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Aunque Me Odies, Te Amo

Aunque Me Odies, Te Amo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Amor-odio
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Sherin VR

Un árbol fue testigo de su promesa.
El destino fue testigo de su ruptura.
Emma juró que nunca lo abandonaría.
Gael juró que jamás la dejaría sola.
Pero la muerte llegó primero.
Y el silencio hizo el resto.
Ella se fue obligada.
Él se quedó creyendo que lo eligió dejar.
Entre raíces quedó escondida una carta.
Entre el orgullo quedó enterrado el amor.
Años después, el destino los volverá a cruzar.
Ya no como niños.
Ya no inocentes.
Y cuando sus miradas se encuentren…
descubrirán que lo que más duele no es perder a alguien.
Es pensar que eligió perderte.

NovelToon tiene autorización de Sherin VR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24 — Un día demasiado pronto

El día siguiente llegó más rápido de lo que Emma hubiera querido.

La universidad ya no tenía el aire de novedad del primer día. Los pasillos estaban llenos de estudiantes que caminaban con prisa entre clases, cargando libros, laptops y conversaciones que se mezclaban en el ruido constante del campus.

Para muchos era solo otro día universitario.

Pero para Emma no.

Las clases de la mañana habían pasado casi sin que ella se diera cuenta.

Había tomado apuntes, escuchado a los profesores y participado cuando era necesario, pero su mente estaba en otro lugar.

En un pasillo.

En una voz.

En un nombre que había vuelto después de tantos años.

Gael.

Cuando finalmente terminaron las clases del día, Emma salió del edificio junto con otros estudiantes.

El cielo estaba despejado y el sol caía sobre los edificios altos del campus, iluminando las ventanas de vidrio que reflejaban el movimiento de cientos de jóvenes caminando de un lado a otro.

Emma caminaba lentamente por uno de los senderos principales.

Sus pasos eran tranquilos, pero su mente no.

No podía dejar de pensar en lo que había pasado el día anterior.

En cómo Gael la había mirado.

En la frialdad de sus palabras.

—No tienes derecho a pronunciar mi nombre.

Emma bajó un poco la mirada mientras caminaba.

—¿Qué te pasó…? —murmuró para sí misma.

En ese momento levantó la vista.

Y su corazón dio un pequeño salto.

A unos metros delante de ella caminaba alguien que reconocería en cualquier lugar.

Alto.

Cabello oscuro.

Postura firme.

Gael.

Emma se detuvo un segundo.

No esperaba verlo tan pronto otra vez.

El mundo parecía jugar con ella.

Respiró profundo.

Luego dio unos pasos más rápidos.

—¡Gael! —lo llamó.

El nombre salió con más fuerza de la que esperaba.

Gael continuó caminando.

Como si no hubiera escuchado.

Emma frunció ligeramente el ceño.

—¡Gael!

Pero esta vez tampoco hubo respuesta.

Ni siquiera se detuvo.

Ni siquiera giró la cabeza.

Siguió su camino con la misma calma, con la misma indiferencia… como si ella no existiera.

Emma se quedó quieta en medio del sendero.

La sensación fue extraña.

Como si alguien hubiera apagado una luz dentro de ella.

Justo en ese momento alguien apareció a su lado.

—Emma.

Era Tiago.

Había llegado caminando desde el otro lado del camino.

Había visto la escena.

Había visto cómo Gael se alejaba.

Y había visto la expresión de Emma.

Tiago la observó con preocupación.

—¿Estás bien?

Emma tardó unos segundos en responder.

Luego negó suavemente con la cabeza.

—No.

La sinceridad en su voz sorprendió incluso a ella misma.

Tiago sintió un pequeño nudo en el pecho.

No le gustaba verla así.

Emma siempre había sido fuerte.

Pero ahora…

Parecía confundida.

—¿Quieres hablar? —preguntó él con cuidado.

Emma suspiró.

—No lo sé.

Tiago miró en la dirección por donde Gael se había ido.

Luego volvió a mirarla.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

Emma levantó la mirada hacia él.

