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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:97.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3 — La casa donde nadie me esperaba

Desperté creyendo por un instante que seguía en mi antigua habitación, que si llamaba a Edith entraría con el desayuno y el día sería igual que todos los anteriores, pero apenas abrí los ojos el techo alto, las cortinas pesadas, la inmensidad de aquella habitación y el silencio extraño me devolvieron a la realidad; me había convertido en duquesa y aún no sabía qué significaba eso dentro de esa casa.

Me incorporé lentamente, miré el lado vacío de la cama y recordé que Erick no había dormido allí. No sabía si sentir alivio o una decepción que no quería admitir. Era absurdo esperar cercanía de un hombre que me había conocido en el altar, aun así mi mente seguía regresando a sus palabras de la noche anterior.

Una doncella entró y me ayudó a vestirme. Era joven, de manos nerviosas, evitaba mirarme demasiado.

—¿Cómo te llamas? —pregunté mientras acomodaba mis mangas.

Pareció sorprenderse de que hablara.

—Dana, su gracia.

—Rosaline basta cuando estamos solas.

Sus manos se detuvieron un segundo.

—No creo que aquí nadie se atreva a llamarla así.

Lo dijo sin insolencia, solo como hecho.

Eso me dejó pensando.

Cuando terminé de arreglarme bajé esperando encontrar una casa organizada para recibir a su nueva señora.

Qué ingenua fui.

Entré al gran salón y la vi.

No era difícil notar que aquella mujer se sabía observada.

Estaba de pie revisando un libro de inventarios mientras tres sirvientas aguardaban instrucciones. Llevaba un vestido gris impecable, sencillo pero elegante, demasiado refinado para una jefa de servicio común; comprendí enseguida que cuidaba esa apariencia porque representaba autoridad entre el personal.

Era hermosa.

Y tenía esa clase de belleza que parecía volverse más fría.

Cuando me vio, no hizo reverencia. No inclinó la cabeza.

Nada.

Solo me sostuvo la mirada. Yo me detuve.

Las otras sirvientas sí hicieron reverencia. Ella no.

Un pequeño detalle, quizá. Pero deliberado.

—Buenos días —dije.

—Su gracia.

Lo dijo tarde, como si lo recordara por cortesía y no por deber. Su voz me resultó afilada.

—Soy la jefa del servicio de toda la casa. Gabriela.

Lo dijo con orgullo.

Como si ese puesto tuviera corona propia. Esperé algún gesto apropiado.

No llegó. Me acerqué despacio.

—¿Se encarga de toda la casa?

—Desde hace mucho. El duque reconoce mi excelencia.

Algo en ese énfasis me molestó. Antes de responder vi que una sirvienta traía flores.

—¿Para mi habitación?

La muchacha asintió. Gabriela habló antes.

—No, esas van al despacho del duque.

Miré a la sirvienta. Ella había venido hacia mí. Había entendido otra orden.

Pero obedeció a Gabriela. La humillación fue pequeña, casi invisible.

Aun así la sentí.

—Las flores venían para mi cuarto —dije.

Gabriela respondió con calma insultante.

—Creí que allí no combinarían.

La miré.

—No sabía que mi gusto debía aprobarlo usted.

Las otras sirvientas quedaron tensas.

Gabriela sostuvo mi mirada.

—Aquí cuidamos cierto orden.

Su tono era respetuoso solo en apariencia.

—Entonces aprenda que yo también formo parte de ese orden.

Vi algo endurecerse en sus ojos.

Pero no respondió. Solo giró hacia las muchachas.

—Lleven el desayuno.

Ni siquiera me preguntó qué quería. Decidió. Como si pudiera.

Nos sentamos en la sala para el desayuno.

O mejor dicho, me senté yo y ella permaneció cerca dando instrucciones como si supervisara una corte.

Pedí té. Un tipo específico. La criada fue a traerlo.

Gabriela la corrigió delante de mí.

—No, utiliza manzanilla y jengibre para su té..

Miré a la doncella. Titubeó. Esperando a Gabriela.

