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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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La Revelación

Despertó con la boca seca y el mundo girando en torno a un punto de luz difusa. El primer contacto con la realidad fue el roce áspero de vendas apretadas sobre el pecho; un peso frío y persistente que le recordaba el lugar donde Bhermut había hundido sus garras. Edran intentó incorporarse con cuidado, pero un brazo firme lo sujetó por los hombros y lo obligó a quedarse inmóvil. La voz que lo detuvo era suave, con un timbre que no conocía pero que, de algún modo, le resultó familiar.

—No te muevas —dijo la joven de cabello castaño, inclinándose sobre él—. Te vas a abrir la herida.

Sus ojos, grandes y serenos, lo miraban con una mezcla de preocupación y determinación. Llevaba el cabello recogido en una trenza suelta, y sus manos olían a hierbas y a humo de leña. Edran la observó con esfuerzo; la luz que entraba por la ventana de la cabaña dibujaba reflejos dorados en su pelo. Intentó hablar, pero la garganta le ardía y las palabras se le escaparon en un hilo.

—¿Dónde…? —murmuró—. ¿Quién me trajo aquí?

La joven negó con la cabeza.

—Te encontré inconsciente en la entrada del bosque. No estabas respirando bien. Te traje a la cabaña de mi padre y te curamos lo que pudimos. Soy Lira.

El nombre cayó en Edran como una cuerda a la que aferrarse. Lira. Sonó a promesa y a calma. Antes de que pudiera agradecer, la puerta se abrió con un crujido y entró un hombre que parecía tallado en roble: casi dos metros de altura, hombros anchos, cabello marrón oscuro y una barba espesa que le daba un aire de montaña. Sus manos eran grandes, con callos de herrero, y su mirada, aunque severa, no era cruel.

—Borin —dijo Lira con respeto—. Este es el joven del que te hablé.

Borin se acercó con pasos medidos, observó las vendas, la sangre seca en la camisa y la daga apoyada en la mesa. Cuando Edran mostró la hoja, el hombre se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y reverencia que Edran no esperaba.

—¿Dónde conseguiste esto? —preguntó Borin, la voz grave como un yunque.

Edran contó entre jadeos la pelea con Bhermut, cómo la daga había brillado y cómo, en un momento de locura, había logrado arrancarle un diente al lobo. Sacó la bolsa mágica y, con manos temblorosas, dejó que Lira y Borin vieran el diente envuelto en un paño. Borin lo tomó con cuidado, como si sostuviera una reliquia.

Cuando la daga quedó a la vista, Borin palideció. En la empuñadura, bajo la suciedad y las marcas del tiempo, un símbolo apenas perceptible brilló con un destello carmesí: la marca de Amaranto. El herrero inhaló con fuerza; su corazón pareció latir más rápido.

—No puede ser… —murmuró—. Esa es la marca de Amaranto.

Lira apretó la mano de su padre, consciente de la tensión que se extendía por la habitación. Edran no entendía del todo, pero sintió que algo en el aire se cargaba de significado. Borin dejó el diente sobre la mesa y miró a Edran con una mezcla de curiosidad y respeto.

—Amaranto —dijo— es una de las antiguas deidades que algunos aún recuerdan. Sus símbolos aparecen en objetos que no son meras armas: son reliquias. Hay, según las historias, siete reliquias en todo el mundo. Si esta daga lleva su marca, no es una hoja común.

Edran tragó saliva. La daga le había parecido siempre un objeto heredado, una pieza de familia con más valor sentimental que real. Ahora, en la mirada de Borin, se transformaba en algo distinto.

—¿Y el diente? —preguntó Borin, tocándolo con la punta de los dedos—. Esto… esto también es raro. No es solo un trofeo. Tiene resonancia.

Borin se acercó a la forja que ocupaba un rincón de la cabaña: un pequeño taller improvisado, con herramientas colgadas y brasas que aún humeaban. Con movimientos seguros, colocó la daga sobre una piedra limpia y la limpió con un paño. El símbolo de Amaranto volvió a brillar, y Borin dejó escapar un suspiro que mezclaba orgullo y pena.

