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Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Posesivo
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

**Soy Madre del Hijo Mafioso por Accidente**

Solo quería ayudar a una niña perdida en el centro comercial, pero terminé siendo adoptada por ella… ¡y aceptada por su padre mafioso!

Ahora vivo en una mansión, tengo guardaespaldas siguiéndome y una pequeña que insiste en llamarme mamá.

¿Y su padre? Un hombre despiadado que parece dispuesto a concederle todos sus caprichos, incluso quedarse conmigo.

¡Yo no soy un perro para que me adopten! ¡Y mucho menos la esposa de un mafioso!

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 11

La mansión parecía un hormiguero.

Empleados corriendo de un lado a otro, arreglos florales por todas partes, botellas de champán entrando por la puerta principal y hombres vestidos de negro revisando cada rincón. Al parecer, organizar una fiesta para los socios de la mafia requería más preparativos que organizar una boda real.

Genial.

Justo lo que necesitaba para completar mi experiencia como prisionera de lujo.

Me encontraba frente al espejo, contemplando el vestido que había elegido el día anterior. Era elegante, de un tono oscuro que resaltaba mi figura, y tenía un corte que me hacía sentir mucho más sofisticada de lo que realmente era.

Me acomodé el cabello y sonreí.

La verdad era que empezaba a acostumbrarme a ciertas cosas de aquella mansión.

Tenía una cama cómoda, comida deliciosa, ropa preciosa y una niña que me seguía a todas partes como si yo fuera su sombra.

No estaba acostumbrándome al secuestro, por supuesto.

Solo a las comodidades.

Había que establecer prioridades.

—No sé cuidar de mí misma, pero parece que tengo talento para cuidar niños —murmuré mientras terminaba de arreglarle el cabello a Sofía—. Ya tengo algo que poner en mi currículum.

La pequeña, sentada frente al espejo, levantó la cabeza.

—¿Qué es un currículum?

—Un papel donde dices todas las cosas que sabes hacer para conseguir trabajo.

—¿Y tú qué sabes hacer?

Me quedé pensando.

—Comprar cosas, comer, escapar de mafiosos y cuidar princesas.

Sofía soltó una carcajada.

—¡Entonces eres la mejor mamá del mundo!

Mi corazón se encogió un poquito.

La abracé por detrás y le besé la mejilla.

—Tú sí que sabes cómo convencer a una mujer de que haga cualquier cosa.

—¿Vas a quedarte conmigo siempre?

La pregunta me tomó desprevenida.

Miré su reflejo en el espejo.

Sus ojos estaban llenos de ilusión, pero debajo de aquella alegría había algo más. Un miedo pequeño, silencioso, que me resultaba demasiado familiar.

No quería prometerle algo que no podía garantizar.

—Voy a estar contigo esta noche, cariño. ¿De acuerdo?

Sofía asintió, aunque no parecía completamente satisfecha.

Después me observó de arriba abajo.

—Mami, estás hermosa. Pareces una princesa.

Sonreí.

—Gracias, mi amor. Tú también estás preciosa.

Y era verdad. Llevaba un vestido delicado, unos zapatos pequeños y el cabello recogido con un lazo que combinaba perfectamente con su ropa.

Si alguien nos veía juntas, probablemente pensaría que éramos madre e hija.

El problema era que su padre había decidido que esa impresión debía convertirse en una realidad ante toda la mafia.

Y yo todavía no había encontrado la manera de convencerlo de que estaba completamente loco.

Adrián apareció cuando terminábamos de arreglarnos.

Llevaba un traje negro que se ajustaba perfectamente a sus hombros, una camisa oscura y un reloj que probablemente costaba más que varios años de mi sueldo.

Además, olía delicioso.

¡Maldita sea!

¿Por qué tenía que oler así?

Yo estaba intentando conservar la poca dignidad que me quedaba y aquel hombre parecía empeñado en destruirla con cada detalle de su existencia.

Sus ojos recorrieron mi figura y se detuvieron en mi rostro.

—Estás hermosa, mi amor.

Me mordí el interior de la mejilla.

—Gracias.

¡Eso fue todo!

No tartamudeé, no me sonrojé y tampoco hice ninguna estupidez.

Estaba progresando.

Adrián sonrió, como si supiera exactamente lo que estaba pasando por mi cabeza, y se inclinó para tomar a Sofía en brazos.

—¿Lista, princesa?

—¡Sí, papi!

Me ofreció la mano.

La miré.

Después miré su rostro.

Finalmente, acepté, porque tropezarme delante de él habría sido una humillación innecesaria.

Los tres subimos a la limusina.

Durante el trayecto, Sofía no dejó de hablar sobre los vestidos, las luces y los dulces que esperaba encontrar en la fiesta. Adrián la escuchaba con paciencia, respondiendo a sus preguntas mientras mantenía una mano sobre la pequeña espalda de su hija.

Yo los observé en silencio.

Había algo extraño en aquella imagen.

