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La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

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capitulo 18

​La noche en la mansión se sentía más densa, cargada de un silencio que no era paz, sino una pausa antes del final. Andrea se encontraba sentada frente al escritorio de caoba de la suite de invitados, iluminada solo por la luz tenue de una lámpara de mesa y el brillo pálido de una pequeña cámara digital que había comprado en secreto.

​Su reflejo en la lente le devolvía una imagen que apenas reconocía: sus ojos, antes llenos de una determinación férrea, ahora se veían hundidos, enmarcados por sombras oscuras que el maquillaje ya no lograba ocultar. Pero no era vanidad lo que la movía, sino una necesidad desesperada de permanencia.

​Andrea presionó el botón de grabación. El pequeño led rojo parpadeó como un latido artificial.

​—Hola, Francisco —comenzó ella, y su voz se quebró en la primera sílaba. Se aclaró la garganta, forzando una sonrisa que le dolió en los músculos de la cara—. Si estás viendo esto, significa que el doctor Rossi hizo su magia y que finalmente puedes ver el color del cielo, el brillo del mármol... y quizás, solo quizás, estás buscando mi rostro en esta habitación.

​Se detuvo para tomar aire, una inhalación sibilante que delataba la debilidad de sus pulmones.

—Lo siento por no estar ahí para recibir esa mirada. Me habría gustado saber de qué color son tus ojos cuando por fin encuentran la luz. Pero quería dejarte esto. Una guía para cuando yo ya no sea tu GPS. No quiero que te pierdas en la libertad, Francisco.

​Sus dedos acariciaron el borde de una carta escrita a mano que descansaba junto a la cámara, una de las muchas que había estado redactando durante las madrugadas de insomnio. Cartas para su primer cumpleaños en libertad, instrucciones sobre cómo manejar a los Valois sin su susurro en el auricular, y palabras de amor que nunca se atrevió a pronunciar en voz alta por miedo a que el destino se las cobrara antes de tiempo.

​—Prométeme que no volverás a encerrarte —continuó, mirando fijamente a la lente como si pudiera atravesar el tiempo—. Prométeme que usarás esos ojos para ver la belleza que me ayudaste a encontrar a mí.

​Un sonido sordo en el pasillo la hizo saltar. Era el golpe rítmico y familiar del bastón de Francisco contra el suelo. El pánico, frío y eléctrico, le recorrió la espalda. Andrea cerró la tapa de la cámara con un movimiento brusco y la deslizó dentro del cajón superior del escritorio, cubriéndola con un montón de informes financieros.

​Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano de forma compulsiva, tratando de borrar el rastro del desgarro emocional antes de que él cruzara el umbral.

​La puerta se abrió. Francisco entró, pero no con la confianza de los últimos días. Se detuvo en el marco, con la cabeza ligeramente inclinada, como si estuviera olfateando la tristeza en el aire.

​—¿Andrea? —preguntó él. Su voz era baja, cargada de una sospecha que le erizó la piel.

​—Aquí estoy, Francisco. Estaba terminando de revisar los presupuestos para la nueva constructora —mintió ella, aunque su voz sonaba hueca, desprovista de la convicción habitual.

​Francisco no se movió hacia el escritorio. Caminó hacia el centro de la habitación, orientándose por el sonido de la silla de Andrea al chirriar sobre el suelo.

—Hueles a sal, Andrea. Y a papel viejo.

​Él se acercó hasta que estuvo a solo unos pasos de ella. Extendió la mano y, con una precisión aterradora, buscó su rostro. Andrea intentó apartarse sutilmente, pero él fue más rápido. Sus dedos, cálidos y firmes, se posaron sobre sus mejillas. Estaban empapadas.

​—Has estado llorando —sentenció él. Sus pulgares recorrieron el rastro de las lágrimas, borrándolas con una ternura que la hizo querer desmoronarse allí mismo—. ¿Es por lo que dijo Beatriz? ¿O es por Elias?

​—Es el cansancio, Francisco. Solo el cansancio —susurró ella, cerrando los ojos bajo su tacto.

