Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.
Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.
Así que tomó una decisión:
desaparecer junto con ella.
Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.
La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.
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Algo salió mal
No pude dormir.
Los recuerdos de Miriam seguían apareciendo poco a poco, mezclándose con los míos.
Y mientras más recordaba, más confundida estaba.
Porque la historia ya había comenzado a desviarse.
No demasiado.
Solo pequeños detalles.
Detalles que nadie más notaría.
Pero yo sí.
Porque había leído aquella novela demasiadas veces.
Me senté sobre la cama y repasé todo lo que sabía.
En la historia original, Lythia Svensson debía estar completamente obsesionada con el príncipe heredero.
Debía perseguirlo.
Debía vigilar cada movimiento de Miriam.
Debía actuar como una villana desde el principio.
Pero según los recuerdos de Miriam...
no era así.
Lythia seguía siendo orgullosa.
Seguía siendo noble.
Seguía siendo la prometida del príncipe.
Pero algo era diferente.
Parecía más tranquila.
Más madura.
Como si no estuviera interesada en pelear por la atención de un hombre.
Y eso no tenía sentido.
—¿Qué cambió? —murmuré.
Otro recuerdo apareció.
El debut de Lythia.
La fiesta más importante de la temporada.
Recordaba perfectamente haber leído ese capítulo.
En la novela original era un evento sin importancia.
Nada especial ocurría.
Pero los recuerdos de Miriam mostraban otra cosa.
Un hombre había asistido.
Un hombre que no debía estar allí.
El Archiduque de la Llama Eterna.
Karl Aetheryn Valebris.
Mi personaje favorito.
Mi corazón casi se detuvo.
Porque en la novela original Karl ni siquiera aparecía en esa parte de la historia.
Su introducción ocurría mucho después.
Muchísimo después.
Entonces...
¿por qué estaba allí?
Y más importante aún...
¿por qué había bailado con Lythia?
Me quedé inmóvil.
Aquello era imposible.
Era un cambio demasiado grande.
Demasiado temprano.
Como si alguien hubiera tomado la historia y movido una pieza importante del tablero.
Y si eso había cambiado...
¿qué más había cambiado?
Suspiré.
No tenía respuestas.
Pero sí tenía una decisión.
No iba a involucrarme.
No iba a perseguir al príncipe.
No iba a competir con nadie.
Y definitivamente no iba a convertirme en protagonista.
Si la historia estaba rota, mejor para mí.
Podía aprovecharlo.
Podía desaparecer cuando tuviera la oportunidad.
Irme lejos.
Muy lejos.
Quizás a otro reino.
Quizás a algún lugar tranquilo donde nadie conociera el nombre de Miriam Bloomson.
Después de todo...
si esta ya no era la historia que había leído, entonces tampoco tenía motivos para seguir el papel que el destino había preparado para mí.
Y por primera vez desde que desperté en este mundo, aquella idea me hizo sonreír.
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A la mañana siguiente me encontré observando mi reflejo en el espejo.
Cabello oscuro.
Ojos claros.
Un rostro bonito.
Miriam realmente era hermosa.
Entonces recordé algo.
En la novela original, Miriam soñaba con convertirse en reina.
Soñaba con vivir junto al príncipe.
Soñaba con ser amada.
Pero yo no era Miriam.
Y sinceramente no compartía ninguno de esos sueños.
Lo único que quería era tranquilidad.
Una vida normal.
Algo que ni Lina ni Miriam habían tenido jamás.
Escuché un golpe en la puerta.
Una criada entró unos segundos después.
—Señorita, su padre desea verla.
Mis hombros se tensaron.
Los recuerdos de Miriam me dijeron inmediatamente que aquello no era una buena noticia.
Su padre rara vez la llamaba.
Y cuando lo hacía, nunca era por algo agradable.
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El despacho era enorme.
Frío.
Elegante.
Y tan acogedor como una prisión.
El conde Bloomson ni siquiera levantó la mirada cuando entré.
Continuó firmando documentos durante varios segundos.
Hasta que finalmente habló.
