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Mi Salvaje Concubina

Mi Salvaje Concubina

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Contratadas / Naruto / My Hero Academia / Completas
Popularitas:348.1k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Kelly Lea Barros

¿Será que una mujer solo tiene una única oportunidad para amar?

Mi Salvaje Concubina es una novela sobre libertad, identidad femenina y el precio de amar sin perderse.

NovelToon tiene autorización de Kelly Lea Barros para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

-No Es Una Opción Para Mi

El campamento fue levantado en completo silencio.

Los hombres de la Mariposa Negra se movían como sombras. Los de Kandor, en filas rígidas. Dos disciplinas distintas, dos mundos que no se mezclaban.

Melia desmontó de Bestia sin mirar atrás.

No buscó el carruaje de los príncipes. No pidió agua. No preguntó por Blen.

Se dirigió directamente al sector donde habían instalado al guardia herido.

Ella misma había dado las instrucciones antes de que descendiera el sol. Dónde colocar las antorchas. Cómo distribuir los turnos de vigilancia. Qué brebajes debían prepararse y cuáles no debían tocarse.

No hablaba mucho. Pero cuando lo hacía, el campamento se ajustaba.

No por rango. Por certeza.

Kailer la observó desde lejos.

No entendía por qué su mirada regresaba a ella sin que él la llamara. No era deseo. No era interés.

Era vigilancia involuntaria.

Como si su cuerpo supiera algo que su mente aún no aceptaba.

—Está organizando el perímetro —murmuró Kramín a su lado—. No es comportamiento de sanadora.

Kailer no respondió.

Melia recorrió los puntos ciegos del campamento con una sola mirada. Señaló dos. Un soldado de la Mariposa Negra se desplazó. Luego otro.

El perímetro se reordenó sin que ella levantara la voz.

Kailer lo notó.

No era autoridad.

Era algo más peligroso:

presencia.

Ella no pedía. Ella no ordenaba. Ella alineaba.

—¿Desde cuándo obedecen así? —murmuró.

—Desde que alguien pisa el terreno como si fuera suyo —respondió Kramín—. No la trajeron solo por su sangre.

Kailer frunció el ceño.

—Es alumna de Misimú —continuó su hermano—. Del mejor médico de los cinco reinos. No la enviaron para ayudar. La enviaron porque es parte del tratamiento.

El pulso de Kailer cambió sin pedir permiso.

Melia levantó la vista.

No lo buscó.

Pero lo encontró.

Sus miradas se cruzaron.

No fue desafío. No fue coqueteo.

Fue una interrupción.

Un micro–desorden en el aire.

Kailer sintió el cambio primero.

Melia fue la primera en romper el contacto visual.

Y eso fue peor.

Porque no huyó.

Simplemente lo archivó.

Kramín ladeó la cabeza.

—Hermano… Ella no te está mirando. Te está midiendo.

Y por primera vez en su vida, Kailer sintió algo que no tenía nombre.

No era miedo.

Era la sensación de que había entrado en un territorio donde él ya no era el centro

Unas horas después, las fogatas ardían dispuestas en círculos precisos. Kandor imponía su orden. Ranson respondía con silencio.

Melia descansaba en su tienda cuando oyó voces femeninas al otro lado de la lona.

—¿Podemos pasar, señorita Melia?

—Adelante.

Tres jóvenes entraron con bandejas: una con alimentos, otra con vestidos y una tercera con joyas y adornos. Se inclinaron ante ella.

No era cortesía.

Era sumisión.

Melia lo percibió al instante.

—No es necesario —dijo—. Lleven eso a quien realmente lo necesite.

Las jóvenes no se movieron.

Se miraron entre sí.

Y entonces se arrodillaron.

—Por favor, no nos obligue a regresar —suplicaron—. El administrador de sirvientes nos envió. Si volvemos sin cumplir, perderemos nuestro lugar.

Melia frunció el ceño.

—¿Quién dio esa orden?

—El encargado de la servidumbre, señorita…

Melia comprendió.

No era atención.

Era una señal de dominio.

La imagen de Kailer cruzó su mente.

—Levántense —dijo con calma.

Salió de la tienda.

Las jóvenes la siguieron.

Kailer estaba junto al fuego destinado a los príncipes.

