Itzcelina Bocanegra dejo todo por el amor de Luca Harrison.
Adrian Stuart ama a su esposa.
una noche unidos por la traición se encuentran.
¿Que pasará entre ellos dos?
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Capitulo 21
La mañana amaneció con un cielo azul y despejado, pero Adrián andaba con una alegría que no podía disimular. Al salir del coche, saludó a algunos empleados que lo miraron raro. No era común verlo tan contento, sobre todo cuando la empresa andaba con problemas. Pero él no podía evitarlo. Los recuerdos de la noche con Itzcelina lo tenían de buenas.
Jonás lo esperaba en la oficina desde temprano. Había estado revisando documentos para una reunión y, en cuanto vio a su amigo entrar, notó que algo pasaba. Esa sonrisa rara en Adrián no era normal. Lo miró en silencio, levantando una ceja.
—Alguien amaneció de buenas hoy —dijo Jonás, sin quitarle los ojos de encima.
Adrián dejó el portafolio en su escritorio y se sentó. Prendió la computadora y se acomodó la corbata, todavía con esa cara de felicidad.
—Digamos que… la noche estuvo bien —respondió, sin dar muchos detalles.
Jonás lo conocía muy bien. Sabía cuando Adrián quería cambiar de tema.
—Me imagino quién es la culpable —dijo con tono pícaro.
Adrián solo sonrió. Para Jonás eso era suficiente.
La mañana pasó entre contratos y números. Estaban concentrados, aunque Jonás de vez en cuando miraba a su amigo. Algo había cambiado en él, y aunque le gustaba verlo más relajado, también le daba miedo lo que eso significaba. Sabía que había algo más detrás de todo, algo que tenía que ver con Laura.
De pronto, se escuchó un griterío en el pasillo. Voces fuertes, una mujer hablando enojada.
—Señora, no puede pasar, el señor Stuart está ocupado —decía la secretaria con paciencia.
—No me importa, soy su esposa y necesito hablar con él ahora mismo. ¡Quítate, inútil! —gritó Laura, tan fuerte que todos voltearon a ver.
Adrián cerró los ojos, suspirando. No quería un escándalo en la oficina, pero ya era tarde: el show había comenzado. Se levantó y abrió la puerta.
Jonás apretó los labios y agarró una carpeta sin mirar a Laura. No quería presenciar esa conversación.
—Saca copias de estos documentos —le dijo a la secretaria, que se veía incómoda por el insulto—. Luego, salió de la oficina.
Laura entró decidida, con un vestido caro y muy apretado para la oficina. Su perfume se sentía por todos lados.
—¿Qué pasa, Laura? —preguntó Adrián con voz seria, sin mostrar cariño.
—No puedo creer que tu secretaria me detenga. ¿Desde cuándo no puedo ver a mi esposo? —respondió con drama, cruzándose de brazos.
Adrián se apoyó en el escritorio, mirándola con calma. Sabía que no estaba preocupada de verdad, solo quería algo.
—Estaba ocupado, eso es todo. ¿Qué es tan urgente?
Laura se acercó, haciéndose la molesta.
—La gala está cerca. Sabes que es importante. Y resulta que el desfile será ahí mismo, con empresarios, políticos y medios. No puedo ir con cualquier vestido, necesito verme bien, a la altura de mi posición y de la tuya.
Adrián respiró hondo. No le extrañaba su petición, era típico de ella. Su forma de hablar era insoportable.
—Habla con el contador, que te transfiera dinero a tu tarjeta. Cómprate el vestido que quieras —respondió sin interés.
Laura abrió los ojos, sorprendida y enojada. No esperaba esa respuesta.
—¿Eso es todo lo que tienes que decirme? Ni siquiera preguntas qué vestido quiero o si iremos juntos. Últimamente estás raro, Adrián. Ya no eres el mismo conmigo —reclamó.
Adrián apretó la mandíbula. Quiso decirle que ya sabía todo, que conocía su engaño, que no había vuelta atrás. Pero se aguantó. No era el momento ni el lugar.
—He estado ocupado. La empresa tiene problemas y necesito concentrarme —dijo con calma, tratando de no enojarse.
Laura se cruzó de brazos otra vez, con fastidio y falsa dulzura.
—¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo? Siempre es trabajo, trabajo y trabajo.
Adrián la miró a los ojos. Estaba tranquilo por fuera, pero por dentro era un caos.
—Cuando todo esto se arregle, haremos un viaje. Los dos. Sin que nadie nos moleste.
Laura parpadeó, cambiando su tono de inmediato.
—¿Un viaje? —preguntó con emoción.
—Sí, un viaje. Tú eliges dónde —dijo Adrián, con una sonrisa que no se veía en sus ojos.
Laura lo miró con alegría. Pensó que le importaba, sin darse cuenta de que estaban distanciados.
—Me gusta la idea, bebé. Ya pensaré en dónde. Quiero que sea un lugar perfecto.
Adrián asintió, aunque estaba cansado. Quería que esa conversación terminara pronto.
Jonas estaba en su oficina, esperando que terminaran. Pensaba en su amigo, en cómo mantenía la calma aunque sabía todo. Él sabía del engaño de Laura, lo había visto varias veces, pero no quería meterse. Adrián tenía que enfrentar esa verdad cuando estuviera listo, aunque cada vez lo veía más cerca de explotar.
—Ese matrimonio es una bomba —dijo Jonas en voz baja.
Cuando la secretaria le dió las copias que le había pedido sacar, tomó los documentos y regresó a la oficina. Se detuvo al escuchar la voz de Laura, contenta, como si nada pasara. Puso los ojos en blanco y esperó, dándole tiempo a su amigo para terminar la escena.
Dentro, Adrián intentaba mantener la calma. Laura seguía hablando de vestidos y diseñadores, mientras él pensaba en cómo cada palabra lo alejaba más de ella. Era inevitable compararla con Itzcelina, en su sinceridad y en la alegría que le daba. Con ella todo era real. Con Laura todo era falso.
—Entonces está decidido —dijo Laura—. Me compraré un vestido increíble y después de la gala planearemos el viaje.
—Haz lo que quieras, Laura. Debo regresar al trabajo —respondió Adrián, señalando los papeles de su escritorio.
Ella lo besó en la mejilla, más como un saludo que como muestra de cariño, y se fue con una sonrisa.
Adrián suspiró, cerrando los ojos.
Jonas entró de nuevo, dejando los documentos en la mesa.
—¿Sobreviviste? —preguntó con ironía.
Adrián lo miró cansado, con una sonrisa amarga.
—Apenas.
Jonas se sentó frente a él, mirándolo fijamente.
—No sé cuánto tiempo podrás seguir con esta mentira. Se nota, Adrián. Tus ojos no mienten.
Adrián bajó la mirada, jugando con una pluma.
—Lo sé. Pero todavía no es el momento.
Jonas asintió despacio.
—Espero que cuando decidas, no sea demasiado tarde.
Adrián no respondió. Estaba pensando en otra cosa, en otra mujer que lo hacía sonreír sin querer.