—He oído hablar de reliquias que necesitan evolucionar —dijo—. No son completas hasta que no despiertan. Para eso, a veces, requieren componentes: fragmentos de criaturas mágicas, metales purificados, y… —miró a Edran con intensidad— —orejas de duende.

Edran sintió cómo el corazón le dio un vuelco. Había olvidado por completo las orejas que había guardado en la bolsa. Con manos torpes, las sacó y las dejó sobre la mesa. Borin las examinó con ojos brillantes.

—Dos materiales —dijo en voz baja—. La daga y esto. Si lo que digo es cierto, podríamos intentar evolucionar la hoja. Pero necesitaré algo más: flores prisma del Bosque Encantado para preparar un ungüento que estabilice la magia y cure tus heridas. Sin ellas, no puedo garantizar que la forja no te consuma.

Lira, que había permanecido en silencio, se acercó y posó una mano sobre la venda del pecho de Edran. Sus dedos emitieron un calor suave; una luz verdosa, tenue, recorrió la piel y la sangre pareció calmarse. Era una curación torpe, novata, pero efectiva: el dolor se atenuó y la respiración de Edran se hizo menos agitada.

—Puedo ayudarte a sanar —dijo Lira—. Soy sanadora, aunque aún estoy aprendiendo. Practicaré contigo mientras Borin prepara lo necesario.

Edran la miró con gratitud. La joven no solo lo había salvado, sino que ahora ofrecía su cuidado sin pedir nada a cambio. Borin, por su parte, se puso a trabajar con una concentración casi religiosa. Sacó moldes, polvos y frascos; mezcló metales con hierbas y murmuró palabras en una lengua que Edran no reconocía. De vez en cuando, la marca de Amaranto en la daga chisporroteaba, como si respondiera a la presencia del herrero.

—Te daré algo para que no vayas desarmado al Bosque —dijo Borin finalmente—. No puedo forjar la daga aquí y ahora; necesita un ritual y una forja mayor. Pero puedo prestarte una Zalamander, una espada de fuego que he templado para emergencias. No es una reliquia, pero arderá con furia contra lo que amenace.

La espada apareció envuelta en un paño. Cuando Borin la desenvainó, una lengua de calor pareció rozar la piel de Edran. La Zalamander no era ostentosa: su hoja tenía vetas rojas como lava y el pomo estaba grabado con runas de protección. Edran la tomó con manos que aún temblaban y sintió un peso nuevo, no solo físico sino moral: la responsabilidad de portar algo forjado por manos que creían en Amaranto.

—Prometo que haré todo lo posible —añadió Borin—. Si las flores prisma son lo que necesito. Lira te acompañará; su don será útil para recolectarlas sin dañarlas. Pero debes saber que el bosque no es amable. Hay guardianes, trampas naturales y… cosas que no perdonan.

Edran asintió, la voz aún débil pero firme.

—No puedo quedarme aquí —dijo—. Si hay una posibilidad de que mi daga despierte, quiero intentarlo. Y si puedo ayudar a pagar mi deuda con la ayuda que me dieron, lo haré.

Lira sonrió, y por primera vez Edran vio en sus ojos algo parecido a esperanza.

—Entonces partimos al amanecer —dijo ella—. Descansa ahora. Borin y yo prepararemos lo que haga falta.

Esa noche, mientras la cabaña se sumía en un silencio poblado de chispas y susurros, Edran se dejó llevar por un sueño inquieto. Soñó con la marca de Amaranto expandiéndose como raíces bajo la tierra, el recuerdo de Bhermut latiendo en la oscuridad, y con una figura enorme que aullaba a la luna. Cuando la madrugada rompió, el bosque parecía respirar a su alrededor, y la promesa de la expedición colgaba en el aire como una cuerda que los uniría a los dos: una sanadora en formación, y un joven con una reliquia en su poder. Saldrían juntos hacia lo desconocido, y en el camino, cada paso sería una prueba.

1
AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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