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El Hijo De La Tierra

El Hijo De La Tierra

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Fantasía épica / Salvando al mundo / Amor de la infancia
Popularitas:57
Nilai: 5
nombre de autor: Rainy Bailord

Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.

Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.

NovelToon tiene autorización de Rainy Bailord para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tobías

Te preguntarás cómo es Tobías.

Bueno… él es un chico increíble.

Nos conocimos porque íbamos juntos a la primaria. Yo no tenía ningún amigo y me la pasaba solo todo el tiempo, pero él siempre fue muy extrovertido. Quería hacerse amigo de todo el mundo, así que cuando me vio solo, simplemente se acercó a mí.

Poco a poco fui desenvolviéndome con él, a pesar de que siempre he sido alguien demasiado tímido.

A Tobías nunca le importó eso. Me tenía paciencia e iba a mi ritmo.

Otra cosa sobre mí es que, cuando estoy nervioso, tartamudeo demasiado. Pero con Tobías ya no lo hago, porque hemos pasado por muchas cosas juntos y lo considero una parte fundamental en mi vida.

Desde mi infancia solo lo he tenido a él.

Tobías, a diferencia de mí, tiene varios amigos que aún conserva del bachillerato, pero conmigo es con quien más está.

Aunque él no vive cerca de mi casa, sino en una localidad llamada Kennedy… sí, como el presidente.

El padre de Tobías trabajaba en mi escuela como guardia. Gracias a eso, su hijo pudo estudiar conmigo desde pequeños.

Esa escuela era buena. Eran estrictos con todo, pero, para mi desgracia, también había mucho bullying.

Desde que recuerdo, me molestaban por mi apariencia extraña.

Y es que no te he contado algo…

Mis orejas son distintas.

Son puntiagudas, como las de un elfo navideño.

De hecho, así me decía Tobías, pero de una manera cariñosa.

Los demás no.

Ellos me llamaban con nombres ofensivos como “duende”, “bestia” o incluso “monstruo”.

Él siempre me defendía de esos abusivos, pero no en todas las ocasiones estaba cerca para protegerme.

Y es que algunos de esos idiotas no solo me insultaban, sino que muy a menudo me robaban el dinero de mis onces, y si no se los daba, me golpeaban.

Le oculté a Tobias muchas veces los moretones que ellos me hacían y le mentía cuando me preguntaba por qué no comía en los descansos.

Y es que Tobias tenía una beca en un instituto de música cerca de la escuela. La música lo era todo para él, y se había ganado esa beca gracias a su buen comportamiento y sus altas notas.

Si lo metía en problemas, muy probablemente se la iban a quitar.

Así que me quedé callado y no le dije nada sobre los abusos.

Incluso a mi madre tampoco podía contarle nada. Ella llegaba muy cansada del trabajo como para estresarla más… y otras veces simplemente no llegaba a casa.

Los abusos continuaron hasta un día en que Tobías vio lo que ocurría.

Era un día como cualquier otro.

Tobías estaba terminando su servicio social en el comedor de la escuela y yo estaba dirigiéndome al aula de clase.

De repente, el grupo de abusivos me alcanzó y me detuvo antes de entrar al salón.

Me advirtieron que debía pagarles “la cuota”, que básicamente era el dinero de mis onces diarios.

Me dejaron ir, no sin antes recordarme que me esperarían a la hora del descanso.

Quería decirle a Tobías o a la maestra, pero en ese entonces los profesores no hacían nada al respecto. Probablemente solo dirían que yo había empezado la pelea.

Por otra parte, mi amigo Tobías reaccionaría de una manera violenta, y eso no era nada bueno para su estancia en el instituto de música.

Así que simplemente lo acepté.

Ya era común que eso pasara.

Tobías no siempre pasaba los descansos conmigo, ya que también pertenecía al comité escolar, lo que hacía que estuviera ausente durante ese periodo de tiempo.

Los abusivos sabían que debían esperar hasta verme completamente solo.

Y así ocurrió.

Estaba leyendo un libro en el patio del recreo cuando, de repente, se acercaron a mí y me agarraron de la sudadera.

Aún recuerdo lo que me dijeron:

—Danos nuestra cuota, duende… o te irás a casa con algo más que un moretón.

Esos idiotas eran intocables. Como sus padres tenían dinero y apoyaban a la escuela, siempre los dejaban hacer todo sin consecuencias.

A ellos realmente no les importaba mi dinero.

Solo querían fastidiarme.

En ese momento, mientras estaba siendo amenazado, sentí algo dentro de mí que me gritaba:

“Házlo”.

Mis manos estuvieron a punto de hacer algo de lo que me habría arrepentido toda mi vida…

Pero eso es algo que te contaré más adelante.

En fin… no hice nada.

Dejé que me robaran mi dinero, pero eso no les bastó.

Entre los tres me llevaron a la fuerza a un aula vacía, cerraron la puerta y me tiraron al suelo.

Recuerdo perfectamente lo que hicieron después…

Fueron golpes, patadas e insultos.

Quería morirme en ese momento.

Pero, como si de un héroe se tratara, Tobías entró al aula. Era su deber vigilar que todo estuviera en orden, y fue una gran suerte que precisamente escogiera ese salón para revisarlo.

Tobías se quedó mirando la escena por un segundo.

Los abusivos se detuvieron apenas notaron su presencia.

Y yo ya sabía lo que iba a pasar.

Como mencioné antes… Tobías era violento cuando se metían con alguien importante para él.

Tobías es alguien atlético. Tiene mucha fuerza, es muy alto y resistente, en comparación con esos tres intentos de hombres.

Tobías gritó lleno de ira y les ordenó que me dejaran en paz.

Ellos me soltaron y trataron de empujarlo y golpearlo a él también.

Fue un error por su parte.

Tobías se defendió. Tiró al suelo a uno de ellos y comenzó a golpearlo hasta que los demás trataron de separarlo.

Tobías hizo lo mismo con los otros dos.

No los dejó salir del aula.

Era solo él contra tres cobardes.

Obviamente, también recibió varios golpes, pero ellos se llevaron la peor parte.

A uno de ellos le rompió la nariz y los demás terminaron huyendo, dejando atrás a su supuesto amigo.

Yo le pedí a Tobías que se detuviera.

Solo entonces lo soltó y permitió que se fuera.

Después de eso, Tobías se acercó a mí, me pidió disculpas y comenzó a llorar mientras me abrazaba con fuerza.

Fue algo… muy mágico para mí.

Pero lo que pasó después fue muy injusto para ambos…

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