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Prisionero del amor más oscuro

Prisionero del amor más oscuro

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Maltrato Emocional / Completas
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sofía Marquez

Santiago Reyes tiene veinte años, estudia literatura en la UNAM y no le debe nada a nadie. Hasta que León Villanueva —CEO de uno de los grupos empresariales más poderosos de México— decide que Santiago le pertenece.
Lo que comienza como una seducción imposible de rechazar se transforma en una pesadilla: una mansión cerrada con llave, cámaras en cada esquina y un hombre que dice "te amo" mientras le quita la libertad.
Santiago intenta escapar. Una vez. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.
Cada intento fracasa. Cada castigo es peor que el anterior. Pero Santiago no se rinde.
Hasta que un día, León abre la puerta.
Y Santiago descubre que lo más aterrador no es estar encerrado con un monstruo.
Es darse cuenta de que el monstruo ha aprendido a amarte de verdad.

NovelToon tiene autorización de Sofía Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3: El encuentro

Santiago cruzó la calle sin mirar atrás. El frío le raspó la garganta. Apretó más las llaves entre los dedos y, por primera vez desde que llegó a la CDMX, el camino a su cuarto le pareció demasiado largo.

—¡Santi!

La voz de Diego le cayó encima como una cubeta de agua.

Santiago se giró de golpe. Diego venía corriendo desde la esquina, despeinado, con la mochila golpeándole la espalda y la cara roja por el esfuerzo. Detrás de él, a varios metros, una sombra se apartó junto a un puesto cerrado y desapareció entre los árboles del camellón.

—¿Estás bien? —Diego llegó hasta él y lo agarró de los hombros—. ¿Por qué te fuiste? Te dije que no te movieras.

Santiago intentó contestar, pero primero tuvo que soltar el aire.

—Escuché pasos.

Diego miró hacia la calle.

—¿Quién?

—No sé.

—¿Lo viste?

—No bien.

Diego apretó la mandíbula. Por primera vez en mucho tiempo no hizo ningún chiste.

—Te acompaño al cuarto. Y mañana vamos a hablar con seguridad.

Santiago quiso decir que no hacía falta. Se le quedó la frase atorada cuando vio sus propias manos todavía cerradas alrededor de las llaves.

—Está bien —aceptó.

Caminaron juntos hasta la residencia privada donde Santiago rentaba un cuarto pequeño. Diego no se fue hasta verlo entrar, cerrar la puerta y mandar un mensaje desde adentro. Esa noche, Santiago dejó una silla pegada a la puerta aunque sabía que era ridículo. Durmió mal. Soñó con vidrios oscuros, con pasos que no tenían rostro y con una voz baja diciendo su nombre como si ya le perteneciera.

Al día siguiente no fue a seguridad.

No porque hubiera dejado de tener miedo, sino porque no sabía qué iba a decir exactamente. "Vi una camioneta elegante varias veces." "Escuché pasos." "Creo que alguien me sigue, pero no tengo pruebas." En su cabeza todo sonaba frágil. Insuficiente.

Diego le mandó doce mensajes antes del mediodía.

Diego:

Voy contigo a la oficina de vigilancia.

Diego:

No te hagas.

Diego:

Santiago Reyes Mendoza, te estoy viendo en línea.

Santiago:

Tengo clase.

Diego:

Y yo tengo paciencia limitada.

Santiago apagó la pantalla con una sonrisa cansada.

La semana siguió con una calma extraña. No volvió a ver la camioneta. No escuchó pasos. Nadie apareció frente a su residencia. Para el viernes por la tarde, Santiago casi había logrado convencerse de que su ansiedad había inflado las cosas.

Casi.

Aceptó ir al café de Coyoacán porque su compañera insistió hasta vencerlo por agotamiento. El lugar estaba en una esquina tranquila, con mesas pequeñas, paredes color terracota y una barra donde olía a canela, pan tostado y café recién molido. Había estudiantes, parejas, un señor leyendo el periódico y tres personas preparando sus hojas para el micrófono abierto.

—Tú vas a leer después de mí —dijo su compañera, señalándolo con un popote.

—No voy a leer.