No a mí. Aquello me ardió.

—Trae lo que pedí —dije.

La muchacha obedeció. Gabriela sonrió apenas.

—Todavía desconoce costumbres del ducado.

Respondí sin subir la voz.

—Todavía desconozco por qué usted cree tener autoridad para corregirme.

Eso sí golpeó. Lo vi. Se acercó un poco.

—No intento corregirla, su gracia; intento evitarle errores.

—No necesito que me eduquen las sirvientas.

Silencio. Las otras bajaron la vista. Gabriela ladeó la cabeza.

—Que temperamento.

—Cuando me faltan al respeto.

Su sonrisa desapareció.

Y por un momento ninguna retrocedió.

Fue interrumpido por la llegada de Erick. Cuando él entró todo cambió.

Las sirvientas se enderezaron. Y Gabriela también. Demasiado rápido.

Su voz incluso se suavizó.

—Mi lord.

Él apenas asintió. Sus ojos fueron hacia mí.

—Rosaline.

Nunca entendía por qué mi nombre sonaba distinto cuando él lo decía.

—Buenos días.

Se acercó. Vi que notó tensión. Era imposible no hacerlo.

Miró a Gabriela.

—¿Qué ocurre?

Gabriela respondió antes que yo.

—Le mostraba a su esposa cómo funciona la casa.

Su esposa. Qué curiosa manera de remarcarlo.

Yo hablé.

—Tu jefa de servicio tiene afición por decidir por mí.

Erick me observó.

Luego a Gabriela.

Hubo un silencio cargado. Esperé que la reprendiera. No ocurrió.

—Gabriela lleva años manejando esta casa.

Qué respuesta tan seca. Tan neutral. Me enfrié.

—Ya lo he notado.

Mi tono lo hizo mirarme más. Gabriela cruzó los brazos.

—Solo intento que la duquesa no se sienta perdida.

No pude contenerme.

—Su preocupación me conmueve.

Erick casi pareció contener una reacción.

Luego dijo:

—Rosaline, acompáñame luego a recorrer el ala oeste.

Como si quisiera cortar aquello. Asentí. Pero estaba molesta.

Mucho.

Cuando él se alejó por asuntos del ducado, Gabriela volvió a hablar.

—No le gusta que le lleven la contraria.

Giré lentamente.

—Con gusto se la llevaré si no toma enserio mi lugar en la casa.

Su expresión se volvió más dura.

—Cree que por ser duquesa todo cambiará con una orden.

Me acerqué un paso.

—Cree que porque estuvo aquí antes puede tratarme como intrusa.

Ella habló más bajo.

—Algunas posiciones se ganan.

No me moví.

—Entonces empiece a recordar cuál es la suya.

No respondió. Pero la tensión quedó viva.

Más tarde Erick me llevó a recorrer el palacio.

Intenté mantener compostura. No pude demasiado.

—Tu jefa de sirvientas me detesta.

Él siguió caminando.

—Gabriela detesta a casi todos.

Lo miré.

—¿Siempre le permites ese tono?

Él se detuvo.

—Tiene carácter difícil.

—Vuelves a decirlo como si eso lo excusara.

Se giró hacia mí.

—¿Esperabas obediencia inmediata de todos?

—Por lo menos respeto.

Eso sí lo hizo guardar silencio. Lo miré directo y continúe.

—¿Es mucho pedir en mi propia casa?

Sus ojos grises se fijaron en mí.

—No te dejes intimidar por Gabriela.

Me molestó esa elección de palabras.

—¿Intimidar?—di una risa breve—. No me intimida.

—Entonces deja de reaccionar a cada provocación.

—Fácil decirlo para quien no fue corregido por una sirvienta delante del servicio.

Hubo un silencio.

Entonces dijo algo que me irritó y me sorprendió a la vez.

—Me habría preocupado más si te hubieras quedado callada.

Lo miré un poco sorprendida. Él continúo.

—Tienes más temple del que tu madre insinuó.

Mi corazón dio un vuelco raro. No por romanticismo. Porque me había visto.

