Tras una dolorosa traición amarosa, Jane Macdogal ha cerrado las puertas de su corazon y se ha refugiado por completo en su trabajo como directora de una prestigiosa revista de moda en Nueva York. Sin embargo, su mundo se tambalea cuando el dueño de la empresa le anuncia un auditoria de emergencia para vender la compañia. El encargado de revisarlo todo es Adam Preston, un misterioso y actractivo experto en financias que revoluciona la vida de Jane desde su desastroso primer encuentro en el aeropuerto. Obligados a convivir dia y noche, y tras un accidentado viaje a la semana de la moda de París, la innegable atracción fisica da paso a un secreto mucho mas peligroso. Lo que comenzaba como una simple revision de numeros se convertira en una carrera a contrareloj para salvar la empresa. En un juego donde las apariencias engañan y los enemigos acechan en las sombras, Jane y Adam deberan aprender a confiar el uno en el otro si quieren salvar la empresa y sus propias vidas.
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CAPITULO QUINCE. EPICENTRO INVISIBLE
El vuelo a Madrid fue corto, pero para mí cada minuto estuvo cargado de una mezcla de expectación y nerviosismo. Adam y yo compartíamos un silencio cómodo, roto solo por el murmullo lejano de las conversaciones de los pasajeros y el zumbido constante del motor. Miré por la ventanilla y vi cómo las nubes se abrían para dejar asomar la ciudad, con sus tejados rojos y calles bulliciosas, un escenario perfecto para lo que prometía ser un capítulo decisivo en nuestra investigación.
Al aterrizar, el aire fresco de la capital nos recibió con un soplo de energía renovada. Recogimos las maletas y nos dirigimos hacia la salida, donde el contacto de Daniel, un hombre de mirada astuta y modales impecables que se presentó como Álvaro, nos esperaba con una sonrisa confiada y un coche alquilado listo para llevarnos al hotel.
-Bienvenidos a Madrid -dijo Álvaro mientras abría la puerta del coche para que subiéramos-. Aquí es donde empieza la parte complicada.
Durante el trayecto, Adam repasaba mentalmente los datos que teníamos, mientras yo intentaba mantener la calma. Sabía que cada paso nos acercaba a la verdad, pero también a un peligro mayor.
El hotel donde nos alojaríamos era discreto, nada ostentoso, pero perfecto para pasar desapercibidos. Al entrar en la habitación, una sensación de alivio me invadió, aunque sabía que el descanso sería breve.
-Mañana tenemos que estar atentos -me dijo Adam mientras dejaba la maleta sobre la cama-. Salazar no es un hombre fácil de encontrar, y menos aún de convencer.
Me acerqué a la ventana y observé las luces de la ciudad que comenzaban a encenderse. Sentí que estábamos en el epicentro de una red invisible, y que cualquier movimiento en falso podría desatar una tormenta.
Más tarde, mientras cenábamos en un pequeño restaurante cercano, la conversación entre nosotros se volvió más personal. Por primera vez desde que empezó esta investigación, hablamos sin máscaras.
-Jane -comenzó Adam, tomando mi mano entre las suyas-, sé que todo esto es un caos, pero quiero que sepas que no solo lucho por la empresa. También lucho por nosotros.
Sentí que el corazón se me aceleraba. Su mirada era sincera, llena de una emoción que me hacía temblar.
-Yo también -respondí, apretando su mano-. No sé qué nos espera, pero quiero enfrentarlo contigo.
Después de la cena, caminamos por las calles empedradas, dejando que la noche madrileña nos envolviera. Fue un momento de paz en medio de la tormenta, un respiro que ambos necesitábamos.
Al volver al hotel, Adam me abrazó con fuerza.
-Sea lo que sea que encontremos mañana, lo haremos juntos -susurró al oído.
Asentí, sintiendo que, a pesar del miedo, había encontrado un refugio en sus brazos.
Esa noche, mientras intentaba dormir, repasé mentalmente todo lo que habíamos descubierto hasta ahora. Sabía que el día siguiente sería crucial, y que la verdad estaba a punto de salir a la luz.
Pero también sentía que, por primera vez en mucho tiempo, tenía a alguien a mi lado dispuesto a luchar conmigo.