NovelToon NovelToon
CREI AMAR A MI ESPOSA

CREI AMAR A MI ESPOSA

Status: En proceso
Genre:Sustituto/a / Novia sustituta / Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Mel G.

Gabriela y Gonzalo apenas llevan poco de casados, pero su matrimonio se verá amenizado cuando Gabriela decide la tontería de intercambiarse con su hermana gemela, quien no es precisamente buena y que, además, está en prisión. ¿Podrá su matrimonio sobrevivir? ¿Podrá Gonzalo darse cuenta de quién está frente a él?

NovelToon tiene autorización de Mel G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

BODA.

...GABRIELA:...

No quiero separarme de ti —le dije a Gonzalo la mañana de la boda.

Apenas habían pasado un par de días desde que había regresado, justo antes de la despedida de soltera, y mi cerebro ya actuaba como si existiera la posibilidad real de que volviera a desaparecer si lo soltaba más de treinta segundos.

—Piénsalo de este modo —dijo él con calma—. Tendremos toda nuestra vida para estar juntos.

—Está bien —respondí, resignada—. Deberías soltarme entonces.

—Pero ya te solté.

Parpadeé.

Bajé la mirada.

Mi brazo estaba firmemente enredado alrededor de su cintura.

Mi mano agarraba su camisa.

Mi cuerpo entero estaba inclinado hacia él en modo koala desesperado y mi cabeza en su pecho.

—…No cuenta —dije.

Gonzalo levantó una ceja, divertido.

—Gaby, amor… yo estoy completamente libre. Tú eres la que me tiene secuestrado.

—Eso no es cierto —repliqué, ajustando un poco más el agarre y obligándolo a rodearme también con los brazos—. ¿Lo ves? —hice falsos intentos por escapar—. No me sueltas.

Intentó levantarse… pero yo me moví con él.

—¿Ves? —insistí—. No me sueltas.

Soltó una carcajada y ahora sí, de forma completamente intencional, me rodeó con los brazos.

—Si por mí fuera —dijo, hundiendo el rostro en mi cuello—, me quedaría así todo el día.

Sonreí, triunfante—. El problema eres tú.

—Claro —respondió, riéndose—. Yo soy el problema.

Suspiré, cerrando los ojos.

Un toque desesperado en la puerta nos hizo separarnos a medias.

Sabía exactamente quién era.

—Ya sabía que te ibas a quedar dormida, Gabriela —la voz de Zoé se escuchó desde fuera—. Ya es momento de empezar a arreglarte.

Me quejé sin soltarlo del todo.

—Ay, no… ¿acaso le debo algo a la vida para que me cobre de esta manera?

Con toda la fuerza de mi ser me separé de mi prometido.

Gonzalo tomó sus cosas.

Al abrir la puerta, se encontró de frente con Zoé.

Zoé lo miró de arriba abajo.

Luego la bolsa.

Luego a mí.

—¿Se te olvida algo? —preguntó, cruzándose de brazos.

—No olvidé nada —respondió él, demasiado rápido.

Zoé alzó una ceja.

—¿Seguro? Te ves nervioso.

—No estoy nervioso, ¿ok? —dijo, y automáticamente se pasó la mano por la nuca.

Zoé sonrió.

Ahí estaba.

El gesto.

—Ajá… —dijo, señalándolo—. Eso. Hiciste eso.

—¿Eso qué? —preguntó Gonzalo, tenso.

—Ese tic horrible que te da cada vez que estás nervioso —dijo Zoé—. Te tocas la nuca, frunces la boca y parpadeas de más. Igualito que todo un mes, cuando tratabas de pedirle matrimonio a Gaby.

—¿Ya sabías? —pregunté, sorprendida.

—Yo no le dije —se defendió él de inmediato.

Zoé se inclinó un poco hacia mí.

—¿Cómo crees que me di cuenta tan rápido? —dijo—. Y míralo ahora, está nervioso por la boda.

—¡Zoé! —se quejó Gonzalo.

—Tranquilo, amigo —le dio ahora una palmada en el hombro—. Respira. Ella va a estar ahí, lo prometo.

Él suspiró, rodó los ojos y dio un paso atrás.

—Bueno… ya me voy.