Adrián podía ser cruel, intimidante y peligrosamente controlador conmigo, pero con Sofía tenía una ternura que parecía surgir de un lugar completamente distinto.

No lo convertía en un buen hombre.

Pero sí en un padre que amaba profundamente a su hija.

Y eso complicaba las cosas.

Porque era mucho más fácil odiar a un monstruo cuando no encontrabas nada humano en él.

La fiesta apenas estaba comenzando cuando llegamos.

El salón principal estaba iluminado por enormes lámparas de cristal. Hombres elegantes conversaban en pequeños grupos, acompañados por mujeres cubiertas de joyas. Los camareros circulaban entre los invitados con bandejas de bebidas, mientras una orquesta tocaba suavemente en un extremo del salón.

Todo era lujoso.

Y todo el mundo parecía peligroso.

Algunos hombres tenían cicatrices visibles. Otros llevaban guardaespaldas que no se separaban de ellos ni un segundo. Las sonrisas eran educadas, pero las miradas medían a los demás como si cada conversación escondiera una negociación capaz de costar millones.

Adrián bajó de la limusina primero y después me ayudó a salir.

Apenas cruzamos la entrada, varias personas se acercaron a saludarnos.

—Volkov, es un placer verte.

—Adrián, la organización es magnífica.

Él respondió con breves inclinaciones de cabeza, sin perder aquella expresión serena que tanto me inquietaba.

Entonces pasó su brazo alrededor de mi cintura.

—Permítanme presentarles a mi mujer y a la madre de mi hija.

zhener y Adrián

Casi me atraganté con mi propia saliva.

¿¡SU QUÉ!?

Sonreí.

Una sonrisa preciosa, encantadora y completamente falsa.

Por dentro estaba organizando su funeral.

Maldito lunático.

¿Qué parte de «no soy tu mujer» no entiende este hombre?

Sin embargo, no lo contradije delante de todos aquellos mafiosos. No porque quisiera seguirle el juego, sino porque no tenía ningún interés en humillarlo frente a sus socios y terminar arrojada al mar antes del postre.

Además, no sabía quiénes eran aquellas personas ni de qué serían capaces si descubrían que la supuesta esposa del anfitrión era, en realidad, una mujer secuestrada.

Así que asentí educadamente.

—Encantada de conocerlos.

Adrián me miró de reojo.

Su sonrisa se ensanchó apenas.

¡Lo estaba disfrutando!

Juro que algún día le cobraría cada una de aquellas sonrisas.

Después de varias presentaciones, se inclinó hacia mí.

—Ahora vuelvo. Ten cuidado, ¿de acuerdo?

—Claro, cariño. No pienso iniciar una guerra mientras estés fuera.

—Eso espero.

Me rozó la mejilla con los labios antes de alejarse.

Mi corazón dio un salto traicionero.

Lo odié.

Odié que me afectara.

Odié que oliera tan bien.

Y odié, sobre todo, que una parte de mí hubiera deseado que aquel beso durara un poquito más.

—¡Mami, mira! ¡Hay fresas!

Sofía tiró suavemente de mi mano.

Bendita niña. Su presencia me salvó de continuar pensando en el hombre más irritante del planeta.

La acompañé hasta una mesa cercana, donde había frutas, pequeños pasteles y fuentes de chocolate. Mientras ella elegía qué probar, me quedé observando a los invitados.

Entonces escuché una voz detrás de mí.

Una voz que conocía demasiado bien.

—¿Qué haces tú aquí?

Me quedé inmóvil.

No.

No podía ser.

Giré lentamente la cabeza.

Y allí estaba.

Mi hermana bastarda, vestida con un elegante vestido rojo, una copa en la mano y la misma expresión de superioridad que recordaba desde nuestra infancia.

A su lado estaba el hombre que alguna vez había sido mi prometido.

El mismo que me había traicionado.

El mismo por quien ella había destruido mi compromiso mientras fingía ser una víctima inocente.

Los dos me miraban como si acabaran de encontrar algo desagradable pegado a sus zapatos.

Mi hermana recorrió mi vestido con una mirada despectiva.

—¿Quién invitó a esta indigente?

Apreté los dedos alrededor de la mano de Sofía.

Por supuesto.

Por supuesto que ella tenía que aparecer.

Mi vida ya era suficientemente complicada con un mafioso que me había secuestrado. Lo único que me faltaba era reencontrarme con las dos personas que más habían disfrutado humillándome.

—Mami… —susurró Sofía.

Su vocecita tembló.

La miré de inmediato.

—Estoy aquí, cariño.

La pequeña se acercó a mí, buscando refugio a mi lado.

Mi hermana lo notó.

Sus ojos se abrieron con fingida sorpresa.

—¿Mami?

Después soltó una carcajada cruel.

—¡No me lo puedo creer! Resulta que tienes una hija bastarda. y te hacías la víctima cuando te robé a tu prometido. ¡ Y Ya tenías una hija escondida!

Sentí que la sangre me hervía.

No por mí.

Sino porque Sofía estaba escuchando cada palabra.

