Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 22: Solo un Capricho
— Entonces, si no hay nada más, me voy primero.
Pasé a su lado lentamente, puse toda mi seguridad y mi frialdad en no voltear al irme; en realidad no había nada que ver, solo un idiota con más planes en la cabeza que lo que en realidad puede hacer. Cuando estaba llegando al salón de evento, me di cuenta de que había dejado el bolso en el banco donde me había sentado en el jardín, así que no tuve más remedio que volver.
Cuando estaba en la entrada del jardín, escuché voces; una de ellas me resultaba muy familiar, así que me puse en un lugar donde podía escuchar y ver todo, que sería difícil verme a mí. Entonces, puse atención a la conversación.
—¿De verdad te gusta esa mujer? Ella es muy bella, pero parece algo fría; no creo que sea tu estilo de mujer.
—En realidad, quiero jugar un poco con ella después que cumpla con el compromiso que tengo con la familia Lance; quiero doblegarla. Desde que la conocí, mi deseo es tenerla en mis manos.
«En definitiva, solo tiene un capricho conmigo, un deseo de poder pisarme, y crees que me puedes engañar y hacer lo que quieras conmigo; creo que el que va a terminar bajo el pie de alguien eres tú»
Me sentí mal al escuchar lo que decía, porque este tipo me ve como un objeto que puede usar para su diversión; en sus ojos no tengo ningún valor, jajaja, pero qué irónica es la vida. Él tampoco vale nada para mí, y solo había cuentas sin cobrar y resentimiento entre los dos.
—¿De verdad te tienes que casar? ¿No puedes negarte? Le preguntó ella con voz tímida.
—No sobrepases tus límites; mi prometida es alguien que no puedes molestar. Si no puedes comportarte, entonces es mejor que no nos veamos más.
—Lo siento, yo solo…
La chica se recostó en su hombro y puso cara triste como si fuera a llorar; la escena parecía sacada de una mala película, donde la chica finge inocencia, qué asco me daba.
—Entonces sientes algo por tu prometida; si te casas con ella, ¿ya no me vas a buscar más?
—Mi familia le debe mucho a su familia. Este matrimonio es una promesa en contrato entre las dos familias; intenté adelantarlo para terminar rápido con esto, pero la otra parte no quiso. Mi deber es tratar bien a esa chica mientras dure el matrimonio, así que, si te intentas meter con ella, ya no te voy a patrocinar.
«Entonces, piensas tratar bien a tu prometida por gratitud, y me piensas tratar como un juguete por capricho; esto cada vez es más divertido»
Él la empujó, ella se aferró a su brazo y salieron del jardín. Yo esperé un rato para recuperar mi bolso; cuando la tomé, Alexis apareció, parecía algo agitado.
—¿Pasa algo?, le pregunte.
—No viste a ese idiota, se niega a romper el compromiso, pero anda descaradamente con otra mujer; además, viene a provocarme, ahora es más insoportable y arrogante que antes.
Era verdad, ahora es más arrogante porque ha logrado muchas cosas por su propio esfuerzo, ahora es poderoso y más rico, incluso tiene mucha influencia; creo que en toda su familia es la persona que ha llegado más alto y el más joven en hacerlo. Eso le ha dado la seguridad de que puede hacer lo que sea, y puede tener lo que quiera con solo mover las manos.
—Déjalo tranquilo, él cree que se está burlando de nosotros, pero tú y yo sabemos que el que lleva el circo a sus espaldas es él; entre más se burle, entre más intente molestarnos, cuando llegue el momento, más humillado se va a sentir.
«No sé qué se siente caerse de una nube, pero voy a estar en primera fila para ver cómo el todopoderoso, Ricardo Ross, se cae de la nube en la que está parado»
Tomé a Alexis del brazo y volvimos al salón de eventos. Las personas estaban divididas en grupos, pasaron años y nada ha cambiado; cada uno busca a las personas con las que se siente bien. Estoy aburrida; en realidad quería irme a casa, pero esto todavía no había acabado.
Entonces comenzaron los saludos, las personas que buscaban conexiones, especialmente con Ricardo. Todos querían brindar con él, darle sus tarjetas de presentación, adularlo y demás, claro, buscando lo único que les interesa, el beneficio, nunca la persona.
—Me dijeron que usted es abogada y que es una de las mejores en el país, en divorcio; lástima que no tenga una familia prestigiosa que la respalde. ¿Por eso es por lo que se aprovecha de las concesiones de su primo?, me dijo la modelo que se acercó a mí solo para lanzarme indirectas.
—¿Tú eres?, le pregunte.
—Lo siento, soy Melissa Meyer, modelo, quizás me has visto como rostro de grandes marcas de cosméticos y ropa de lujo.
«Melissa Meyer, solo tiene 24 años, se enganchó a ser la amante de turno de Ricardo Ross, quien le consiguió contratos con buenas marcas. Una modelo sin trayectoria, de familia humilde, tiene un hermano que trabaja en una cafetería, la madre es costurera y ella, desde que consiguió algo de éxito, simplemente abandonó a su familia, y una persona así se atreve a cuestionar mis orígenes; bien dice el refrán: “Dios los hace y el diablo los junta”»
—Te estás metiendo con la persona equivocada. Si crees que atacándome puedes hacer que el interés de tu patrocinador en mí se evapore, eso no va a pasar; él seguirá interesado en mí porque soy la única mujer que lo ha pisoteado y a hombres como él, que parecen arrogantes e inalcanzables, en realidad les gusta ser pisados.
Sonreí, y me alejé de ella; no me gusta perder mi tiempo, y menos tener rivalidad con alguien que con una sola respiración la puedo tirar al suelo. Ella quiere volar alto, confiando sus alas a un hombre que no es de nadie y que solo piensa en él y sus propios deseos.
«Mis alas son propias, puedo volar cuando quiera, y el viento debajo de mis alas depende de mí y no de otros; cuando esta cadena de la responsabilidad se rompa, entonces volaré tan alto, que podré con mis propias manos tocar el sol»