En el continente de Saderia, un lugar mágico, hermoso y medieval todas las razas de seres convivían en paz. Pero la raza de los dragones por su prepotencia , decidieron ellos ser la raza dominante y comenzó una guerra con los humanos, elfos, trolls y Orcos gigantes. Cuando los dragones estuvieron a punto de ser derrotados la reina de los dragones hizo un ritual y creó en el círculo del fin al primer y único sangre de Dragon conocido como El Oscuro. Este ser salvó a los últimos 4 dragones y los repartió por todo el continente. 100 años después un joven llamado Reinders es la primera reencarnación de El Oscuro el cual se encuentran de casualidad uno de los cuatro dragones en una chica ,comenzó así su aventura , su enfrentamiento con su destino.
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CAPÍTULO 21: EL TRIPLE PUNTO DE MUERTE
El amanecer sobre Astrea tenía un color extraño.
El cielo, antes dorado, ahora parecía manchado de rojo. Las campanas de la capital resonaban sin cesar mientras cientos de sanadores, caballeros y mensajeros corrían por los pasillos del castillo.
En una de las cámaras principales, Drop yacía sobre una cama de piedra, su cuerpo cubierto de vendajes y su mirada fija en el techo.
El Rey Aldor de Astrea lo observaba en silencio.
—¿Así que ese demonio… es más fuerte que cualquier enemigo que hayamos enfrentado? —preguntó con voz grave.
Drop sonrió débilmente.
—“Más fuerte” no lo describe, Majestad. Valor no pelea… existe. Cada golpe suyo es como si el mundo entero respirara con miedo.
La Reina Lyra de los elfos frunció el ceño.
—¿Dices que alcanzó la cúspide del cuarto nivel del Rango Genio?
—Así es —asintió Drop—. Y lo peor… es que parece que ni siquiera ha mostrado todo su poder, lo que hizo fue jugar conmigo por mucho que me duela admitirlo.
El Rey Einar de Nordia golpeó la mesa.
—Entonces no bastará con ejércitos. Necesitamos guerreros, símbolos. Aldor miró hacia el horizonte, recordando el nombre que aún resonaba entre las sombras.
—Entonces, que convoquen a Reinders. El portador de Coleman debe volver y liderar.
Esa orden marcó a la Comunidad del Dragón y el regreso del Oscuro para la batalla.
En las profundidades de Ertad Triber, Reinders observaba las forjas enanas chispear como estrellas.
El eco del martillo de Trok retumbaba en la bóveda de roca.
—Mithril… —murmuró Reinders, con la vista en una veta de metal azul plateado—. Lo que vinimos a buscar ya no importa.
Mar, con los brazos cruzados, asintió.
—Si Valor está suelto, el comercio no servirá de nada si el mundo desaparece. Estu, que estaba junto a un mapa rúnico, levantó la mirada.
—Entonces volvemos a Astrea. No hay tiempo que perder.
Reinders clavó la espada Coleman en el suelo. Una voz resonó en su mente, grave y serena.
> “Por fin lo entiendes. No se trata de buscar poder… sino de protegerlo.”
Él sonrió, sin responderle en voz alta.
—Vamos, Coleman. Tenemos trabajo que hacer.
Durante el camino hacia la superficie, se reencontraron con Creta, que los esperaba en el límite de la montaña. Su armadura estaba dañada, pero su espíritu ardía.
—Sabía que volverías, Reinders. —Lo abrazó sin reservas, con un cariño tan intenso como tan hermoso—. Y lo harás en el momento justo.
Así, los cinco —Reinders, Mar, Estu, Creta y Trok— emprendieron el viaje de regreso a Astrea.
El camino estuvo marcado por la tensión y la esperanza. Todos sabían que la batalla definitiva se acercaba.
Los nuevos héroes de la Cumbre se presentan, las mejores promesas del mundo emergen.
El salón de audiencias del castillo de Astrea estaba repleto. Caballeros, arqueros, magos y orcos poderosos esperaban mientras los líderes de la cumbre observaban desde lo alto. Reinders, con su capa roja ondeando, se arrodilló ante los reyes.
—Yo, Reinders de la Comunidad del Dragón, juro servir a la Alianza de los Reinos hasta que el mal sea destruido.
El Rey Aldor levantó su mano.
—Desde hoy, serás el capitán del escuadrón principal. Te acompañarán los guerreros más prometedores de cada raza.
Uno a uno, los nuevos miembros dieron un paso al frente:
Esi, una espadachina humana de cabello corto y ojos dorados, cuya velocidad se comparaba con la luz.
Eslan, su hermano gemelo, un hechicero que manipulaba la energía del viento con precisión quirúrgica.
Legolas, el mejor arquero del mundo élfico, cuyo arco tallado en madera ancestral podía romper la distancia misma.
