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Desafiando Al Sistema

Desafiando Al Sistema

Status: En proceso
Genre:Aventura / Romance
Popularitas:760
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20 — Después del centro

El lugar quedó vacío más rápido de lo que Cael esperaba.

Un par de camionetas de la Asociación, agentes recogiendo cables, placas y anclajes improvisados. Formularios, fotos, sellos. En menos de una hora, el viejo centro de transferencia volvió a ser solo un galpón polvoriento al costado de las vías. Nadie que pasara por ahí al día siguiente iba a notar que, durante meses, había sido el corazón de una red que lastimaba lento.

—Así se van las cosas grandes —murmuró Ivo—. Sin ruido.

—Así se quedan las chicas —respondió Maira—. En los barrios.

Cael observó cómo retiraban el último dispositivo. El tirón interno había desaparecido casi por completo. No era alivio. Era una calma rara, como cuando el cuerpo se acostumbra a un ruido constante y, cuando se apaga, queda un silencio que molesta.

—¿Te sentís distinto? —preguntó Lara, sin mirarlo.

—Más liviano —respondió Cael—. No mejor.

—Es lo normal —dijo ella—. Cerrar algo no repara todo lo que dejó.

No había misión después. No había urgencia. El Equipo Gris se quedó un rato más, mirando el galpón vacío como si esperaran que algo más saliera de ahí. No salió nada.

En el camino de regreso, nadie habló demasiado. El cansancio era distinto al de después de una pelea: era el cansancio de haber tomado decisiones que no eran heroicas, solo necesarias.

—La Asociación va a mover sensores —dijo Maira—. Y va a decir que “reforzó la cobertura”.

—Van a reforzar donde siempre —respondió Ivo—. Donde se ve.

—Y nosotros vamos a seguir yendo donde no se ve —añadió Lara.

Cael asintió. No era un juramento. Era una costumbre que se estaba formando.

Esa noche, Cael volvió a su departamento con una sensación extraña de final que no era final. Se sentó en el borde de la cama, sin prender la luz. El Sistema apareció con un aviso breve:

[Estado: Estable.]

[Aviso: Carga del Núcleo en descenso progresivo.]

—Gracias por… bajar un cambio —murmuró.

No había euforia. No había ganas de revisar redes ni de buscar videos donde alguien hubiera filmado “la luz azul” desde lejos. Había sueño. Se durmió con la ropa puesta, como si el cuerpo no quisiera perder tiempo en rituales.

Soñó con pasillos largos que se estrechaban y, al final, se abrían a una calle cualquiera. Se despertó con el corazón acelerado y el sonido de un colectivo pasando.

Los días siguientes fueron extrañamente normales.

Encargos pequeños. Cierres limpios. Reuniones con la Asociación donde el lenguaje era amable y los márgenes de acción seguían siendo estrechos. Cael empezó a notar que la ciudad “pesaba” menos en el pecho. No porque estuviera mejor. Porque el nodo ya no tiraba de todos los focos chicos como un imán cansado.

Una tarde, mientras revisaban un túnel peatonal, Lara se detuvo y lo miró.

—Te veo menos tenso —dijo.

—No me lo creo del todo —respondió Cael—. Pero lo siento.

—No te acostumbres a la calma —dijo ella—. Usala para aprender a descansar.

Cael asintió. Descansar era otra habilidad que nadie enseñaba.

Una semana después, la Asociación emitió un comunicado breve sobre “desmantelamiento de dispositivos ilegales que alteraban el campo de estabilidad urbano”. No hubo nombres. No hubo disculpas a los barrios más golpeados. Hubo promesas de “mejoras progresivas”.

—Lenguaje de siempre —dijo Ivo, leyendo el comunicado en el teléfono—. Suena a que hicieron algo grande sin decir a quién ayudaron.

—Al menos reconocen que había algo —respondió Maira—. Antes ni eso.

Cael no comentó. Pensó en la mujer de la pasarela, en el hombre de la galería, en Tomás. Pensó en cómo las historias oficiales siempre eran más limpias que los pasillos donde alguien se cae.

Esa noche, Lara pasó de nuevo por su edificio. No por una linterna esta vez. Por un error mínimo: había quedado una bolsa de equipo en su camioneta que necesitaba guardar en el galpón.

—¿Te molesta si subo a buscar un cable que dejaste? —preguntó, en el rellano.

—No —respondió Cael—. Pasá.

El departamento estaba en desorden honesto: platos en el lavaplatos, una chaqueta en el respaldo de la silla, mapas doblados en la mesa. Lara miró alrededor con una curiosidad discreta, como quien no quiere invadir.

—Vivís como alguien que no se queda mucho en su casa —dijo.

—Aprendí a no acomodarme demasiado —respondió Cael—. Por si hay que salir rápido.

Ella dejó la bolsa de equipo junto a la puerta.

—Eso también cansa —dijo—. Vivir como si siempre te estuvieran llamando.

—No sé vivir de otra forma todavía.

Hubo un silencio breve. No incómodo. Denso de cosas que ninguno quería decir en voz alta.

—Gracias por… no dejar que eso se volviera un circo —dijo Lara—. Lo del nodo.

—No lo hice solo —respondió Cael—. Y tampoco fue limpio.

—Nada de lo que importa es limpio —dijo ella.

Se quedaron un segundo más de lo necesario en el rellano. Cael tuvo la tentación de decir algo que no tenía forma todavía. No lo dijo. Lara tampoco.

—Descansá —dijo ella, al final—. Mañana vemos el túnel del sur.

—Descansá vos también —respondió Cael.

Cuando ella se fue, Cael cerró la puerta despacio. No estaba feliz. No estaba triste. Estaba… en el medio de algo que todavía no tenía nombre.

El Sistema apareció por última vez esa noche:

[Aviso: Estabilidad urbana en recuperación lenta.]

[Recomendación: Mantener protocolos de observación.]

Cael se sentó en la cama y miró la ventana, el reflejo de las luces de la calle temblando en el vidrio.

No todo se arregla cuando cerrás el centro.

Algunas cosas recién empiezan a doler cuando el ruido se apaga.

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