Un refugio maldito, una obsesión mortal y un secreto de sangre a punto de estallar.
Huyendo de su familia, Bibiana toma la drástica decisión de mudarse con Adam a una cabaña aislada en mitad del espeso bosque finlandés. Ellos creen estar construyendo su propio nido de amor en una paz idílica, sin embargo, ambos viven en una mentira: ignoran por completo la existencia de un Pacto de sangre, la oscura deuda del pasado que ya ha marcado sus destinos. Pero el invierno no perdona, y la tragedia golpea con la fuerza de un témpano.
Segunda temporada de la novela Destinada a un amor inmortal
NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
T2 Capítulo 2 - Confesiones bajo la nieve
Bajo la intensa nevada, Diego miraba fijamente a Melissa, esperando una respuesta que confirmara lo que ya sospechaba.
—¿Qué te hace pensar que soy una vampira, Diego? —preguntó ella, tratando de mantener la compostura.
—La forma en la que me defendiste —respondió él sin dudar—. Ninguna chica común tendría esa fuerza sobrehumana.
Melissa suspiró, sabiendo que ya no podía ocultarse más. —Está bien, te diré la verdad, pero no aquí. Vamos a mi apartamento.
—¿No es una trampa para clavar tus colmillos en mi cuello? —bromeó Diego con una sonrisa nerviosa, tratando de alivianar la tensión.
—Por supuesto que no —rio ella—. Vamos.
La Cabaña de Adam
Bibiana terminó de cerrar el último cajón y soltó un suspiro de satisfacción. Se giró hacia Adam con una sonrisa radiante y, sin pensarlo, se sentó sobre sus piernas, rodeando su cuello con los brazos.
—Ya terminé de acomodar todas mis cosas —anunció feliz.
Adam la rodeó por la cintura, mirándola con una mezcla de adoración y preocupación.
—Mi amor, buscaré la forma de conseguir dinero. Quiero comprarte comida de verdad y una televisión, algo para que no te aburras en esta cabaña sin luz.
Bibiana rió suavemente y negó con la cabeza.
—No tienes que hacer nada de eso, Adam.
—¿Por qué no? —insistió él—. Quiero darte todo lo que mereces.
—Porque para mí la cabaña es perfecta tal como está. No hace falta cambiarle ni una sola madera.
—¿Lo dices en serio? —preguntó Adam, buscándole la mirada.
—Completamente —respondió ella antes de darle un beso corto—. Es mucho más romántico así, me gusta este ambiente.
Adam le acarició la mejilla, todavía un poco incrédulo.
—Bibi, tú estás acostumbrada a vivir con electricidad, a tener un calentador para el agua... aquí todo es más difícil.
—Nada de eso me importa ahora —sentenció ella con firmeza—. Yo elegí esta vida y la acepto con todo el sacrificio que sea necesario, porque te amo a ti. Y eso es lo único que necesito para ser feliz.
Adam sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Soy el hombre más afortunado del mundo por tenerte.
—Eso debería decirlo yo —respondió ella con una sonrisa pícara.
—Pero lo dije yo primero —replicó él, sellando la discusión con un beso apasionado.
Se quedaron así un momento, perdidos el uno en el otro, hasta que Adam se separó apenas unos milímetros.
—Mi amor, ¿quieres cenar algo ahora?
—No —susurró Bibiana contra sus labios—. Ahora solo quiero estar entre tus brazos.
Adam no necesitó que se lo dijera dos veces. La levantó en vilo, cargándola con facilidad, y la llevó hacia la habitación que ahora compartían. En la penumbra de la cabaña, rodeados por el silencio del bosque, volvieron a entregarse a la pasión, celebrando el inicio de su nueva vida juntos.
Apartamento de Melissa
—Ahora sí... te escucho —dijo Diego, sentándose en el sofá tras observar el acogedor apartamento.
Melissa se paró frente a él y dejó que su naturaleza emergiera. —Yo soy una vampira, Diego —sentenció, mostrándole sus colmillos afilados por un breve segundo.
Diego se quedó impactado, aunque en el fondo ya lo sabía. —Lo sospechaba... esa fuerza no era normal.
—¿Cómo supiste que existíamos? —preguntó ella con curiosidad.
—Mi padre nos lo confesó. Mi hermana Bibiana se enamoró de uno de ustedes y hoy la vimos en la calle. Estaba tan cambiada... pálida, diferente. Mi padre intentó llevársela a la fuerza, pero su novio se interpuso con una mirada que nos aterrorizó. Parecía estar reclamando algo que le pertenece.
Melissa ahogó un suspiro de asombro. —¿Tu hermana se llama Bibiana? Diego... Bibiana y yo somos amigas. Ella se quedó aquí estos días.
—¿Tú eres la amiga que le dio refugio? —preguntó Diego, asombrado por la coincidencia.
—Sí. Y ella se acaba de ir a vivir con su novio, con Adam.
Diego bajó la mirada, preocupado. —Eso volverá loco a mi padre. Verás... hace años, él vendió a Bibiana a un vampiro poderoso para salvar su vida. Ese vampiro es el padre de Adam. La compró para que fuera la compañera eterna de su hijo.
Melissa quedó petrificada. —Eso es increíble... Entonces, mi amiga está viviendo un romance con Adam sin saber que él es, literalmente, su prometido por contrato.
—Exacto. Y lo más irónico es que Adam tampoco lo sabe —concluyó Diego.
Casa de los Anderson
Mientras tanto, Matt escuchaba el relato de Ignacio con creciente furia.
—¿Cómo pudo dejar que ese monstruo se la llevara? —recriminó Matt.
—No pude hacer nada —confesó Ignacio, derrotado—. Habló de ella con una posesividad que me heló la sangre. Sentí que estaba reclamando su propiedad.
—Usted tiene que romper ese pacto, Ignacio —sentenció Matt—. Tal vez una bruja o la magia negra puedan ayudarnos. Si los vampiros existen, la hechicería también debe ser real.
La Cabaña de Adam
Bibiana dormía profundamente, con el rostro sereno y la respiración acompasada. La luz de la luna se filtraba por la ventana, bañándola en un resplandor plateado que la hacía parecer casi irreal.
Adam la observó en silencio durante unos minutos, sintiendo una mezcla de adoración y una punzada de miedo que no lograba explicar. Se inclinó y depositó un beso casi imperceptible en su frente.
—Duerme bien, mi amor —susurró con una voz cargada de ternura.
Lentamente, para no despertarla, se levantó de la cama. Se vistió en la penumbra con movimientos ágiles y salió de la habitación, cerrando la puerta con sumo cuidado.
(Sala)
La sala estaba fría, pero Adam no lo sentía. Se acercó a la ventana y descorrió un poco la cortina para observar la densa nevada que caía sobre el bosque finlandés. El mundo afuera era blanco, silencioso y hostil.
Apoyó una mano en el marco de madera, perdiéndose en el baile de los copos de nieve.
—Todo esto que estoy viviendo es hermoso... soy más feliz de lo que jamás creí posible —murmuró para sí mismo, con la mirada perdida en la oscuridad de los pinos—. Sin embargo... —Su expresión se ensombreció y sus sentidos de vampiro se tensaron—. Siento que algo peligroso nos empieza a acechar.
Se quedó allí, vigilante, como un guardián que sabe que la paz de su hogar tiene los días contados.