Charlotte Callahan, una brillante científica investigadora, desaparece sin dejar rastro durante una expedición. Lo que debía ser una misión de rutina termina convirtiéndose en el mayor descubrimiento de su vida... y en el más peligroso.
Despertar en un mundo desconocido, donde la naturaleza desafía toda lógica y criaturas imposibles habitan cada rincón, obliga a Charlotte a hacer lo único que sabe hacer: observar, analizar y sobrevivir. Armada únicamente con su conocimiento, una mochila llena de instrumentos científicos y una inquebrantable curiosidad, comienza a documentar cada hallazgo mientras busca desesperadamente una forma de regresar a casa.
Pero cuanto más se adentra en aquel mundo salvaje, más difícil resulta explicar lo que sus propios ojos contemplan... y aún más difícil ignorar al enigmático hombre de alas de fuego que parece observar cada uno de sus pasos desde las alturas.
NovelToon tiene autorización de Mrs. Moralita para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La búsqueda en la montaña
Capítulo 3
El silencio de la montaña era muy distinto al de la ciudad.
Aquí no existía el rumor constante de los automóviles ni el murmullo lejano de las personas. Solo el viento acariciando las copas de los árboles y el canto ocasional de algún ave rompían la tranquilidad del bosque.
Ari cerró la puerta de su automóvil y observó el sendero que se internaba entre los pinos.
Colocó la mochila sobre una roca y realizó una última inspección.
—Todo en orden.
Desplegó el mapa topográfico.
Con ayuda de la bitácora de Charlotte ubicó el primer punto registrado durante la expedición.
Habían pasado casi tres meses y el bosque cambiaba constantemente.
Pero sí podía seguir la lógica de la ruta.
Los primeros kilómetros resultaron sencillos.
El sendero estaba claramente marcado y, de vez en cuando, encontraba pequeñas señales utilizadas por excursionistas.
Ari avanzaba con un paso constante.
Su instructor scout solía repetir una frase que jamás olvidó.
"Quien corre en la montaña no ve los obstáculos.
Quien observa sin prisa... llega lejos."
Por eso levantaba la vista cada pocos metros.
Observaba el terreno.
Las huellas recientes de algunos animales.
La dirección del viento.
Todo podía convertirse en información útil.
Las anotaciones de Charlotte coincidían exactamente con el paisaje.
"Arroyo de corriente lenta.
Rocas graníticas con presencia de cuarzo.
Vegetación abundante."
Ari levantó lentamente la vista.
Era el mismo lugar, no había duda.
Su hermana había estado allí.
Por primera vez desde su desaparición, no estaba leyendo un informe.
Estaba caminando literalmente sobre sus pasos.
Guardó la libreta y continuó ascendiendo.
Conforme ganaba altura, el sendero comenzó a desaparecer.
Los árboles crecían cada vez más juntos y las ramas obligaban a avanzar con mayor cuidado.
Ari consultó nuevamente el mapa.
Según las coordenadas...
Debía dirigirse hacia el oeste.
Sacó la brújula.
La aguja marcó la dirección correcta.
—Perfecto.
La chica reanudó la marcha mientras chiflaba una canción.
Una hora después encontró algo inesperado.
Una pequeña cinta naranja atada a la rama de un árbol.
Frunció el ceño.
Aquellas cintas eran utilizadas por los equipos científicos para marcar puntos de muestreo temporales.
Se acercó lentamente.
Ari buscó alrededor.
A pocos metros descubrió una pequeña estaca de madera clavada en el suelo.
Sobre ella apenas podía distinguirse un número escrito con marcador permanente.
57
El corazón comenzó a latir con fuerza.
Abrió la bitácora y buscó:
"Muestra 57.
Granito con alta concentración de magnetita.
Continuaré avanzando unos cientos de metros. He detectado una anomalía que merece ser investigada."
Eso era todo.
Ari levantó lentamente la mirada.
Frente a ella no existía ningún sendero.Solo un bosque espeso.
Respiró hondo.
—Así que fue por aquí...
Apartó varias ramas con cuidado mientras avanzaba montaña arriba.
Sin darse cuenta...
Acababa de abandonar el último lugar donde alguien podía seguir sus pasos.
La vegetación era mucho más densa de lo que esperaba. Los árboles crecían tan juntos que apenas permitían el paso de la luz, proyectando largas sombras sobre el suelo cubierto de musgo.
No existía ningún sendero registrado en aquella dirección.
Eso significaba que Charlotte también había tenido que abrirse paso entre la maleza
No estaba caminando por un lugar elegido al azar.
Estaba siguiendo la decisión que su hermana había tomado meses atrás.
Un par de metros más adelante encontró una roca de gran tamaño.
Su superficie estaba marcada.