—Ten cuidado con lo que dices —advertí.

Mi hermana levantó las cejas.

—¿Ahora también vas a amenazarme?

—Te estoy dando la oportunidad de cerrar la boca antes de hacer el ridículo.

Su sonrisa desapareció.

Mi antiguo prometido se mantuvo a su lado, observando la escena sin intervenir. Ni siquiera parecía sorprendido por la crueldad de la mujer con la que había elegido quedarse.

Aquello me confirmó que no había perdido absolutamente nada cuando lo saqué de mi vida.

Mi hermana dejó la copa sobre una bandeja que pasaba cerca.

—¿Cómo te atreves a hablarme así?

—Con la boca. Es bastante útil para eso.

Un invitado cercano giró la cabeza.

Mi hermana se puso roja de furia.

—¡Agárrenla!

Dos hombres que estaban detrás de ella se acercaron inmediatamente.

No tuve tiempo de apartarme.

Uno me sujetó por un brazo y el otro me agarró del hombro, inmovilizándome.

—¡Suéltenme! —exigí, intentando zafarme—. ¡¿Se han vuelto locos?!

—¡Deberías aprender a respetarme! —gritó mi hermana.

Y entonces me golpeó.

Una bofetada.

El sonido resonó entre las conversaciones cercanas.

Mi rostro giró por la fuerza del impacto.

Me quedé aturdida durante un instante.

Después sentí otra.

Y otra más.

El dolor me ardió en la mejilla, pero lo que realmente me enfureció fue no poder defenderme mientras aquellos hombres me sujetaban.

—¡Maldita desvergonzada! —escupió ella—. ¡Te enseñaré a no volver a levantarme la voz!

Intenté liberarme, pero los hombres apretaron sus manos alrededor de mis brazos.

—¡Suéltenme, cobardes!

Sofía comenzó a llorar.

—¡No! ¡No le pegues a mi mami!

La pequeña intentó acercarse, pero uno de los invitados la apartó del tumulto para evitar que la golpearan accidentalmente.

Aquello fue suficiente para que mi miedo se transformara en furia.

—¡No la toquen!

Mi hermana volvió a levantar la mano.

—¿Y quién va a detenerme? ¿Tu hija bastarda?

Sofía dejó escapar un sollozo.

Después se dio la vuelta y corrió.

—¡Papi!

La vi desaparecer entre los invitados.

Gracias a Dios.

Al menos ella estaría a salvo.

Mi hermana volvió a golpearme.

Yo apreté los dientes, resistiéndome a darle la satisfacción de verme llorar.

Pero no sabía que, al otro lado del salón, Sofía acababa de encontrar a su padre.

Adrián estaba conversando con varios socios cuando la pequeña se lanzó contra él, aferrándose a sus piernas.

—¡Papi!

Él bajó la mirada inmediatamente.

—Princesa, ¿qué sucede?

Sofía alzó su rostro empapado en lágrimas.

—¡Le están pegando a mami!

El silencio que siguió fue aterrador.

Adrián dejó la copa sobre la mesa.

—¿Qué has dicho?

—¡Le pegan a mami! ¡Ella no hizo nada!

La expresión de Adrián cambió.

Su rostro perdió toda calidez. Sus ojos se inyectaron en sangre mientras se incorporaba lentamente, como si algo dentro de él acabara de romperse.

—¿Quién?

Sofía señaló desesperadamente hacia el otro extremo del salón.

—¡La mujer del vestido rojo!

Adrián no volvió a preguntar.

Echó a correr.

Los invitados se apartaron de su camino. Sus hombres lo siguieron inmediatamente, y las conversaciones murieron una tras otra cuando comprendieron que algo terrible estaba a punto de suceder.

Yo apenas podía mantenerme erguida cuando escuché pasos acercándose.

Mi hermana todavía tenía la mano levantada.

—¡Deberías haber aprendido a no provocarme!

Entonces una voz helada atravesó el salón.

—Retira la mano.

Mi hermana se quedó paralizada.

Yo levanté la mirada.

Adrián estaba allí.

Y nunca lo había visto tan aterrador.

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alicia g
buenísima historia, excelente escritora 💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯
alicia g
buenísima historia ,felicitaciones 🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟
bruja de la imaginación 👿😇
🤣🤣🤣no puedo estoy es una familia de locos q manera de reírme q va
bruja de la imaginación 👿😇
buajaja 🤣 directo al corazón
bruja de la imaginación 👿😇
🤣ay q manera de reírme 🤣
Maria Mongelos
Está muy linda💕
alicia g
buenos capítulos, entretenida, felicitaciones
Bunny 🐇: Gracias ❤️
total 1 replies
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Alison Mendoza Sotelo
Y yo leyendo

Espero más capítulos
Alison Mendoza Sotelo
Me gusta
Lo malo que está en emoción
Maria Mongelos
Interesante y entretenida 💕
Bunny 🐇: me alegra que te guste ❤️
total 1 replies
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
jajajaja no PS así ni como salir de esta
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