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¿ALGO JOVEN PARA MÍ?

¿ALGO JOVEN PARA MÍ?

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor en la madurez / Romance de oficina / Completas
Popularitas:10k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

Valeria Salcedo, arquitecta de cuarenta años, cree tener todo bajo control. Hasta que un joven diseñador la empapa de café en su primer día de trabajo y, sin saberlo, le desordena la vida.
Héctor Mora, veinticinco, es ingenioso, un foco del desastre y peligrosamente encantador: justo el tipo de caos que Valeria evita desde hace años.
Entre proyectos, pullas y risas, lo que empezó como un accidente se convierte en una atracción que ninguno logra disimular.
Ella teme ser un cliché; él insiste en que el amor no entiende de edades, solo de ganas y afinidad.

HISTORIA DE 23 CAPÍTULOS. GRACIAS POR LEER.

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3

El evento se llamaba “Arquitectura y Tendencias Urbanas 2025”, aunque Valeria sospechaba que era solo otra excusa para lucir relojes caros y sonrisas ensayadas con trago gratis.

Llegó puntual, vestida de negro, sobria y elegante. A los cuarenta, no necesitaba esfuerzo para destacar: lo hacía sin darse cuenta.

A las 8:15, Héctor apareció en la entrada. Vestía una chaqueta de cuero, jeans, zapatillas blancas. Parecía fuera de lugar, o con la peculiaridad que lo hace completamente visible.

—¿Te perdiste de camino al bar? —preguntó ella.

—No, vine al evento. El correo decía “semiformal”. Esto es semi y formal.

Valeria disimuló la risa tras la copa.

—Tu creatividad no tiene límites.

—Gracias. Además, alguien tenía que venir a representar al pueblo.

Ella negó con la cabeza, sonriendo.

Él tenía esa clase de caos que se infiltraba sin permiso y, peor aún, la hacía reír cuando no debía.

Durante la primera hora, él deambuló con su mezcla habitual de curiosidad e inconsciencia.

Mientras ella hablaba con un inversionista, Héctor se acercó a la consola.

—La música está buenísima, ¿a qué hora empiezas oficialmente? —preguntó.

—Ya empecé. Soy el ingeniero de sonido.

Una asistente soltó la carcajada.

Valeria giró con expresión de “¿qué ahora?”.

—¿Lo confundiste con el DJ?

—No. Lo reinterpreté.

Ella se frotó la sien.

—Reinterpreta también la palabra “discreción”, por favor.

Durante la cena, Valeria y Héctor terminaron sentados juntos.

La luz cálida, el vino y la risa ajena hacían más fácil olvidar que estaban en un evento de trabajo.

—Vienes a muchos de estos, ¿no? —preguntó él.

—Por trabajo, sí. Por placer, no.

—Entonces haré que este te guste.

—¿Ah, sí?

—Ya hice reír a la arquitecta más seria del lugar. Eso cuenta.

Ella rió otra vez, sin poder evitarlo.

Él levantó la copa.

—Dos.

—¿Dos qué?

—Risas. Estoy midiendo progreso.

—No te ilusiones. A veces río por nervios.

—Perfecto. Me dedico a generarlos.

Valeria lo miró, con esa sonrisa que se escapa antes de rendirse.

—Y ese es el problema.

Al final de la noche, salieron juntos.

Bogotá seguía lloviznando, el pavimento reflejaba las luces como un espejo líquido.

Héctor titubeó un segundo. Mano, abrazo o distancia.

Valeria lo resolvió por él: un beso rápido en la mejilla.

Él se quedó mudo. Literalmente.

—¿Todo bien? —preguntó ella.

—Sí… es que se me reinició el sistema.

Ella sonrió.

—Reiníciate con cuidado. Mañana hay reunión temprano.

—No prometo concentración total.

—No esperaba menos.

Valeria subió al taxi con el corazón un poco más liviano.

Y Héctor, empapado bajo la llovizna, sonrió sin saber por qué.

Aunque sí lo sabía: había recibido su primer “sí” disfrazado de beso.

Bogotá amaneció gris y lluviosa. Valeria avanzaba rápido, bufanda al cuello, con la esperanza de pasar por su panadería favorita antes de enfrentar el día laboral. El olor a pan recién hecho la recibió como un refugio, y un recuerdo de su infancia.

Pidió un latte y un croissant. Cuando se giró, ahí estaba Héctor, igual de sorprendido.

—¿Tú también? —dijo él, sonriendo.

—Sí, pero no digas que es destino.

—Tranquila, es pura logística. Todos los caminos llevan al pan.

Ella soltó una sonrisa breve mientras él pedía su café doble y una dona. Terminaron en mesas contiguas, demasiado cerca como para pretender coincidencia.

—¿Vienes mucho por aquí? —preguntó él.

—¿Ese es tu intento de charla casual?

—Estoy en fase experimental —contestó, con una sonrisa torpe—. Aún soy joven.

Demasiado, pensó ella. Revolvía el café y lo miraba de reojo: el cabello húmedo, los ojos claros, ese desorden que contrastaba con su propio control.

No puede gustarme un tipo que dice “bro”, se dijo. Ni uno con mochila de caricaturas retro.

Al terminar, Héctor miró por la ventana.

—Sigue lloviendo. ¿Te llevo al trabajo?

—No hace falta.

—Propongo una alianza estratégica contra la humedad —dijo, levantando su paraguas medio roto—.

—¿Estrategia temporal?

—Con opción de renovación diaria.

Valeria rió.

—Está bien, pero tú sostienes el paraguas.

—Nací para eso. —Sonrió, y salieron.