—Sí vas.

—No traje nada.

—Eres estudiante de Literatura. Seguro traes algo triste escondido en la mochila.

Santiago soltó una risa, pero negó con firmeza.

—Mis tragedias no salen en público.

La compañera fue a saludar a otros estudiantes y lo dejó solo en la mesa con su café. Santiago abrió un libro para fingir que no estaba nervioso. El murmullo del lugar le gustaba: tazas chocando, risas bajas, una canción vieja saliendo de una bocina pequeña. Era un ruido humano. Normal.

Entonces alguien se detuvo junto a su mesa.

—Perdón —dijo una voz masculina, grave y tranquila—. ¿Este asiento está ocupado?

Santiago levantó la vista.

El hombre frente a él no parecía pertenecer al café.

No por la ropa, aunque el traje azul marino era demasiado bien cortado para una lectura estudiantil de viernes. No por el reloj discreto ni por los zapatos impecables. Era algo más difícil de nombrar: la manera en que ocupaba el espacio, como si ninguna puerta se le hubiera negado nunca.

Santiago tardó un segundo de más en responder.

—No. Está libre.

El hombre sonrió apenas.

—Gracias.

Se sentó frente a él con una naturalidad peligrosa. De cerca, sus ojos eran oscuros, atentos, demasiado quietos. Santiago bajó la mirada a su libro, pero ya no leyó una sola línea.

—No esperaba encontrar tanta gente —comentó el hombre—. Pensé que sería un lugar más tranquilo.

Santiago cerró el libro con un dedo marcando la página.

—Los viernes en Coyoacán nunca son tranquilos.

—Lo estoy notando.

Hubo un silencio breve. No incómodo, pero sí cargado. Santiago tomó su taza para ocupar las manos.

—¿También viene por la lectura?

—Algo así.

—No suena muy convencido.

El hombre soltó una risa baja.

—Me descubres rápido.

Santiago no pudo evitar mirarlo otra vez. Tenía una sonrisa controlada, elegante, sin mostrar demasiado. La clase de sonrisa que no pedía permiso, solo esperaba que uno la aceptara.

—Entonces no viene por la lectura —dijo Santiago.

—Vine por un café. Y quizá por un poco de silencio.

Santiago miró alrededor: una chica probaba el micrófono, alguien reía demasiado fuerte en la barra y una pareja discutía en voz baja junto a la ventana.

—Eligió mal.

—Eso parece.

La respuesta fue simple, pero Santiago sintió que algo se le aflojaba en el pecho. El hombre no intentaba impresionar con frases grandes. No invadía. No preguntaba de más. Solo estaba ahí, como si la conversación hubiera nacido sin esfuerzo.

—Soy León —dijo, extendiendo la mano—. León Villanueva.

El nombre golpeó con un peso que Santiago sí reconoció.

Grupo Villanueva. Paseo de la Reforma. Portadas de negocios que Diego usaba para burlarse de los ricos que sonreían como si el mundo les debiera algo.

Santiago miró la mano antes de estrecharla.

—Santiago Reyes Mendoza.

La palma de León era cálida. Su apretón, firme sin ser brusco. Aun así, Santiago retiró la mano un poco antes de lo necesario.

—¿Villanueva como Grupo Villanueva?

—El mismo.

—¿Y qué hace el director de Grupo Villanueva en un café lleno de estudiantes en Coyoacán?

León inclinó apenas la cabeza.

—Escapando de una junta.

—Eso suena poco responsable.

—Lo es.

Santiago sonrió antes de poder evitarlo.

—Al menos lo admite.

—Tengo otros defectos, pero no suelo mentir cuando la verdad es más interesante.

La frase le habría parecido ensayada en otra boca. En la de León sonó tranquila, casi casual. Eso la hizo peor. Santiago sintió el impulso absurdo de querer escucharlo hablar un poco más.

La chica del micrófono anunció el inicio de la lectura. Varias personas aplaudieron. Santiago aprovechó para mirar hacia la ventana. Por reflejo, buscó la camioneta negra.

No estaba.

—¿Esperas a alguien? —preguntó León.

Santiago se tensó.

