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LA SOMBRA DE LA PANTERA

LA SOMBRA DE LA PANTERA

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Ante la alta sociedad, él es un respetable magnate textil y un esposo devoto; en la sombra, es un despiadado mafioso que asesinó al padre de su esposa para doblegarla. Durante años, ella soportó amenazas, humillaciones y el chantaje de perder a su hijo, fingiendo debilidad mientras aprendía en secreto el arte de la supervivencia y la muerte.
Cuando creyó librarse mediante un lento veneno y una huida perfecta, el pasado regresó exigiendo venganza. Ahora, la mujer sumisa que solo "ladraba" ha muerto; en su lugar ha surgido la temida leyenda del bajo mundo conocida como La Pantera Negra. Un ajuste de cuentas definitivo donde el cazador se convertirá en la presa.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: La sangre de su propia sangre

​El patio trasero de la cabaña seguía impregnado del olor a pólvora, sudor frío y el rastro amargo del sufrimiento. Las respiraciones cortadas y los sollozos ahogados de Catalina, Brenda y Marcia formaban un coro lastimero que contrastaba brutalmente con el silencio imponente de los hombres de la Pantera Negra. Rogelio, tirado en la gravilla con la mano destrozada y el rostro cubierto de sangre, temblaba no solo por el dolor físico, sino por la devastación absoluta de ver a su clan reducido a jirones.

​—Ya... ya basta, Ariadna —balbuceó Rogelio con la voz completamente rota, levantando la vista empañada por las lágrimas hacia los zapatos tácticos de su exesposa—. Tienen lo que querían... están pagando por sus culpas... Pero ten piedad de ellas, te lo suplico. Déjalas ir. Mátame a mí, hazme lo que quieras, pero sácalas de aquí.

​Valeria se agachó lentamente, apoyando una rodilla en el suelo polvoriento y lo miró con una frialdad absoluta.

​—¿Ahora sí pides clemencia, Rogelio? ¿Ahora sí te importa el dolor ajeno? —le siseó Valeria al oído, tomando con firmeza el mentón del mafioso para obligarlo a mirar a su madre y a su exesposa—. Cuando asesinaste a mi padre delante de mi hijo de siete años, ¿acaso tuviste piedad de mí? Cuando ordenaste golpear a mi madre hasta casi matarla, ¿te importó el dolor que causabas? No pidas lo que jamás supiste dar.

​Antes de que Rogelio pudiera articular otra súplica, el sonido amortiguado de pisadas apresuradas y el motor de un vehículo acercándose por el camino de tierra rompió la tensión del momento. Dos de los guardias del perímetro avanzaron rápidamente hacia Valeria, flanqueando a una persona que traían sujeta por los brazos.

​—Patrona, revisamos lo que nos mandó a revisar y encontramos a alguien escondido en la mansión —informó uno de los hombres con voz seria, soltando a la persona en el centro del patio.

​Al disiparse la oscuridad de la sombra, los ojos de Rogelio y Marcia se abrieron desmesuradamente, desprendiendo un grito de pura desesperación y horror colectivo.

​—¡Isabella! —bramó Rogelio, intentando arrastrarse hacia la joven de quince años.

​Era Isabella, la hija mayor de Rogelio y Marcia, la niña que había crecido bajo el manto de la adoración absoluta de su padre, protegida de los oscuros secretos de la mafia y criada entre lujos y privilegios dorados. Tenía los ojos anegados en lágrimas, el cabello revuelto y el rostro pálido como el papel al ver los cuerpos inertes de los guardaespaldas y a su abuela, su tía y su madre atadas y maltrechas.

​—¡Papá! ¡Mamá! ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando aquí? —gritó Isabella con un hilo de voz, aterrorizada, mirando a su padre en el suelo y a su abuela Catalina con los brazos dislocados y ensangrentados.

​Marcia soltó un alarido desgarrador, retorciéndose en la silla de metal.

​—¡No! ¡Isabella, mi niña, vete de aquí! ¡Huye! —chillaba Marcia con histeria, golpeándose contra las ataduras al ver que su adorada hija había caído en la boca del lobo.

​Catalina, a pesar del dolor insoportable en sus articulaciones, gimió con la voz destrozada:

​—¡Ay, Dios mío, no te acerques, mi amor! ¡Este es un monstruo! ¡Sálvate!

​Isabella, temblando de pies a cabeza, dio un paso tambaleante hacia adelante, buscando la protección de su padre, pero se detuvo en seco al ver a la mujer vestida de negro que se interponía en su camino con una mirada implacable. La joven reconoció vagamente los rasgos de aquella diseñadora que antaño trabajaba para su padre en la empresa textil, aunque la energía que desprendía ahora era la de un demonio despiadado.

​—Por favor... no le haga daño a mi familia —suplicó Isabella con la voz quebrada, rompiendo en un llanto inconsolable mientras caía de rodillas sobre la gravilla fría, mirando directamente a los ojos a Valeria—. No sé qué le hayan hecho, pero se lo suplico... perdónelos. Si tiene que cobrarle a alguien, cóbremelo a mí, pero déjelos en paz. Se lo ruego, señora... perdón.

​El silencio que siguió fue sepulcral. Rogelio sintió que el poco oxigeno que le quedaba en los pulmones desaparecía. Ver a su adorada Isabella, la niña de sus ojos, la princesa intocable de su imperio, arrodillada en el suelo y pidiendo perdón y clemencia llorando desconsoladamente ante los pies de la mujer que él había destruido, fue el golpe más devastador que jamás pudo imaginar.

​—¡Isabella, no te arrodilles ante esta maldita! —gritó Rogelio con furia impotente, escupiendo sangre mientras intentaba inútilmente levantarse—. ¡No le suplicarás piedad a nadie! ¡Mátame a mí, Ariadna, pero déjala fuera de esto! ¡Es una niña!

​Valeria miró a la joven durante unos segundos interminables. Su rostro se mantuvo inexpresivo, esculpido en piedra, recordando los miles de días en que su propio hijo Luciano había tenido que morderse los labios para no llorar frente a ellos.

​—Una niña... —susurró Valeria con voz amarga, dando un paso lento hacia Isabella, quien cerró los ojos esperando lo peor—. ¿Acaso crees que tu padre pensó en los hijos de los demás cuando destruyó mi familia? ¿Acaso tu abuela o tu tía pensaron en mi dolor cuando aplaudieron el asesinato de mi padre frente a los ojos de mi hijo de siete años?

​Isabella sollozaba sin consuelo, con las manos juntas frente al pecho, balbuceando un perdón constante.

​—Yo no sabía nada... se los juro que no sabía nada... ¡Perdónanos! —repetía la adolescente con desesperación.

​Marcia y Catalina lloraban histéricas, rogando clemencia y pidiendo que perdonaran a la criatura que no tenía culpa de los pecados del imperio Monasterio. Rogelio, por primera vez en su vida de poder y tiranía, dobló completamente la cabeza contra el suelo, vencido por la humillación, llorando lágrimas de sangre mientras su alma se desgarraba al ver a su sangre suplicar de rodillas ante la Pantera Negra.

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LUZ AMPARO SALINAS ANGULO
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏se a abo la guerra/Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
LUZ AMPARO SALINAS ANGULO
Ojo pof ojo la ley.del maz fuerte🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Renata Mabel
me encanta esta historia 🦆✨
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