Caminaron juntos, tan cerca que el agua salpicaba sobre los hombros de ambos. Héctor hablaba de música, del drama de los lunes, de la tiranía de las reuniones sin café. Ella respondía poco, pero sonreía más de lo que planeaba.

Hasta que él resbaló.

Valeria lo sostuvo del brazo, evitando la caída.

—¿Todo bien? —preguntó entre susto y risa.

—Sí. Digno, pero herido en el orgullo.

—Eso te pasa por coquetear bajo la lluvia.

—Técnicamente, estaba caminando.

—Técnicamente, intentando impresionarme.

Él se encogió de hombros.

—¿Funcionó?

—Aún lo estoy evaluando.

Llegaron empapados al edificio. Antes de despedirse, Héctor levantó el paraguas.

—Entonces, ¿mañana también paso por la panadería?

Ella lo miró, tranquila.

—Dependerá de la logística.

Entró sin mirar atrás. Él se quedó en la acera, sonriendo como idiota bajo la lluvia.

La tarde se arrastró entre reuniones y llamadas. Cuando por fin salió de la oficina, Valeria pensó en ir directo a casa. Pero al pasar frente al café en remodelación, notó una luz débil filtrarse entre los plásticos de las ventanas.

Adentro, Héctor discutía con el encargado, casco torcido, carpeta en mano.

—Te juro que no todos los enchufes pueden ir en el mismo muro —decía, agitando las manos.

El otro lo miraba con resignación profesional.

Valeria entró, divertida.

—¿Qué pasó?.

—Tengo opiniones fuertes sobre electricidad y feng shui. —Sonrió—. ¿Qué haces aquí?

—Pasaba cerca… y necesitaba cafe.

—Perfecto, estoy negociando uno de prueba.

El dueño, que ya los reconocía, asintió y desapareció entre el vapor de la máquina.

El olor a café recién hecho se mezclaba con madera húmeda, pintura fresca y un ruido constante de fondo.

Todo olía a algo que todavía no estaba listo.

—Me gusta este lugar —dijo Valeria—. Parece que aún no decide en qué quiere convertirse.

—Como yo —respondió él, antes de darse cuenta.

Ella lo miró un instante más de lo prudente.

—¿Y tú? ¿Sí sabes?

Valeria apartó la vista. —Ya pasé mis fases de ensayo.

—Eso suena aburrido.

—Suena estable.

El dueño volvió con dos tazas y los dejó ahí, entre los escombros.

—¿Sabes qué me dijeron hoy? —dijo Héctor—. Que tengo demasiada energía.

—Eso deben decírtelo a diario.

—¿Y a ti?

—Que pienso demasiado.

—Perfecto. Yo salto sin mirar, tú miras sin saltar.

—Eso no siempre funciona.

—Por eso me gustas —respondió él, bajito.

Ella lo miró, sin sonrisa. Pero el silencio fue más elocuente que cualquier respuesta.

Un transeúnte pasó frente al vidrio, los observó, y de pronto el momento se volvió incómodo, demasiado íntimo para sostenerlo.

—Debería irme —dijo Valeria.

—Claro. Pero vas a volver.

—¿Tan seguro estás?

—No. Pero tengo fe.

Ella tomó su abrigo, con esa sonrisa que no se atreve a mostrarse.

—Nos vemos mañana, Héctor.

—O en la panadería —dijo él, levantando la taza a modo de brindis.

Cuando Valeria salió, la lluvia seguía cayendo. Pensó que había algo peligroso en ese café sin terminar: cada vez que volvía, algo dentro de ella parecía quedarse atrás.

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Anonymous
Está historia tocó mi corazón, aunque corta, muy Corta fue genial y creo que no fueo que más me gusto, un amor sin promesas, sin maltrato, ni violencia todo fue saliendo sin pensar te felicito Rene por esta historia tan conmovedora, con mucho realismo y sentimientos /Smile//Rose//Heart/
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Anonymous
Rene te fe está historia te la compro sin mirar atrás ni pensarlo
Anonymous
Qué historia tan conmovedora y linda 🥰🥰
Anonymous
Qué amor tan hermoso sin promesas sólo viviendo
Anonymous
No se que decir en este capitulo estoy triste muy triste 😭😭😭😭😭
Anonymous
Me encanta la historia gracias autor 👏👏👏👏👏
Anonymous
Espero, Valeria no haga un capricho de lo que vio
Anonymous
Pensé era valeria la chica del dibujo 🤭
Anonymous
Muy buen comienzo sin importar opiniones ajenas👏
Anonymous
Qué siga el horno encendido 🥰
Anonymous
Así es Valeria se valiente y demuestra que todavía eres una mujer genial capaz de volver a ser feliz 🥰🥰
Anonymous
Muy buena la historia 👏👏
Anonymous
Vive, Valeria vive 🥰🥰👏👏
Anonymous
Así es Valeria porfin pensaste en ti y tus sentimientos
jmlanena
Vas por buen camino Héctor!!! 🤭🤭🤭
jmlanena
Una buena motivación para elevar la autoestima!!! 😉
Anonymous
La historia es encantadora 🥰🥰
Anonymous
Valeria qué no te importe el mundo sólo el y tú 🥰🥰
Beatriz
La mejor edad para disfrutar su sexualidad de forma libre,consensuada, sin límites
Beatriz
40 y 20. No se porque cuando el hombre es mayor es normal pero en caso contrario crucifican a la mujer. Ellos son libres,no están engañando a nadie. La veterana y el novato,no tan novato,ya tiene 25 años. Yo conozco varias parejas como esta y han formado excelentes familias
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