Era una marca hecha con gis de campo.
—Claro...
Charlotte acostumbraba marcar discretamente algunos puntos cuando necesitaba regresar por la misma ruta.
Aquel pequeño trazo confirmaba que iba por el camino correcto.
Conforme ascendía, el terreno comenzó a cambiar.
El bosque también parecía diferente.
Los pinos eran sustituidos poco a poco por árboles más antiguos, de troncos gruesos y retorcidos.
Las raíces sobresalían del suelo como enormes serpientes de madera.
El aire se volvió más fresco.
Y el silencio...más profundo.
Ari se detuvo unos segundos.
Solo escuchó el sonido de sus propias pisadas.
Frunció ligeramente el ceño.
Aquello era extraño.
Incluso en los bosques más aislados siempre existían sonidos de la naturaleza.
Continuó caminando.
A los pocos minutos descubrió otra señal.
Un trozo de tela permanecía atrapada entre unas ramas.
Era un paliacate que Charlotte solía usar alrededor del cuello.
Estaba algo sucio lo que denotaba que había pasado un tiempo expuesto.
Miró alrededor.
No encontró nada más.
Su reloj marcaba poco más del mediodía cuando decidió hacer una breve pausa.
Mientras descansaba volvió a abrir la bitácora.
Las últimas anotaciones legibles eran cada vez más breves.
"Lecturas inconsistentes."
"El campo electromagnético aumenta de forma irregular."
"Será necesario repetir las mediciones."
Después...Las páginas arrancadas.
Ari pasó lentamente el dedo por el borde del papel.
—¿Qué fue lo que encontraste...?
Entonces recordó algo.
Abrió uno de los bolsillos laterales de la mochila.
Sacó una pequeña brújula de mano.
Solo quería confirmar su posición antes de continuar.
La aguja señaló el norte.
Todo parecía normal.
Guardó la brújula y reanudó la marcha.
No habían pasado ni quince minutos cuando una ligera vibración recorrió el bolsillo de su pantalón.
Extrañada, sacó el teléfono móvil.
No había señal.
Lo esperaba.
Sin embargo...
La pantalla se había encendido sola.
Parpadeó una vez, después otra y volvió a apagarse.
Ari intentó encenderlo.
Nada.
La batería seguía completamente cargada.
—Qué raro...
Lo guardó nuevamente.
Quizá la humedad estaba afectando algún contacto.
No sería la primera vez.
Continuó caminando.
Unos cien metros más adelante volvió a sacar la brújula.
Esta vez la aguja tardó unos segundos en estabilizarse.
Giró lentamente.
Después regresó al norte.
Ari permaneció inmóvil.
Observándola.
—¿Interferencia...?
Esperó unos segundos más.
La aguja dejó de moverse.
Negó con la cabeza.
—Probablemente magnetita.
Aunque...
Decidió no darle demasiada importancia.
Al fin y al cabo, Charlotte también había encontrado concentraciones importantes de minerales magnéticos en aquella zona.
Guardó nuevamente la brújula.
Apenas había dado unos pasos cuando un destello llamó su atención.
Entre los árboles, a unos treinta metros de distancia, algo reflejó la luz del sol.
Ari cambió de dirección.
Con cuidado apartó unas ramas.
El objeto permanecía semienterrado entre las hojas secas.
Se agachó.
Retiró la tierra con la mano.
Era una pequeña estaca metálica.
En uno de sus extremos todavía conservaba una etiqueta plástica.
A pesar del barro, podía leerse claramente una inscripción.
Instituto Nacional de Investigación Geológica.
Ari sintió que un escalofrío recorría su espalda.
Aquella estaca pertenecía al equipo de Charlotte.
Su respiración comenzó a acelerarse.
Hasta ese momento solo había seguido mapas y anotaciones.
Ahora tenía frente a ella otra evidencia física de que su hermana realmente había llegado hasta aquel lugar.
Levantó la vista.
El bosque continuaba extendiéndose delante de ella, inmóvil y silencioso.
Por primera vez desde que comenzó la caminata, Ari tuvo la certeza de que estaba a solo unos pasos del punto donde Charlotte Callahan había desaparecido sin dejar rastro...
no te podías esperar unos días mas🤭
te queremos autora🥰🥰
un maratón 💘💘👏👏☺️☺️
que emoción 💘 bueno...será que la va a reclamar?🥰
cómo que el mushasho la puso nerviosa🤭🥰
Supongo que la marca hace sentir al compañero las emociones de tristeza, alegría o peligro? porque no lo veo como una simple marca
jajajaja si el no se quema con su fuego❤️🔥 nosotras si🤭🤭
creí que fluirian como el agua
bueno...si es que funciona, no lo tendrá tan fácil este lobito🤭