Una brillante Doctora reencarna en el cuerpo de una delicada aristócrata. Para evitar un matrimonio forzado y seguir su pasión, decide estudiar medicina, desatando el escándalo.
Su padre la envía a prueba al Hospital Central bajo las órdenes del doctor más estricto del imperio. Él cree que es una noble caprichosa y la manda al peor pabellón para que renuncie.
Pero ella no le teme a la sangre, domina técnicas del futuro y está lista para demostrar que nadie maneja el bisturí mejor que ella.
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Capítulo 3
A la mañana siguiente, Elara terminó de arreglarse frente al espejo de su habitación. Todavía le resultaba extraño contemplar aquel rostro que no era el suyo y, al mismo tiempo, comenzaba a sentir que le pertenecía un poco más.
Su largo cabello oscuro caía en suaves ondas sobre su espalda, brillante bajo la luz que entraba por las ventanas. La doncella había colocado algunos pequeños adornos entre los rizos, y el delicado vestido en tonos lavanda hacía resaltar aún más sus ojos claros.
No pudo evitar sonreír ligeramente.
Definitivamente, Elara Crowe era una joven muy hermosa.
Cuando descendió las escaleras, encontró a Clarissa esperándola junto a la entrada. La duquesa lucía especialmente animada aquella mañana.
—Por fin. Ya empezaba a pensar que tendría que ir a buscarte personalmente —dijo con una sonrisa.
Elara tomó su mano con naturalidad.
—No quería hacer esperar a la duquesa.
Clarissa soltó una pequeña risa.
—¿Desde cuándo me llamas así?
Ambas subieron al carruaje y el viaje hasta la residencia Winters transcurrió entre conversaciones ligeras. Clarissa le habló de viejas anécdotas junto a su amiga, de bailes a los que habían asistido y de las travesuras que Lucael y Elara solían hacer cuando eran pequeños.
Al llegar, la enorme mansión Winters se alzaba majestuosa frente a ellas.
La duquesa Celestine ya las esperaba en la entrada.
Apenas vio a Clarissa, descendió los escalones con una enorme sonrisa y ambas mujeres se abrazaron con la familiaridad de dos amigas que llevaban toda una vida juntas.
—¡Tienes tantas cosas que contarme! —exclamó Celestine.
Luego giró hacia Elara.
Sus ojos se suavizaron de inmediato.
—Querida.
La abrazó con tanta calidez que Elara se quedó ligeramente sorprendida.
—Me alegra mucho verte. Estás cada día más hermosa.
Depositó un beso sobre su mejilla y le acarició el cabello con cariño.
Elara sonrió algo avergonzada.
Era evidente que aquella mujer la quería de verdad.
Celestine y Clarissa solo habían tenido un hijo cada una, y desde el nacimiento de Elara ambas habían decidido convertirla en su pequeña muñeca.
Las tres entraron a la residencia, que era tan elegante como la de los Crowe. Los enormes ventanales permitían que la luz iluminara los pisos de mármol y las paredes decoradas con pinturas y arreglos florales.
Entonces unos pasos se escucharon en las escaleras.
Un joven descendía con tranquilidad.
Cabello castaño, ojos cálidos y una sonrisa que iluminaba el rostro.
Lucael Winters.
El protagonista de la novela.
Su prometido.
Y también el mejor amigo de la verdadera Elara.
Sus ojos se iluminaron apenas la vio.
—¡Ela!
Antes de que pudiera reaccionar, Lucael bajó los últimos escalones casi corriendo y la abrazó con tanta fuerza que por un segundo le faltó el aire.
—¡Te extrañé muchísimo!
Elara se quedó inmóvil.
No sabía muy bien cómo reaccionar.
Sin embargo, lentamente levantó las manos y le dio unas suaves palmaditas en la espalda.
De repente, un recuerdo apareció en su mente.
La verdadera Elara lo llamaba "Lu".
—Lu... yo también te extrañé.
Detrás de ellos, Clarissa y Celestine suspiraron al mismo tiempo.
—Mírenlos.
—Se ven tan bien juntos.
Lucael se apartó inmediatamente.
El joven dejó escapar un suspiro resignado y se inclinó ligeramente hacia Elara.
—Ya empezaron.
Ella contuvo una pequeña risa.
—Ya me di cuenta.
Poco después ambos escaparon al jardín, dejando a las dos madres hablar tranquilamente en el salón.
Mientras caminaban por los senderos rodeados de flores, Lucael comenzó a contarle todo lo que había vivido durante su viaje. Habló de las ciudades que había visitado, de los paisajes y de las personas que había conocido.
Pero varias veces suspiró.
Elara lo observó en silencio.
Ella conocía perfectamente la razón.
Aquel era el viaje durante el cual había conocido a la protagonista de la novela.
La hija del marqués Dravencle.
La joven que llegaría a la capital en unos meses y que cambiaría toda la historia.
—Suspiras mucho —comentó Elara con una pequeña sonrisa—. ¿Acaso te enamoraste durante tu viaje?
Lucael se detuvo.
Sus ojos se abrieron de golpe.
—¿Cómo lo sabes?
El silencio cayó entre ambos.
Entonces él mismo pareció darse cuenta de lo que acababa de decir y se cubrió la boca.
—¡Ah! ¡Ela! No es lo que parece.
Elara levantó una ceja.
—¿Entonces qué parece?
Lucael apartó la mirada.
—Es que... nosotros estamos comprometidos.
—Por favor, Lu.
Ella lo interrumpió con suavidad.
—Sabes perfectamente que ese compromiso fue idea de nuestras madres.
El joven la miró sorprendido.
Elara sonrió.
Era mejor resolver aquello de una vez.
Lucael bajó la vista.
—¿De verdad no te molesta?
Ella negó.
El joven dejó escapar un largo suspiro.
—Durante mi viaje conocí a la hija del marqués Dravencle.
Su voz se volvió más suave.
—Nos hicimos amigos y... no pasó nada realmente. Pero no puedo dejar de pensar en ella.
Elara lo observó mientras hablaba.
Sus ojos brillaban.
Su expresión se relajaba.
Incluso una pequeña sonrisa aparecía en sus labios.
—Es increíble —continuó—. Su sonrisa, su forma de hablar... sus ojos... todo.
Elara sonrió con ternura.
Realmente estaba enamorado.
Y por primera vez desde que había llegado a aquel mundo, sintió que la historia seguía avanzando exactamente como la recordaba.
—Qué bonito.
Lucael la miró.
—¿Bonito?
Ella levantó la vista hacia el cielo.
—Que alguien te quiera así... debe ser una sensación muy hermosa.
Y mientras Lucael seguía hablando de aquella joven que aún no había llegado a la capital, Elara se descubrió pensando en algo que jamás había tenido tiempo de experimentar en su vida anterior.
Había salvado muchas vidas.
Había trabajado hasta el agotamiento.
Había dedicado toda su existencia a sus pacientes.
Pero nunca se había enamorado.
Y por alguna razón, aquella idea le dejó una extraña sensación en el pecho.
...⁜...
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que alguien me explique 🤔🤔🤔