Y Bambam, el coloso orco que soltó una carcajada al ver a Creta.
—Vaya, vaya… ¿la legendaria Capitana Dragón convertida en aliada? Espero que no te hayas oxidado.
Creta sonrió con colmillos afilados. —Solo lo suficiente para no matarte en el primer golpe.
Las risas y los murmullos aligeraron la tensión.
Reinders los observó a todos con una mezcla de respeto y curiosidad.
—Si somos la esperanza del continente, será mejor que aprendamos a pelear juntos… o morir juntos.
El renacer del mal: el Triple Punto de Muerte el equipo de asalto de Valor hace su aparición como la mayor amenaza.
En lo más profundo del Valle del Norte, una oscuridad pulsaba como un corazón. Allí, en un trono de ceniza y huesos, Valor observaba dos runas flotando ante él: las mismas que habían pertenecido al Círculo del Fin.
—Dos fragmentos del apocalipsis… —murmuró—. Perfectos para lo que necesito.
De la sombra surgieron dos figuras:
Velsebu, un demonio de alas negras, brazos largos y cuernos cristalinos, con el poder de pudrir la magia.
Y Kitoria, una demonia de piel azul oscura, cuyos ojos reflejaban galaxias vacías. Su poder , las sombras y las ilusiones.
Valor levantó su mano, y las runas se incrustaron en sus pechos. Ambos gritaron mientras su poder estallaba en ondas que deformaban el aire.
—Ahora —dijo el demonio supremo—, son del primer nivel del Rango Genio.
Detrás de ellos, se acercó una tercera figura: Elsa, la Emperatriz Dragón de Lava Demoníaca, con su mirada perdida en un fuego triste.
Valor sonrió con satisfacción.
—Mis tres estrellas de la ruina… mi Triple Punto de Muerte.
El suelo tembló bajo su poder combinado.
—Vayan, y preparen la caída del mundo.
El entrenamiento del Escuadrón del Dragón, fue un entrenamiento para medir sus habilidades y saber las potencialidades de cada uno.
De vuelta en Astrea, los cielos se despejaron lo suficiente para un respiro. Reinders, ya investido como capitán, reunió a su equipo en el campo de entrenamiento. Su capa ondeaba mientras giraba la espada Coleman con serenidad.
—Bien —dijo, con media sonrisa—. Si vamos a luchar contra demonios del rango Genio, necesito saber de qué están hechos.
Esi arqueó una ceja. —¿Una práctica?
—Exacto —contestó Reinders—. Los cuatro contra mí.
Eslan se rió. —¿Estás bromeando?
—No.
El aire se volvió tenso. Un segundo después, Reinders desapareció.
Esi apenas alcanzó a reaccionar cuando su espada chocó con un puño negro con marcas de runa. Reinders apareció a su lado, su mirada fría pero divertida, y su forma, era la transformación rúnica de el Oscuro.
—Buena velocidad. Pero predecible.
Eslan conjuró un torbellino que lo levantó por los aires.
—¡Veamos si puedes con esto!
Reinders cortó el viento en dos con un movimiento limpio, aterrizando frente a Legolas, quien ya había disparado tres flechas.
Cada proyectil era un trazo de luz. Reinders las desvió con el filo, una tras otra, hasta que una rozó su mejilla.
—Bonito disparo.
—Y eso fue sin apuntar —respondió Legolas con media sonrisa.
Entonces, el suelo tembló. Bambam apareció de un salto, su maza gigantesca cayendo como un trueno.
Reinders apenas bloqueó el golpe; la fuerza del impacto levantó polvo por todo el campo.
Mar, Creta y Estu observaban desde la distancia, asombradas.
Trok mascó su pipa. —Por todos los dioses del hierro… ese humano pelea como si el mismísimo fuego le obedeciera.
La batalla se prolongó varios minutos. Finalmente, Reinders se plantó firme, elevando su espada al cielo. La energía de luz y oscuridad se fusionó en torno a él: el Eclipse Viviente, su técnica final pero en una versiónmas débil. El suelo vibró y todos los contrincantes fueron derribados con una onda expansiva controlada. Cuando el polvo se disipó, Reinders envainó Coleman y sonrió.
—No está mal. Pueden sobrevivir al primer minuto de batalla.
Esi se levantó, jadeando. —¿Primer minuto?
—Sí —respondió él, mirando al horizonte—. Porque con Valor… eso es todo lo que durará el mundo cuando él decida destruirlo.
Silencio. Todos entendieron que aquello ya no era un simple entrenamiento. Era la antesala del fin.
El viento sopló desde el norte, trayendo un olor a ceniza. Reinders levantó la vista y murmuró, como si recibiera una señal de algo o de alguien:
—Entonces, a sique el “Triple Punto de Muerte”… nos veremos pronto.
Y así, el rugido de la Devastación volvió a despertar.