Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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3 LA PASTORA DE OVEJAS
Sentí el sol helado en mi cara y desperté. ¿Fue papá? Estoy segura de que sí, era su voz. ¿No quería llorar, sería como uno de los cuentos que me leía?
Analía era la novia dél capitán que lo esperaba en el muelle y se volvió loca de la pena, hasta que el regresó y con él, ella recuperó la razón y vivieron felices para siempre. Era feliz escuchando su voz y las historias que me contaba.
No quiero volverme loca. Cómo si los pensamientos cobrarán voz, un pequeño pajarito tocó mi ventana.
Me tiré abajo, quería tomar un chocolate caliente. Con pan tostado. Así que encendí el fuego. Aún me quedaban astillas, pero hoy tendría que picar de nuevo. Mi pan estaba un poco duro. Pero me aguantaba hasta mañana.
Mis días comenzaban así.....
Era un bonito día. Los balidos de las ovejas se sentían a lo lejos.
Tomé mi chocolate, debían ser como las siete de la mañana o a lo mejor un poco antes. Comencé a buscar rastros de ratones. Pero al parecer se habían ido. Fueron semanas que se negaron a irse, pero finalmente los había vencido, ya no había rastros de ellos.
Llevaba un mes viviendo así, sola, solo rodeada con ovejas.
Caminé y me quedé en la cumbre mirando. Mi mirada se llenaba de ovejas, cerros, árboles y hermosas nubes que cubrían algunas puntas.
Soplaba una leve brisa. Y a lo lejos divisé una humareda
¿Se veía cerca, pero había muchas bajadas y subidas de montes, así que era lejos. Ósea que había personas que vivían relativamente cerca. Sería don Ezequiel, el amigo cascarrabias de Papi?
O capaz que solo está imaginando.
Aunque diariamente le hacía mejoras a la casa, siempre había algo que seguir arreglando. El piso carcomido, el techo en que se filtraba un poco de luz por lo que cuando llegaran las lluvias, sin duda me entraría agua. Mañana trataría de subirme y parchar con una tabla, habían clavos estaban oxidados pero servían.
¿Mi mayor problema era, que ponerle a las ventanas para cerrarlas?. No habían vidrios ni tampoco nylon. No quería ponerle madera. Todo quedaría oscuro y no era justo.
Amaba la luz, aún el tiempo estaba bueno, aunque las noches ya estaban enfriando y pronto empezarían las lluvias y el viento, debía cubrirlas. Eran dos ventanas pequeñas. La única solución que encontré era cortar uno de mis vestidos y la otra cortar un pedazo de mi frazada. Pero era temprano aún, a lo mejor se me ocurría otra idea. Mientras tanto hoy era día de limpieza de muebles.
Los había recuperado de a poco, cuando llegue comence con uno viejo, de madera, pesado y lleno de caca de ratón, me subí sobre una silla y lo limpie con detergente. No tenía hoyos por dentro y fue perfecto para guardar mi mercadería. La loza y las ollas las lavé en la vertiente y las fuí lavando una a una, sacaba agua y las fregaba, sin ensuciar el curso del agua. . Y yo me bañé también, Papi decía que las personas debemos oler bonito. No sé que significaba, pero el agua para mí significaba limpieza. El jabón lo usaba para todo, mi pelo y mi cuerpo. así había empezado.
La tarde transcurrió tranquila.
Fuí a pasear y ver a las ovejas. Pero como siempre salieron despavoridas. Los pocos pequeños que habían seguían a sus madres. Aún no era época de parición. Así que me senté y no me moví más. Se escuchaba y se veía hermoso. Después de un rato una de ellas vino a olfatearme. Luego otra y otra. En un santiamén estuve rodeada de ovejas. Les hablaba suave y también les empecé a cantar.
Nunca había convivido con animales. A Jimena no le gustaban y para no enfadarla papá nunca tuvo ni gatos ni perros. Ahora estaría sola conviviendo con ovejas quizás cuánto tiempo. Sus miradas inocentes no me quitaban la vista, hasta que ya no fui de su interés y me dejaron, para volver a comer pasto.
El silbar del viento ululaba fuerte. Las miraba pastar, eran muchas, nunca comprendí hasta ahora sentada, que ellas serían mi mundo, las tendría que cuidar. Y como podría cuidarlas si solo era una niña, que tenía miedo y que no sabía nada de ovejas, ese sería ahora mi trabajo, no estudiar, no jugar, era ahora era una pastora de ovejas.
No me había dado cuenta pero estaba llorando.
Lloraba por estar sola, porque no era justo. Él no se debería haber ido. Siempre fuimos Papi y yo, él era mi mundo, él que respondía todas mis preguntas, él que me enseñaba a leer y a escribir, con quién cocinaba y reía.
Ahora a mi alrededor no había nada. Solo cerros y ovejas.
Trataba de no llorar, pero me sentía tan pequeña.
Estaba tiritando, tenía frío, me levanté y caminé hacia la casa. No quería seguir pensando. Llené la estufa con la poca leña que me quedaba y me tiré en el catre a dormir.
Me desperté estaba todo oscuro, tenía mucho frío y sed. No podía controlar el tiritar. Pero tampoco era capaz de ir a buscar a agua.
Cerré mis ojos y por primera vez le pedí a Papá que me llevará con él. No era capaz de seguir viviendo así.
Me dolía la cabeza y transpiraba helado.
--Papito llévame!! Le gritaba
--Perdoname no soy la niña valiente que creías, soy una cobarde temerosa.
Abría los ojos y trataba de levantarme quería agua, tenía tanta sed. Y no podía.
Desperté y estaba en el suelo. Ya no quería levantarme.
Pero sentí a mi Papi, por fin había venido por mi.
--Gracias Papá, por acordarte de mi. Vámonos estoy lista. Quería verlo y no podía
No era Papi, y el corazón me dolió, él no había venido a buscarme.
El sueño me venció..... Todo era oscuro....lo único que escuchaba era el viento que se filtraba por las ventanas.
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Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!