Melia caminó hasta él sin inclinarse. Oficiales y guardias alzaron la vista. Muchos la recordaban: la muchacha del camino.

No pidió permiso.

Se detuvo frente a él.

El aire se tensó.

—No aceptaré que las costumbres de tu reino me conviertan en parte de su orden —dijo—. No pertenezco a Kandor. No estoy bajo tu mando ni bajo tu protección. No necesito nada de ti.

Se volvió para retirarse.

El fuego crepitó.

Entonces una mano cerró sobre su muñeca.

No la que había sangrado por Blen.

Kailer se había levantado.

La sujetaba.

No por ira.

Por reflejo.

Por hábito de mando.

Por un mundo donde nadie le hablaba sin ser llamado.

La atrajo hacia sí con fuerza contenida.

—No te des tanta importancia —dijo en voz baja—. No me interesa que formes parte de mi mundo. Estás aquí por la vida de Blen. No por mérito propio. Ni siquiera alcanzas a ser considerada una mujer como las de los cinco reinos.

La soltó.

El silencio cayó sobre el campamento.

Melia sostuvo su mirada un instante.

Y aun así, algo en esa mirada la descolocó.

Kramín observó cómo su hermano se convertía en el centro de todas las miradas.

Melia respiró hondo.

Regresó a su tienda.

Al pasar junto al fuego, tomó las joyas de una de las bandejas

y las dejó caer sobre la tierra.

No al fuego.

A la tierra.

Cuando entró en su tienda, sus manos temblaban.

No de miedo.

Sino del impacto.

Y al cambiarse, vio la marca en su piel.

No como herida.

Sino como señal.

**************

Melia estaba tan agotada por el viaje que al acostarse cayó rendida. Sin embargo, en lo más hondo de la madrugada, la voz de su primo la despertó desde fuera de la tienda.

—¡Melia! ¡Despierta! ¡El guardia del príncipe está muy mal!

Ella abrió los ojos de golpe.

—¿Rafel…?

Se incorporó, tomó una túnica y salió, con el camisón apenas cubierto y el cabello castaño suelto, cayéndole libremente por la espalda.

Al verla, Rafel se quedó inmóvil por un segundo. La luz de la luna se enredaba en su cabellera, dándole un aire indómito que la volvía extrañamente hermosa.

—Ven —dijo al fin—. Blen empeoró. El médico del príncipe pidió que te buscara.

Gu-Derte, el médico que acompañaba siempre a Kailer, llevaba horas sin apartarse del lecho del guardia. Desde el envenenamiento, la orden era clara: Blen no debía quedar solo ni un instante.

Melia entró en la tienda sin anunciarse. No hubo saludos ni permisos. Solo urgencia.

Se inclinó sobre Blen, tocó su frente, buscó el pulso en el cuello y luego en la muñeca.

Hizo una seña a Rafel.

—El cuchillo.

Sin dudar, se hizo un corte limpio en la muñeca y acercó la sangre a los labios de Blen, repitiendo el mismo procedimiento que en la Ciudad Alada.

El silencio se apoderó del lugar.

Para los presentes, su irrupción sin cortesía ya era un atrevimiento. Pero eso pasó a segundo plano cuando vieron la sangre correr por su piel.

Kailer, sin embargo, apenas lo notó.

Su atención quedó atrapada en ella.

El cabello suelto.

La forma en que la túnica apenas contenía su silueta.

La calma feroz con la que se movía.

Había conocido demasiadas mujeres en Kandor, todas cuidadas, adornadas, perfectamente dispuestas para agradar. Pero aquella joven no buscaba agradar a nadie.

Y aun así, lo desarmaba.

Cuando Melia alzó la manga para limpiar la herida, el moretón en su brazo quedó expuesto. Oscuro. Evidente. Marca reciente de la fuerza con que él mismo la había sujetado horas antes.

Por un instante, Kailer sintió algo extraño, incómodo. Una presión seca en el pecho.

No le gustó verla marcada por él.

No le gustó reconocerse en esa señal.

Cuando Melia terminó, presionó su muñeca y miró a Gu-Derte. El gesto fue suficiente: Blen resistiría.

Se dirigió a la salida sin mirar a nadie.

Kailer dio un paso adelante y le tendió un pañuelo blanco.

Melia lo esquivó sin detenerse.

Ni siquiera volvió el rostro.

