Ella renace en otra época, conoce su futuro y está decidida a cambiarlo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Lady Dempster 1
A la mañana siguiente, Rebecca subió al carruaje de la casa Sallow con la misma calma que había aprendido a sostener en los momentos importantes.
No había prisa en sus movimientos.
Pero tampoco duda.
El trayecto fue silencioso, acompañado por el suave balanceo del carruaje y el sonido constante de las ruedas sobre el camino. Rebecca mantenía la mirada fija en el exterior, aunque en realidad estaba concentrada en ordenar sus pensamientos.
[Observa primero… luego actúa.]
Se repitió.
Era una práctica.
Pero también… una evaluación.
Cuando finalmente llegaron a la mansión Dempster, Rebecca descendió con cuidado, alzando ligeramente la vista para observar el lugar.
Era imponente.
Pero distinto.
No solo riqueza… había historia en esas paredes. Antigüedad. Tradición. Un lugar que no necesitaba demostrar su importancia porque simplemente… la tenía.
Fue recibida por un sirviente que la condujo al interior.
Los pasillos eran amplios, decorados con elegancia clásica. Todo estaba en su lugar, sin excesos innecesarios, pero con un aire de respeto que se sentía en el ambiente.
La llevaron a un salón donde la luz entraba suavemente por grandes ventanas.
Y allí… la estaba esperando.
Una anciana.
Lady Dempster.
Rebecca la observó con atención apenas entró.
Su porte era delicado, pero firme. Había en ella una presencia tranquila, de esas que no necesitan imponerse para ser respetadas.
Sus ojos, atentos, se posaron en Rebecca desde el primer instante.
Rebecca se acercó y saludó con respeto.
—Lady Dempster.
La mujer sonrió.
Una sonrisa cálida.
Genuina.
—Así que tú eres Rebecca… —dijo con una voz suave, pero clara
—Regina me habló de ti.
Eso, por sí solo, ya marcaba una diferencia.
No era una desconocida completa.
Rebecca asintió levemente.
—Agradezco que me reciba.
Lady Dempster hizo un gesto suave con la mano, indicándole que se acercara más.
—Ven, siéntate conmigo.
No había formalidad rígida.
Había cercanía.
Y eso relajó ligeramente el ambiente.
Cuando Rebecca tomó asiento, la anciana la observó unos segundos más, con una curiosidad tranquila.
—Eres muy hermosa —comentó, casi como si fuera un pensamiento en voz alta
—Te pareces mucho a Regina.
Rebecca mantuvo la compostura.
Y asintió..
No negó.
No afirmó con emoción.
Solo aceptó.
Lady Dempster asintió, como si esa respuesta confirmara algo.
Luego, sin más rodeos, comenzó a hablar.
—He tenido algunas molestias últimamente…
Su tono cambió apenas, volviéndose más práctico.
—Nada grave.. Pero a mi edad, cualquier cosa se siente más.
Rebecca se inclinó ligeramente hacia adelante, atenta.
Escuchando.
—Un poco de debilidad… Y este resfrío que no termina de irse.
Tos leve.
Congestión.
Cansancio.
Rebecca no interrumpió.
No apresuró preguntas.
Solo dejó que hablara.
Observando al mismo tiempo.
El color de su piel.
El tono de su voz.
La forma en que respiraba.
—Comprendo…
Dijo finalmente, con suavidad.
Su mente ya comenzaba a organizar la información.
No era un caso complejo.
Pero tampoco debía tratarlo como algo menor.
Era su primera impresión.
Su primera evaluación real.
Y Lady Dempster… no parecía alguien que buscara fallas.
Sino alguien que sabía observar.
Rebecca ajustó ligeramente su postura.
Más concentrada.
Más presente.
Porque ese momento… aunque sencillo en apariencia… era el inicio de su práctica.
Y cada palabra, cada gesto, cada decisión… contaba.
