. La piedra devolvía los ecos como si quisiera recordar que allí se sellaban decisiones que no pedían permiso. Blaise lo esperaba frente al altar de piedra. No temblaba. Estaba rígido. Caelan reconoció en esa postura el peso de quien gobierna con una mano y, con la otra, intenta no traicionarse del todo.

—No me mire como si fuera a romperme —murmuró Caelan cuando se colocó a su lado.

—No lo miro así —respondió Blaise—. Lo miro como a alguien a quien están intentando doblar.

—Que lo intenten —replicó Caelan—. No soy tan fácil de plegar.

El oficiante inició el discurso del Imperio. Palabras grandes para tapar decisiones pequeñas: deber, concordia, estabilidad. Afuera, los heraldos amplificaban cada frase para la plaza colmada; la capital necesitaba la imagen de una unión “armoniosa”. Caelan sintió la presión de esa imagen como una mano en la nuca. Respiró hondo. No iba a sabotear la ceremonia. Iba a decir la verdad.

—Acepto el vínculo —dijo— porque así lo ordena el Imperio.

—No acepto la mentira que lo presenta como amor.

—No acepto que mi nombre se use para tranquilizar a quienes no pisan el norte, ni conocen su frío, ni el precio que pagan los que viven aquí.

El murmullo recorrió la capilla como un temblor contenido. Blaise habló antes de que el heraldo recondujera la escena.

—Acepto el vínculo por deber con mi territorio —dijo—.

—Y rechazo que se venda como romance.

—No somos marionetas del Imperio, aunque hoy seamos piezas en su tablero.

En la plaza, la voz del heraldo se quebró al transmitir los juramentos.

—¿Oíste eso? —susurró una mujer envuelta en lana—.

—Ojalá no nos caiga encima por eso —respondió un hombre—. Pero… alguien tenía que decirlo.

El oficiante intentó reconducir con un juramento de obediencia conyugal. Caelan avanzó medio paso.

—No juraré obediencia. Juro que no seré sometido.

—No seré adorno de ninguna corte.

—No aceptaré que mi cuerpo sea moneda política.

—Si este matrimonio existe, existirá conmigo de pie.

Blaise dio un paso al frente.

—Y yo juro que mi poder como alfa no será excusa para dominar.

—No forzaré herederos por imposición del Imperio.

—No confundiré autoridad con derecho sobre su cuerpo.

—En este ducado, será mi igual, aunque al poder le incomode.

La recepción fue una coreografía de frases vacías.

—No soy un acuerdo con piernas —dijo Caelan a un noble.

—Mi esposo no es un trofeo político —respondió Blaise.

Al caer la noche, Caelan se quedó solo junto al ventanal.

Tal vez no sea tan terrible estar atado a alguien que no pretende poseerme, pensó.

Frunció el ceño.

—No me estoy ablandando —murmuró—. Solo eligiendo mis batallas.

Regresaron a los aposentos sin tocarse.

—No te pidas que interprete nada —dijo Caelan.

—No te lo pediré —respondió Blaise—. Prefiero una casa incómoda a un ducado sostenido por mentiras.

El tablero se movería de nuevo.

Esta vez, ambos estaban despiertos para verlo.

...****************...

La boda se realizó…

pero no fue la unión que el Imperio esperaba.

Caelan y Blaise aceptaron el vínculo,

pero también dejaron claro que no serían piezas fáciles de mover.

Quiero saber qué piensan ustedes 👀

¿Creen que el Imperio permitirá esta rebeldía…

o que el verdadero conflicto recién comienza?

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inuyasha/ Tomoe🦊
me tiene tan Atrapada está historia plis no dejes de actualizar
Annyely: Gracias por leer y por tu apoyo 💖 prometo seguir actualizando la historia.
total 1 replies
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