"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre
Precuela de la novela amor sobrehumano
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Capitulo 21 - Leandro cae de lo alto de una montaña
En la cabaña, Luciana observaba a su tía con una mezcla de culpa y ternura.
—Tía, no te angusties. Yo siempre encuentro frutos en el bosque, de hambre no moriremos —dijo la joven, ocultando el terror que había vivido horas antes con los asaltantes.
—Lo sé, mi niña. Eres tan buena... —Soledad la abrazó con fuerza—. Solo quiero que seas feliz y que nunca te falte nada.
Luciana sonrió, guardando el secreto del puma y los disparos. Sabía que su tía ya tenía suficiente carga sobre sus hombros. En ese momento, Soledad decidió que era hora de que Luciana aprendiera más sobre su herencia.
—Ven a la cocina. Hoy te enseñaré a preparar los brebajes más complejos.
—¿Eso significa que pronto me llevarás al pueblo a venderlos contigo? —preguntó Luciana con ilusión.
—Te lo prometo, Luciana. En cuanto ahorremos un poco más, conocerás el mundo más allá de estos árboles.
La Promesa Rota
Mientras tanto, en casa de Valerie, los preparativos para la cena de compromiso estaban listos.
—Hoy Leandro vendrá a pedir mi mano, mamá —decía Valerie radiante de felicidad
—Hija, no te hagas ilusiones. Los hombres a veces se arrepienten —advirtió Patricia con cautela.
—Leandro no es así. Él vendrá, estoy segura.
Pero el destino tenía otros planes. En lo alto de las montañas rocosas, el pie de Leandro resbaló en una saliente húmeda. Las cuerdas, desgastadas por el uso, se rompieron con un chasquido seco.
—¡No! —gritó Leandro mientras caía al vacío. El impacto contra el suelo fue brutal.
—Valerie... —susurró antes de que la oscuridad lo reclamara por completo.
El Ideal de Nicolás
En el pueblo, Nicolás caminaba junto a Camilo después de una tarde de distracción.
—¿De verdad no te gustó ninguna de las chicas? —preguntó Camilo incrédulo.
—Fueron geniales, pero no despertaron nada en mí —respondió Nicolás con una sonrisa melancólica—. Quiero enamorarme de alguien que mueva los cimientos de mi mundo. Sé que esa mujer está en algún lugar allá afuera.
Nicolás no sospechaba que esa mujer era la misma niña de sus pesadillas, la que en ese preciso instante revolvía calderos en una cabaña oculta por la niebla.
El Beso de la Inmortalidad
La noche cayó y los Soriano regresaron a su casa, encontrándola vacía.
—Leandro no está —dijo Marcela con un presentimiento fatal—. Algo malo le pasó.
Siguieron el rastro de su sangre hasta la base de la montaña. Marcela se desplomó al ver a su hijo agonizante.
—¡Tenemos que llevarlo al hospital! —sollozó.
—No podemos, Marcela —sentenció Fernando—. Somos vampiros, los médicos sospecharían si solo aparecemos de noche. Además, no resistiría el viaje.
Fernando miró a su hijo y luego a su esposa. Solo había una forma de no perderlo para siempre.
—Hay que convertirlo.
—¡No! Él quería una vida humana, quería casarse... —lloró Marcela.
—Es eso o dejarlo morir.
Con el corazón destrozado, ambos padres se inclinaron sobre el cuerpo de su hijo. Hundieron sus colmillos en el cuello de Leandro, dándole la vida eterna a cambio de su humanidad. En ese instante, en su habitación, Valerie lloraba la ausencia de su novio, creyendo que la había abandonado, sin saber que el hombre que amaba acababa de convertirse en un monstruo.
La Semilla del Odio
Nicolás regresó a la mansión y se enfrentó a la furia de Alejandra.
—¡No te quiero fuera de aquí! —gritó ella.
—No me quedaré encerrado solo porque tienes miedo de que mi padre me encuentre —replicó Nicolás con desprecio—. Si lo veo, solo será para decirle cuánto lo odio por habernos dejado.
Alejandra sonrió para sus adentros, una expresión cargada de malicia. Su plan había funcionado a la perfección: el hijo odiaba al padre, y el secreto de Salvador seguía a salvo bajo un manto de mentiras.