—Ajá —dijo Zoé—. Vete antes de que te vuelva a agarrar.

Gonzalo salió.

Silencio.

Zoé comenzó a contar.

—Volverá en cinco… cuatro… tres… dos…

Y los golpes en la puerta se escucharon.

Zoé sonrió como si hubiera ganado una apuesta.

Abrió la puerta.

—Olvidé algo —dijo Gonzalo, serio.

—¿El cargador? ¿La cartera? ¿La dignidad?

Gonzalo caminó directo hacia mí, me dio un beso rápido en la frente y murmuró:

—Esto.

Después me dio un beso suave y tierno en los labios.

Luego salió de nuevo, ahora sí.

Zoé me miró, negando con la cabeza.

—Ese día que hice el amarre, debí haber conjurado al mismo diablo.

Solté una carcajada, sin poder evitarla.

...****************...

La ceremonia estaba a punto de comenzar; Zoé y mi madre me arreglaban los últimos detalles.

Arlet llegó con el ramo. Se había retrasado un poco, pero logró llegar a tiempo.

Todo estaba increíblemente bello, y mi padre, a unos pasos, ya esperaba el momento exacto en el que tendría que llevarme hacia el altar.

Mi madre, Zoé y Arlet fueron a tomar asiento. Me quedé a solas con mi padre.

—Estás hermosa.

—No, no, no, papá, no digas nada. Estoy demasiado sensible. Zoé y mi madre me prohibieron llorar.

Él no había dicho nada más y ya sentía que las lágrimas querían brotar.

Sonrió con suavidad, como si entendiera la advertencia… y aun así habló.

—No voy a decir nada más —dijo en voz baja—. Solo que hoy no te entrego… hoy te acompaño.

Ajustó con cuidado el velo sobre mi cabello y acomodó mis manos, temblorosas, entre las suyas.

Sentí cómo el pecho se me apretaba y la garganta se me cerraba de golpe. Bajé la mirada, respirando hondo, luchando contra las lágrimas.

Él se acercó y apoyó su frente contra la mía.

—Papá… —susurré—. No es justo.

—Respira —murmuró finalmente—. Estoy aquí. Siempre has sido fuerte —dijo—. Lo sabes.

Y entonces sí, una lágrima se escapó. Solo una.

Cuando tomé el brazo de mi padre, nos colocamos frente al camino hacia el altar, pero lo primero en lo que mi vista se fijó fue en Gonzalo.

Mi mano se aferró con más fuerza a la manga de mi padre.

Podía correr hacia él si lo soltaba.

Lo vi suspirar y solo pensé:

No llores.

Si lo haces tú, lo haré yo.

No lo hizo.

Pero vi cómo la manzana de su garganta se movía, delatándolo

No sé si era porque yo estaba igual —o más— enamorada, pero su mirada brillaba; me transmitía un amor evidente.

Y sonreí.

Era hermoso, bello con su traje color beich.

Nuestras miradas no se apartaban.

Pude sentir sus manos a través de mis guantes; no hizo falta decir nada. Estábamos exactamente donde queríamos estar.

Nuestros votos no nacieron del miedo ni de la promesa perfecta, sino de la certeza —sencilla, honesta— de que queríamos estar juntos. De amarnos. De elegirnos, incluso cuando no fuera fácil.

Al final, llegaron las felicitaciones, los abrazos, las sonrisas.

La recepción era hermosa. El salón, junto al jardín, estaba exquisitamente decorado. Justo como lo había imaginado.

Todo contaba nuestra historia.

El techo, como una nebulosa azul, se desplegaba en todo su esplendor. Flores blancas, azules y doradas parecían colocadas con intención exacta, haciendo que la luz se reflejara donde debía. El piso, tan blanco y reflectante, daba la sensación de que la nebulosa nos rodeaba por completo.

Si el universo escogiera un lugar para presenciar el amor, pensé,

sin duda habría sido este.

Después vinieron las fotos, el primer baile, las risas.

Y el ramo.

Zoé lo atrapó.

—Lo voy a pelear con uñas y dientes —dijo, sin vergüenza alguna.

Y así fue. Mi prima Vania intentó arrebatárselo, pero terminó rindiéndose antes de salir herida. Zoé levantó el ramo como un trofeo, victoriosa.