Mientras Lady Dempster la miraba con esa calma comprensiva, casi maternal…
Rebecca sintió algo claro.
No estaba siendo juzgada con dureza.
Pero sí… estaba siendo observada.
Y eso… era más que suficiente.
Lady Dempster no apresuró la conversación.
Después de escucharla con atención, su expresión volvió a suavizarse, como si la evaluación hubiera sido solo una parte… y no el centro del encuentro.
—Antes de continuar.. ¿te gustaría tomar una taza de té?
Rebecca asintió.
—Sí, gracias.
El gesto parecía sencillo.
Natural.
Pero Rebecca no dejó de observar.
Una doncella trajo el té, servido con elegancia impecable. La porcelana fina, el aroma delicado… todo en ese lugar parecía medido, armonioso, casi perfecto.
Demasiado perfecto.
Mientras sostenía la taza entre sus manos, Rebecca notó algo.
No en lo que se decía.
Sino en lo que no.
Lady Dempster hablaba con calma, le mostraba algunos detalles de la mansión, la guiaba por salones amplios, decorados con una belleza que no buscaba impresionar, pero lo hacía de todos modos.
[Este lugar… es demasiado bueno, para ser verdad]
Pensó Rebecca, recorriendo con la mirada cada rincón.
No había descuido.
No había tensión.
No había… urgencia.
Y eso no encajaba.
No con alguien que realmente estuviera preocupado por su salud.
No con alguien que necesitara atención médica constante.
Rebecca caminaba a su lado, escuchando, respondiendo cuando era necesario… pero su mente ya estaba trabajando.
[No es ella… hay algo mas]
La conclusión llegó despacio, pero con firmeza.
No por lo que Lady Dempster decía.
Sino por lo que no coincidía.
Su energía.
Su lucidez.
Su forma de moverse.
Su respiración.
Todo indicaba molestias menores… sí.
Pero no algo que justificara ese tipo de evaluación.
Rebecca se detuvo suavemente cuando regresaron al salón inicial.
Dejó la taza sobre la mesa.
Y entonces habló.
—Lady Dempster… —su voz fue respetuosa, pero firme
—Discúlpeme…
La anciana la miró con interés.
Rebecca sostuvo su mirada.
—Creo que usted no es la paciente.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue… revelador.
Por un segundo, Lady Dempster no dijo nada.
Y luego… sonrió.
Una sonrisa distinta.
Más amplia.
Casi orgullosa.
—Muy bien… —murmuró.
Rebecca no apartó la mirada.
Lady Dempster suspiró suavemente.
—Tienes razón.
No hubo molestia.
No hubo incomodidad.
Solo… aceptación.
—Debo disculparme contigo.. No era mi intención engañarte de mala forma.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero quería observarte.
Rebecca asintió levemente.
Lo entendía.
—Regina tampoco lo sabía.. Esto fue… una decisión mía.
Eso también tenía sentido.
Era una prueba.
No solo de conocimiento.
Sino de criterio.
De observación.
De capacidad para cuestionar sin perder el respeto.
Lady Dempster la miró con atención renovada.
—No todos se habrían atrevido a decirlo.
Rebecca respondió con calma.
—Si no lo decía… no estaría haciendo bien mi trabajo.
La anciana asintió, satisfecha.
—Exactamente.
Luego, su expresión se suavizó nuevamente.
—Ven.. Es momento de que conozcas al verdadero paciente.
Rebecca sintió cómo su enfoque se ajustaba de inmediato.
La prueba real… recién comenzaba.
Mientras caminaba junto a Lady Dempster por los pasillos de la mansión, su mente estaba completamente clara.
Había superado el primer filtro.
No con perfección.
Sino con criterio.
Y eso… era exactamente lo que necesitaba.
—Raphael…
Repitió en su mente.
El nombre del verdadero paciente.
Y con cada paso que daba…
Rebecca Sallow se preparaba.
No solo para observar.
Sino para demostrar… que estaba lista para mucho más.