Más tarde, en la cena, volví a encontrarme con Gabriela supervisando servicio como si fuera reina sin corona.

Dio una orden a un lacayo sobre mi plato sin consultarme.

La miré.

—No vuelva a decidir qué como.

Toda la mesa quedó inmóvil.

Gabriela respondió:

—Solo pensé que…

La interrumpí.

—No piense por mí. Ya te lo dije.

Fue la primera vez que la corté así.

Su rostro cambió. Erick me observó. No intervino.

Pero vi algo en su mirada.

Atención. Tal vez respeto naciendo muy despacio.

Esa noche, ya sola en mi habitación, comprendí algo que me dejó inquieta.

No había entrado a un matrimonio simple.

Había entrado a una estructura donde debía pelear incluso por el lugar que me correspondía.

Y eso despertaba algo nuevo en mí. No miedo. Otra cosa.

Una resistencia que antes no conocía.

Gabriela me había recibido como si yo fuera una muchacha fácil de someter.

Tal vez todos en esta casa lo creían. Quizá porque yo aún parecía demasiado dócil.

Quizá porque todavía me veía como la hija obediente de Lady Valmont.

Pero mientras me quitaba los pendientes en mi habitación pensé algo que casi me hizo sonreír. Tal vez estaban subestimando a la nueva duquesa.

Y quizá yo empezaba a cansarme de permitirlo.

1
Marcela Viviana Gamalero
me encanta que no se deja....
Enith García
Como que a Gabriela se la comieron o anhelaba que se la comieran
mayroly suarez
Con que derecho ,la mujerzuela es ella que anhela lo que no le corresponde..🤣🤣
Adriana Elizabeth Nieva
Hermosa historia!! Me gustan mucho cuando son cortas y concretas. Excelente. Muchas felicidades
Nany🌷
👏👏👏👏👏 Dejala sin un pelo
Nany🌷
Siiii 👏👏 por fin...
Nany🌷
Ya... Correla.. Echala de tu casa...
Adriana Elizabeth Nieva
😂😂
Nany🌷
Será que en realidad no es la mamá, si no la señora que la "sirve"... Quizás el tipo (me imagino que esta muerto) se metió con la servidumbre, ella quedó embarazada pero para la señora cuidar las apariencias la crió como su "hija" y la preparo para en un futuro pies utilizarla como lo está haciendo ahora... Y pues deja la verdadera madre siguiera cerca pero como su nana, sirvienta...
No se... Aquí lanzando teorías, porque sería la única manera para que sea tan fría, o más fría que un iceberg
Celery Mmev
Gracias por compartir la novela 🙏 😍 😋
Irene Covarrubias
Corta, pero hermosa, directo al punto. Me gustaron las escenas eróticas, nada vulgares. ❤️❤️
santiago bock herrera
Gabriela lagartija te echaron por faltona👏
Rossi
estas reuniones si me gustan, sin hipocresías 🤭
Bar_Rok
excelente. muy buena trama y lo mejor super corta. me encantó
juana maria meneses bautista
le dieron duro contra el muro solucionado la consumación del matrimonio por si quedaba alguna duda 🙃🙃🙃🙃🙃🙃🙃😊😊😊😊😊🙃😊😊😊
juana maria meneses bautista
esa duquesa anda buscando que le den como cajón que no cierra 😊😊😊😊😊😊🌹🌹🌹🌹🌹
juana maria meneses bautista
en verdad es su mamá y vaya con la sirvienta no sabe cuál es su lugar ya que el duque no le ha dado el lugar de señora y ama de la casa por eso los sirvientes no conocen su autoridad
juana maria meneses bautista
que feo se supone que la persona que te debe de amar y proteger te trata como una cosa sin valor está difícil 🤔🤔🤔🤔🤔🙃
Sarah Fridriksson
corta pero muy bien relatada. Me encantó. Felicidades
Adriana Eugenia Espinoza Fernandez
muy buena su novela, es un trabajo excelente, mis felicitaciones para usted autora, siga superandose
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