—No.

León no insistió. Ese detalle, pequeño y correcto, lo desarmó más que cualquier pregunta.

La lectura comenzó. Santiago escuchó a medias. León pidió un café americano y permaneció frente a él sin tocar el celular, sin mirar el reloj, sin hacer evidente la prisa que un hombre como él debía tener. Cuando alguien leyó un poema demasiado dramático, Santiago hizo una mueca involuntaria.

León la notó.

—No te gustó.

—No dije eso.

—Tu cara sí.

Santiago se cubrió la boca con la taza.

—Está... intenso.

—Esa es una forma amable de decir malo.

—No sea cruel.

León lo miró con algo parecido a diversión.

—Háblame de tú, por favor. Me haces sentir más viejo de lo que soy.

Santiago sintió calor en las orejas.

—Está bien. No seas cruel.

—Mucho mejor.

Era absurdo que una corrección tan pequeña cambiara el aire entre ellos. Pero lo hizo. Santiago se odió un poco por notarlo.

Cuando la lectura terminó, su compañera volvió a buscarlo para reclamarle que no hubiera participado. Santiago se disculpó, prometió pensarlo para la próxima y recogió sus cosas. Ya estaba anocheciendo.

—¿Te vas solo? —preguntó León.

El recuerdo de los pasos volvió como una mano fría en la nuca.

—Sí. Vivo cerca del campus.

—Puedo pedir que te lleven.

Santiago alzó la vista, alerta.

León levantó una mano, suave.

—Solo si quieres. Si no, olvida que lo dije.

Esa retirada inmediata le pareció tan correcta que Santiago no supo qué hacer con la sospecha.

—Gracias, pero estoy bien.

—Entonces al menos toma esto.

León sacó una tarjeta de presentación de un tarjetero negro y la dejó sobre la mesa. Papel grueso, letras sobrias, un número directo escrito a mano en la parte de atrás.

Santiago la miró sin tocarla.

—¿Le das tu número personal a todos los estudiantes que conoces en cafés?

—No.

—¿Entonces?

León sostuvo su mirada.

—Entonces hoy hice una excepción.

El pulso de Santiago dio un salto tonto. Peligroso.

Tomó la tarjeta solo para no seguir mirándolo.

—No creo que vaya a necesitar algo de un CEO.

—Ojalá no.

León se puso de pie. Era más alto de lo que Santiago había calculado. Demasiado cerca, sin tocarlo.

—Pero si algún día necesitas algo, llámame.

Santiago guardó la tarjeta en el bolsillo de su sudadera blanca, prometiéndose que no iba a usarla.

Afuera, una camioneta negra encendió las luces al otro lado de la calle.

1
LUANA
excelente
AralckShaira
Ay se me salen las lagrmitas solas😭😭😭😭
AralckShaira
Ufff que frases tan brillantes
AralckShaira
Ay caramba lloreee😭😭
AralckShaira
Para mí es una historia muy bien contada, fresca, distinta con un tema relativamente normal pero que talvez no se cuenta así, como lo está contando la artista de la pluma, excelente trabajo
AralckShaira
Está historia no me gusta.... Me fascina
AralckShaira
Que historia!!!!!
AralckShaira
Uffff estoy reconectada, me superencanta
AralckShaira
Estoy enamorada 🤭
AralckShaira
Un cliché muy bien presentado
AralckShaira
Excelente
AralckShaira
Me gusta te estilo, prome tu historia 🥰
Amy Katin
😭 pobre de Santiago, espero que pueda volver a sentirse vivo.
AralckShaira: El ser humano es otra cosa
total 1 replies
ISABELRUIZDIAZ[BETA]😈🖤
Buenos días Te quería decir que ahora encontré tu trabajo y este capítulo me lo voy a guardar para leer más tarde no te frustres ni te enojes Si es que todavía no consigues apoyo en esta aplicación pero en cualquier momento tu historia va a ser descubierto y vas a conseguir muchos seguidores así que por favor si quieres seguir publicando más capítulos si es que se puede está muy buena por lo que veo y nada Gracias esperemos más de tus ingeniosas ideas Saludos a usted😈
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