Es una historia intensa y visceral sobre pasión, ambición y lealtad en un universo donde cada decisión puede ser la última.
Un romance envuelto en balas.
Una guerra donde el corazón es el único territorio que no están dispuestos a perder.
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CAPÍTULO 10.
(Narrado por Gabriel)
Tres años no se pueden medir en calendarios... Yo los tuve que medir en noches sin dormir, en puertas que no se abren y en nombres que no puedes pronunciar en voz alta porque alguien podría estar escuchando.
Cuando Aurora desapareció de mi vida, no fue con una despedida limpia. Fue como si me hubieran arrancado un órgano y me hubieran dicho que aprendiera a vivir sin el.
Los primeros meses me convertí en algo patético... La busqué con una fe desesperada, como si el amor fuera suficiente para doblar el destino.
Recorrí calles donde alguna vez se rió conmigo. Toqué puertas que ya no querían abrirse, pagué información falsa solo porque necesitaba creer que alguien sabía algo y me acostaba al amanecer con la sensación de haber fallado otra vez.
Habían noches en que me sentaba solo y repetía su nombre en voz baja, no para que volviera, sino para no olvidarlo yo. Porque el miedo más grande no era que estuviera lejos o muerta... Era que el tiempo empezara a borrarla dentro de mí.
En ocasiones el alcohol ayudaba.
Me la devolvía en espejismos crueles y juraba verla cruzando una calle, sentía su perfume en una habitación donde nunca había estado. Extendía la mano medio dormido esperando tocar su piel… y lo único que encontraba era frío.
Me odié en esa etapa, porque mientras yo me rompía por dentro, el mundo seguía funcionando. Los negocios seguían moviéndose, las rutas seguían cambiando de dueño y yo, que siempre había sido calculador, me volví un hombre que reaccionaba por impulsos y eso casi me cuesta la vida más de una vez.
Ahí entendí algo que me dolió admitir: buscarla con el corazón abierto me estaba matando. Así que hice lo que siempre hago cuando algo me supera.
"Cerré todo"
No solo el dolor, cerré la ternura, cerré la duda y cerré la parte de mí que todavía esperaba verla aparecer en cualquier esquina. Y convertí la angustia en método, el insomnio en planificación y la ansiedad en vigilancia.
Mientras el sur se deshacía en guerras inútiles, yo aprendí a no perder energía en el ruido. Mientras otros gritaban.
Yo escuchaba, mientras otros disparaban.
Yo registraba errores, otros traicionaban por orgullo.
Yo compraba silencio, haciéndome cada vez más fuerte por ambición.
Me hice fuerte porque necesitaba que nada volviera a arrancarme algo así.
(Así nació el Jaguar).
No por el deseo de poder, sino del miedo a volver a sentirme indefenso y si alguien cruzaba una línea, la respuesta era exacta. Sin rabia visible y sin espectáculo.
Aprendí que el verdadero control no está en el volumen de la amenaza, sino en la certeza de la consecuencia.
Construí estructura donde antes había caos y convertí territorios frágiles en sistemas predecibles organizando rutas, limpié pérdidas, eliminé improvisaciones. El sur dejó de sangrar desordenadamente y se volvió eficiente.
Pero por dentro, yo seguía sangrando en silencio.
El primer invierno sin Aurora fue insoportable y dormir se volvió un castigo.
Soñaba que corría hacia ella mientras algo ardía alrededor... Siempre había humo... Siempre fuego... Siempre esa distancia mínima que nunca lograba cerrar. Despertaba con el pecho ardiendo, como si el incendio fuera real.
Con el tiempo dejé de buscarla todos los días, no porque la hubiera superado, si no porque entendí que si no la guardaba en un lugar más profundo, me iba a destruir. Así que aprendí a vivir con el dolor como quien aprende a caminar con una cicatriz que tira cuando cambia el clima.
Fue entonces cuando apareció Valentina en mi vida. No fue que me salvara o quitara mi dolor, más bien diria yo que fue estabilidad.
Valentina era orden donde yo era tormenta contenida. ella no intentó rescatarme ni competir con mis fantasmas. Ella me ofreció algo que hacía años no tenía: descanso, silencio sin angustia y conversaciones sin fantasmas.
(Con ella dormía mejor)
No porque la quisiera con la misma intensidad, sino porque no despertaba llorando en sueños que no podía explicar y a su lado ya no había incendios... Solo había calma.
La respetaba, la cuidaba y era honesto en lo práctico. Cuando me preguntó si hubo alguien antes, dije que sí... No mentí y tampoco dije cuánto seguía doliendo.
...****************...
Durante tres años sostuve esa versión de mí mismo: disciplinado, organizado, blindado. Hasta que la volví a ver.
No estaba idealizada por la memoria... Ella estaba allí, más fuerte, más fría y con una mirada que había aprendido a sobrevivir sin mí... Y eso fue lo que más dolió.
Porque mientras yo me convertí en un hombre de hielo para no quebrarme, ella también había cambiado. Ya no era la chica que dejé atrás, ya era alguien que había aprendido a resistir la vida sola.
Desde ese día regresaron los sueños, pero ahora no corría hacia ella. Ahora estaba a su lado mientras todo ardía alrededor nuestro.
Tres años me enseñaron a gobernar territorios, a construir sistemas, anticipar traiciones y me enseñaron a no temblar cuando otros lo hacen.
Pero no me enseñaron a olvidar cuanto Amo a Aurora y lo peor no es que vuelva a arder cuando la veo. Lo peor es saber que, si tengo que elegir entre el equilibrio y el incendio… Una parte de mí siempre va a correr hacia el fuego.
Días después no planeé volver al taller, al menos eso fue lo que me repetí mientras manejaba sin rumbo por las calles... Pero el volante parecía tomar decisiones por mí, girando en direcciones que mi cabeza intentaba evitar.
Cuando llegue al taller me quedé dentro del auto varios minutos, mirando el lugar donde la había visto esa tarde, hasta que decidí bajarme...
La vi antes de que ella me viera, ella estaba inclinada sobre el motor de un auto, con las manos manchadas de grasa y el cabello recogido de forma desordenada, como si el mundo entero fuera solo ruido de fondo y ella estuviera concentrada en hacer funcionar el motor.
Tres años buscándola en recuerdos, en sueños, en rostros equivocados y de pronto ella vuelve a ser real.
Tres años convenciéndome de que podía vivir sin ella… y bastó verla cinco segundos para entender que me había estado mintiendo todo este tiempo.
ella claramente le dijo que era una trampa pero el de disque macho se fue y cayó en el anzuelo a si que no venga a reclamar nada 😡
despues de aquí seguro aparecerá la valentina esa ocupando el lugar de aurora