​—No me mientas. No hoy —Francisco se inclinó, uniendo su frente con la de ella. El aroma a sándalo y lluvia de su perfume la envolvió, recordándole todo lo que estaba a punto de perder—. Siento que estás construyendo un muro, Andrea. Te escucho hablar sola a veces, escucho el sonido de los cajones cerrándose cuando entro. ¿Qué estás escondiendo? ¿Es otro secreto médico? ¿Otra amenaza?

​Andrea sintió el impulso de confesar, de mostrarle los videos y las cartas, de llorar en su pecho y decirle que tiene terror de dejarlo solo. Pero sabía que si lo hacía, Francisco abandonaría todo —la operación de sus ojos, la empresa, su propia recuperación— para encadenarse a su cama de hospital. Y ella no podía permitir que él volviera a la oscuridad por su culpa.

​—Estoy preparando el terreno para tu futuro —dijo ella, y técnicamente no era una mentira—. Quiero que todo esté perfecto para cuando recuperes la vista. Solo son notas, recordatorios. Me emociona pensar que pronto podrás ver todo esto por ti mismo.

​Francisco no pareció convencido. Deslizó sus manos desde sus mejillas hasta sus hombros, apretándola con una fuerza que buscaba anclarla a la realidad.

—No quiero un futuro perfecto si tú no estás en él para verlo conmigo. A veces, cuando te abrazo, siento que eres de humo. Que si aprieto demasiado, mis manos se encontrarán la una con la otra y tú te habrás esfumado.

​—No me voy a ninguna parte hoy, Francisco —respondió ella, rodeando su cintura con los brazos y escondiendo el rostro en su pecho para que él no sintiera el temblor de sus labios—. Disfrutemos del ahora. Es lo único que realmente nos pertenece.

​Se quedaron así, abrazados en la penumbra de la suite. Francisco la mecía suavemente, ajeno a la cámara que, dentro del cajón, guardaba el primer regalo de su adiós. Andrea escuchaba el latido del corazón de Francisco, tan fuerte, tan lleno de promesas, y lo comparaba con el suyo, que se sentía como una cuerda de violín a punto de romperse por la tensión.

​Cada segundo de ese abrazo era un tesoro robado al tiempo. Ella sabía que esos videos eran su seguro de vida para él, una forma de seguir siendo sus ojos incluso cuando los suyos se hubieran cerrado para siempre. Pero el precio de preparar ese adiós era un desgarro en el alma que ninguna medicina podía aliviar.

​Cuando Francisco finalmente se retiró a su habitación, Andrea volvió a abrir el cajón. Miró la cámara y las cartas. El peso de su legado se sentía como una losa. Se sentó de nuevo, tomó la pluma y empezó a escribir la siguiente carta: "Para el día que vuelvas a enamorarte...".

​Las lágrimas volvieron a caer, manchando el papel, pero ella no dejó de escribir. Era su último acto de amor: asegurarse de que, cuando ella fuera solo un eco, él tuviera suficientes palabras para no volver a sentirse nunca más un hombre ciego en la oscuridad.

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Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??🤔🤔
Carleone Gutierrez
Años como así.?? que tanto tiempo paso pues desde que se conocieron y la operación.??
Elia María Ramírez Rodríguez
Poco a poco se van a ir entendiendo y llevando mejor.....
🌹🌷🥀
Elia María Ramírez Rodríguez
Ojalá no se enamoren de Andrea, es un matrimonio para vengarse de sus tíos.....🥀🌹🌷
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuando la ambición corrobr el alma del ser humano no les importa pisotear el dolor de una persona lastimada. En mi pueblo hay un dicho muy cierto a este capitulo con esa víbora de Beatríz Del árbol caído todos quieren hacer leña 🪵.....🥀🥀🥀
Nataly Rodriguez
na había querido comentar nada hasta ver dónde llevaba esto. pero no puede ser que estoy termine con ella muerta y el con vista . noo no lo acepto. autora por favor que ella no muera
Fernanda
me gusta la trama como ella está dispuesta a todo por el 🙏😘🙏❤️
Adriana Ruiz
👏👏👏 excelente novela,, xfa 🙏 más capítulos 💚
celimar
me gusta esta historia 🙏🏽😘
celimar
interesantes 🥰🥰
celimar
me gusta 😍😍
Celina Espinoza
super interesante 🙏😍🥰
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