Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la
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Capítulo 23: La Gravedad de una Promesa
El miércoles transcurrió con la lentitud típica de los días que preceden a los grandes cambios. En los pasillos de la Escuela Normal, el aire se sentía cargado de una mezcla extraña entre alivio y melancolía. Valeria caminaba hacia el laboratorio de física, pero esta vez no llevaba la mirada clavada en sus zapatos. Llevaba la cabeza en alto, consciente de que cada rincón de ese colegio guardaba un fragmento de su propia evolución.
—¡Valeria! ¡Espera al escuadrón de apoyo! —el grito de El Chino rebotó en las paredes de ladrillo.
El Chino llegó trotando, arrastrando a un Daniel que intentaba leer un artículo científico mientras caminaba. El Chino se detuvo frente a Valeria, recuperando el aire con las manos en las rodillas.
—Tengo un mensaje clasificado del "Sector Artístico" —dijo El Chino, recuperando su habitual tono de conspirador—. Julián dice que hoy no podrá almorzar con nosotros bajo el mango. El director lo tiene secuestrado en la oficina de artes terminando los bocetos de las menciones de honor. Pero me pidió que te entregara esto.
El Chino le extendió un pequeño sobre de papel kraft, cerrado con un trozo de cinta azul. Valeria lo tomó con delicadeza, sintiendo la mirada curiosa de sus amigos.
—Según mi análisis de probabilidad —intervino Daniel, ajustándose los lentes—, ese sobre contiene un 95% de arte sentimental y un 5% de grafito. Te sugiero que lo abras en un entorno controlado, es decir, lejos de los gritos del Chino.
—¡Oye! Mis gritos son el marco perfecto para cualquier romance —protestó El Chino, mientras los tres empezaban a caminar hacia la cafetería—. Por cierto, ¿vieron a Sofía y a Mateo? Están en la oficina de coordinación revisando la lista de invitados para la ceremonia. Sofía quiere asegurarse de que su familia tenga los mejores asientos para capturar cada segundo con su cámara profesional.
Al llegar a la cafetería, se sentaron en su mesa de siempre. Sofía y Mateo se unieron a ellos poco después, con cara de cansancio pero con una chispa de satisfacción.
—Todo está listo —anunció Sofía, dejándose caer en la silla—. El orden de la fila será por apellidos, pero el director nos permitió que el grupo de protocolo —nosotros— estemos juntos en una sección especial. No vamos a separarnos ni para recibir el diploma.
Mateo asintió, dándole un trago a su botella de agua.
—Es lo justo. Después de todo lo que pasamos, lo mínimo es que salgamos de aquí como entramos al final: como una manada.
Valeria, aprovechando que el grupo estaba inmerso en una discusión sobre qué tipo de comida servirían en el brindis, abrió el sobre de Julián. Dentro no había una carta larga, sino un dibujo de una brújula. En lugar de los puntos cardinales (Norte, Sur, Este, Oeste), la brújula tenía las iniciales de sus amigos. En el centro, donde debería estar la aguja, Julián había escrito una sola frase con su caligrafía elegante: *"Nuestra gravedad no depende de un lugar, sino de nosotros"*.
Valeria sintió un nudo en la garganta. Miró a su alrededor: a El Chino tratando de robarle una papa a Daniel, a Daniel defendiendo su plato con una lógica implacable, y a Sofía y Mateo compartiendo un momento de complicidad silenciosa. Esa era su gravedad.
En la entrada de la cafetería, Valkra apareció de repente. No llevaba su habitual expresión de combate; se veía extrañamente tranquilo. Se acercó a la mesa y se quedó de pie, observando el caos alegre de los chicos.
—Ya enviaron las notificaciones a las casas —dijo Valkra, cruzando los brazos—. Sus padres deberían estar recibiendo las invitaciones oficiales hoy mismo. Julián hizo un buen trabajo con el diseño. Se ve... profesional.
—¡Valkra! ¿Te vas a sentar con nosotros o vas a seguir pareciendo un guardaespaldas de película? —preguntó El Chino con su habitual falta de filtro.
Valkra soltó una risa corta, algo casi inaudito en él.
—Sigan celebrando, pelados. Solo vine a decirles que el viernes es el último ensayo general. No lleguen tarde, o el director los pondrá a marchar como reclutas.
Valkra se alejó, pero antes de salir, le dedicó un asentimiento de cabeza a Valeria. Ella entendió el mensaje: el camino estaba despejado. No había más sombras, solo la luz del final del túnel.
—Bueno —dijo Valeria, guardando el dibujo de Julián cerca de su corazón—, si este es nuestro penúltimo miércoles como estudiantes, creo que deberíamos hacerlo memorable. Chino, deja la papa de Daniel y dinos: ¿cuál es el plan para la tarde?
—¡Plan de estudio intensivo de "Cómo no llorar en la graduación"! —exclamó El Chino, levantando su vaso—. Aunque sospecho que voy a fallar esa materia en los primeros cinco minutos.
El Capítulo 23 terminaba con el grupo riendo, planeando un futuro que ya no parecía un abismo aterrador, sino una aventura emocionante. El eco de los pasillos empezaba a transformarse en un canto de victoria, y aunque el Volumen 1 llegaba a su fin, la historia de sus vidas apenas estaba tomando impulso.