La boda era hermosa.

La madre de Gonzalo estuvo con nosotros durante la ceremonia. No del todo consciente, pero presente. Miraba mucho a mi hermana; supongo que el parecido la confundía.

Mis cuñadas, en cambio, disfrutaban sin reservas: la música, los aperitivos, la fiesta.

...****************...

...GONZALO:...

Gaby estaba preciosa, con su vestido.

Le caía como si no pesara: marfil, satinado, no blanco absoluto. La falda se abría amplia, majestuosa, pero sin exagerar; tenía esa elegancia silenciosa que no necesita imponerse para ser vista.

El corsé abrazaba su cuerpo con una delicadeza casi irreal. Sin tirantes, sin exceso, dejando al descubierto justo lo necesario para que el cuello y los hombros parecieran una extensión natural de ella.

Había un detalle sutil en el escote, un brillo apenas perceptible. Los guantes le daban un toque clásico.

No pensé en el vestido por mucho tiempo.

Lo que sí pensé fue en quitárselo.

Se suponía que todo esto era un momento romántico, toda nuestra boda, y ahí estaba yo, como un enfermo, ansiando el instante en que pudiera despojarla de la tela y descubrir qué había elegido debajo, qué había guardado para mí.

Mi vista logró apartarse apenas un segundo de Gaby cuando, ya en la recepción, Zoé me tomó de la manga y me obligó a desviar la mirada hacia la puerta.

—¿Quién es ese? —preguntó.

Seguí la dirección de su dedo y una sonrisa se me escapó.

—Es mi mejor amigo, Alejandro.

Zoé entrecerró los ojos.

—Yo nunca había escuchado de ningún “mejor amigo Alejandro” cuando hemos salido en grupo.

—Es porque poco después de que conocí a Gaby tuvo que viajar fuera del país por asuntos familiares —expliqué—. Pero obviamente estaba invitado a la boda.

Zoé no apartó la vista de él.

—¿Y tiene novia?

La miré con sospecha y estreché los ojos.

—No… no tiene.

Sonrió.

Sonrisa peligrosa.

Perversa.

—Perfecto. Voy a conquistarlo.

Suspiré.

No sabía si a Alejandro le caería bien alguien como Zoé. A veces podía ser serio, mandón incluso, y solo se mostraba más relajado con personas que ya conocía.

—Creí que estabas detrás del primo de mi esposa —la cuestioné.

—Se me olvidó en cuanto vi a este —respondió sin culpa—. Además, es gay. No hay nada que hacer ahí. Solo somos amigos.

—No lo sé, Zoé… Alejandro puede ser un poco serio…

Ella se giró hacia mí con absoluta seguridad.

—Escúchame bien lo que te voy a decir —su tono era pura convicción—: ese hombre va a ser mío.

—Por favor, no seas tan intensa si quieres tener una oportunidad —le advertí, creyendo conocer a mi amigo.

—Tú tranquilo, campeón —sonrió—. Yo sé lo que hago.

Hizo una pausa.

—Además, tengo mis trucos. Funcionaron contigo.

Me quedé helado.

—¿De qué hablas?

—Nada, nada —dijo, negando con la cabeza.

Tomó una copa y se alejó, dejándome la duda incrustada.

Yo caminé directo hacia Alejandro. Había llegado tarde, pero al menos había llegado.

—Me alegra que hayas podido venir.

Nos abrazamos.

—Casi no lo logro —dijo—, pero no podía faltar a la boda de mi mejor amigo.

Mientras Alejandro se integraba poco a poco a la fiesta, pude ver cómo Melani se acercaba a Arlet, buscándola con insistencia.

Mi cuñada era amable con ella, siempre lo había sido; desde que Melani llegó, la había tratado con una cordialidad constante.

Mi madre, en cambio… era distinta.

No era grosera, pero sí indiferente.

No reaccionaba con Arlet como lo hacía con Gaby, a pesar de que compartían el mismo rostro.

Alejandro saludo a mis hermanas con familiaridad. Eran como sus hermanas despues de tantos años de amistad.

Mi vista se desvió nuevamente a mi ahora esposa.

Estaba riendo, rodeada de gente, completamente en su lugar.

Y yo enamorado como nunca.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play