—Los rumores siguen creciendo.
Ah.
Así que era eso.
—Entiendo.
—¿Entiendes?
Su tono era duro.
—Has convertido a esta familia en objeto de burla.
Sentí una punzada de enojo.
No mía.
De Miriam.
Años de desprecio acumulados.
Años intentando conseguir un poco de aprobación.
Y aun así...
nunca era suficiente.
—Lo siento —respondí.
Porque no tenía energía para discutir.
El hombre suspiró.
—Vete.
Eso fue todo.
Ni una pregunta.
Ni una muestra de preocupación.
Nada.
Solo una orden.
Cuando salí del despacho sentí algo extraño.
Lástima.
No por mí.
Por la verdadera Miriam.
Porque había vivido toda su vida intentando recibir cariño de personas incapaces de dárselo.
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Aquella noche todo cambio
Cada vez que cerraba los ojos descubría algo nuevo.
Una conversación.
Un castigo.
Una humillación.
Una mentira.
Y cuanto más recordaba, más segura estaba de una cosa.
Necesitaba desaparecer.
No mañana.
No dentro de un mes.
Lo antes posible.
Porque la historia ya había cambiado demasiado.
Lythia Svensson no estaba actuando como la villana obsesionada del libro.
El príncipe heredero ya no parecía interesado en perseguir a Miriam.
Y lo más importante...
el Archiduque de la Llama Eterna había bailado con Lythia durante su debut.
Eso jamás ocurrió en la novela.
Jamás.
Aquella sola escena era suficiente para demostrar que el futuro original estaba destruido.
—Y cuando una historia cambia demasiado... nadie sabe qué va a pasar después —murmuré.
Por eso no pensaba quedarme.
No iba a esperar una tragedia.
No iba a convertirme en una pieza más de aquel juego político.
Iba a huir.
Y para huir necesitaba dinero.
Mucho dinero.
Aquella misma noche esperó hasta que toda la mansión quedó en silencio.
Luego abrió cuidadosamente un compartimiento oculto que Miriam conocía gracias a sus recuerdos.
Dentro encontró varias joyas.
Collares.
Anillos.
Pendientes.
Regalos que había recibido durante años.
Tomó únicamente los más valiosos.
Los suficientemente pequeños para transportarlos.
Después buscó ropa sencilla.
Nada de vestidos lujosos.
Nada que llamara la atención.
Solo una muda de ropa masculina, una capa oscura y unas botas resistentes.
Finalmente reunió todas las monedas de oro y plata que pudo encontrar.
Cuando terminó, observó el pequeño bolso que había preparado.
Era sorprendente.
Toda una vida resumida en una sola bolsa.
Sintió un extraño nudo en la garganta.
Porque aunque aquellos no eran sus verdaderos recuerdos...
seguían perteneciendo a alguien.
—Lo siento, Miriam —susurró.
Luego respiró profundamente.
Y sonrió.
Por primera vez desde que despertó en aquel mundo.
Porque ya sabía a dónde ir.
Al lugar donde había crecido su personaje favorito.
Al norte del continente.
Dentro del gran Imperio Carmesí.
La tierra gobernada por el emperador Carlos Aurelius Valebris.
El hogar de Kael Aethery Valebris.
Recordaba cada descripción del libro.
Las montañas cubiertas de nieve.
Las fortalezas militares.
Los pueblos tranquilos.
Los extensos bosques rojos que daban nombre al imperio.
Era un lugar lejano.
Difícil de alcanzar.
Perfecto para desaparecer.
—No podré conocer a Kael —dijo con una pequeña sonrisa—. Pero al menos conoceré el lugar donde creció.
Y eso era suficiente.
Quizás abriría una tienda.
Quizás trabajaría como comerciante.
Quizás terminaría casándose con algún soldado amable y viviría una vida tranquila.
Cualquier cosa era mejor que convertirse en protagonista de una tragedia.
Ahora solo faltaba una cosa.
La parte más difícil.
Morir.
O al menos...
hacer que todo el mundo creyera que Miriam Bloomson estaba muerta.
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