Tiago siempre había estado ahí.

Siempre dispuesto a escucharla.

Pero esta vez…

—No —respondió suavemente—. Todo está bien.

Tiago la observó unos segundos más.

No le creyó.

Pero tampoco insistió.

Sabía que Emma hablaría cuando estuviera lista.

—Si cambias de opinión —dijo finalmente—, sabes dónde encontrarme.

Emma asintió con una pequeña sonrisa.

Una sonrisa que no llegó a sus ojos.

Después de eso, cada uno tomó un camino diferente hacia sus dormitorios.

Cuando Emma llegó a su habitación, cerró la puerta con suavidad.

Diana aún no había llegado.

El cuarto estaba en silencio.

Emma dejó su bolso sobre la silla y se sentó en la cama.

Por un momento se quedó mirando sus manos.

Luego se recostó lentamente, mirando el techo.

—No tiene sentido… —murmuró.

Su mente volvió al pasado.

Aquel día en que tuvo que irse del pueblo.

El dolor.

La despedida que nunca pudo hacer.

La carta.

Emma cerró los ojos.

—Claro que la leyó —se dijo a sí misma.

Tenía que haberla leído.

En esa carta le había explicado todo.

Le había contado por qué tenía que irse.

Le había prometido que algún día volverían a verse.

Entonces… ¿por qué la trataba así?

Emma apretó ligeramente la almohada.

—Tal vez… —susurró— solo está confundido.

Después de todo habían pasado muchos años.

Muchas cosas podían haber cambiado.

Tal vez Gael simplemente no sabía cómo reaccionar.

Tal vez necesitaba tiempo.

Emma respiró profundo.

Sí.

Eso debía ser.

Tenía que ser eso.

Mientras tanto, en el dormitorio masculino, Tiago estaba sentado frente a su escritorio.

Tenía una hoja de papel en blanco frente a él.

Había estado pensando en Emma desde que se separaron.

No le gustaba verla triste.

Nunca le había gustado.

Tomó un lápiz.

Pensó unos segundos.

Y comenzó a escribir.

No era una carta larga.

Solo unas pocas palabras.

Algo sencillo.

Algo que sabía que podría hacerla sonreír.

Cuando terminó, dobló la hoja con cuidado.

Pero no de cualquier forma.

Tiago ya tenía experiencia en eso.

Comenzó a doblar el papel con precisión hasta formar un pequeño avión.

Sonrió levemente.

—Como en los viejos tiempos —murmuró.

Se levantó de la silla y salió de su habitación.

El edificio femenino no estaba muy lejos.

Tiago caminó por uno de los senderos laterales del campus hasta llegar cerca del dormitorio de Emma.

Miró hacia arriba.

Reconocía esa ventana.

Había practicado ese lanzamiento más de una vez.

Respiró profundo.

Luego lanzó el avión de papel.

El pequeño objeto blanco voló por el aire con una trayectoria casi perfecta.

Subió.

Bajó ligeramente.

Y finalmente golpeó suavemente la ventana de Emma.

Dentro de la habitación, Emma escuchó el pequeño sonido.

—¿Hm?

Se levantó de la cama y caminó hacia la ventana.

Cuando la abrió, vio el pequeño avión de papel en el suelo.

Su expresión cambió inmediatamente.

Lo recogió.

Desdobló el papel.

Y leyó.

"Baja.Te invito un helado, no acepto un no como respuesta ."

Emma no pudo evitar sonreír un poco.

Era tan típico de Tiago.

Siempre encontraba la forma de animarla.

Caminó hacia la ventana nuevamente y miró hacia abajo.

Allí estaba él.

Apoyado contra un árbol, mirando hacia arriba con una sonrisa tranquila.

Cuando vio que Emma lo miraba, levantó la mano.

—¿Vienes?

Emma dudó solo un segundo.

Luego asintió.

Tal vez…

Solo tal vez…

Un helado era exactamente lo que necesitaba en ese momento.

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Milagros Guadalupe Selvan
muy buen libro espero con ansias lo demás
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