El príncipe cerró el puño lentamente, aún con el pañuelo entre los dedos.

Aquella mujer no solo lo desafiaba.

Lo desordenaba.

Le alteraba el pulso, la respiración, la forma misma en que su cuerpo reconocía el mundo.

No era un deseo simple.

Era una presión en el pecho.

Una sensación de invasión.

Como si algo que no le pertenecía ya estuviera entrando en su territorio.

Y eso lo enfurecía.

No porque la quisiera.

Sino porque no podía ignorarla.

Al amanecer, cuando la caravana comenzaba a disponerse para partir, Melia cepillaba a Bestía junto a los carruajes. El vapor del aliento del caballo se alzaba en el aire frío.

Un sirviente de Kandor se acercó sin anunciarse. Extendió la mano.

En ella había un pequeño frasco de vidrio oscuro.

Melia no se volvió. Continuó peinando la crin del animal.

—Dile a tu príncipe —dijo— que, mientras dure esta travesía, no se cruce en mi camino. Cumpliré la misión, pero su presencia no me es grata. Que se haga un favor… y me lo haga a mí: no volviéndose a dirigir a esta salvaje.

El sirviente se retiró sin insistir.

Las palabras llegaron a Kailer sin ser suavizadas.

Él sintió el pulso golpearle las sienes. Apretó la mandíbula. Empuñó las manos.

No era la negativa. Era el desafío.

Había pasado la noche entera despierto, repasando cada encuentro con ella, cada gesto, cada palabra. Pensarla no le daba tregua.

—Ya todo está dispuesto —anunció Kramín—. Si partimos ahora, al caer la noche estaremos en Sebor.

Kailer asintió, echando la cabeza hacia atrás como si buscara soltar la tensión de su cuello.

Kramín sonrió.

—Todavía no la superas.

—No es un asunto que merezca atención —respondió Kailer, cerrando el mapa—. Hay cosas más importantes.

—Así que no admitirás que te gusta.

Kailer guardó el pergamino.

—Que me guste o no no es una opción para mí.

Se alejó.

Kramín comprendía bien por qué. La Casa de Kandor había endurecido sus reglas: no cualquier mujer podía acercarse al linaje real. Ninguna elección era libre.

A él, en cambio, Mina no había dejado de rondarle los pensamientos. Le había dolido saber que no viajaría con su hermana. Se prometió terminar aquella misión cuanto antes y volver a verla en Casa Alada.

La caravana avanzó por los caminos de Ranson hasta el mediodía. Luego cruzaron a territorio de Kandor, rumbo a Sebor.

Melia cabalgaba en silencio. Sabía que solo existía un camino para llegar a la montaña Badasu sin topar con el ejército de Bedolia. Y sabía también que, si los príncipes elegían ese sendero, ella estaría preparada.

Dentro del carruaje, Kailer y Kramín pensaban lo mismo.

No pedirían paso. No enviarían emisarios.

Tomarían el bosque perdido.

Este era el pensamiento de Kailer cuando, de pronto, una flecha atravesó la ventana del carruaje. Iba dirigida a él. La atrapó al vuelo.

No hubo gritos. No hubo pánico. Pero todos comprendieron al instante que estaban rodeados.

Al frente del camino, jinetes emergían entre el polvo, acercándose lentamente, como si ya supieran que no encontrarían resistencia.

Cuando estuvieron a una distancia prudente, Kramín descendió del carruaje y avanzó. Uno de los hombres desmontó también. En cuestión de segundos, ambos chocaron en un enfrentamiento breve, preciso, feroz… hasta que, al mismo tiempo, cada uno terminó con la espada en el cuello del otro.

Entonces se oyó la voz del que parecía ser el líder.

—Vaya, primo… —dijo, envainando su arma—. Aún no logro vencerte.

Kramín sonrió con frialdad mientras hacía lo mismo.

—Sigue practicando, Krey. Quizás algún día lo consigas.

Krey era el segundo hijo de Kramon, hermano del rey. Había crecido junto a Kailer y Kramín, y desde joven se había ganado un nombre que inspiraba obediencia… y temor. En Kandor y más allá de sus fronteras era reconocido como un general implacable. Pero entre las mujeres del reino, su nombre se pronunciaba en susurros. No por respeto. Sino por miedo.

Kailer no descendió del carruaje. Había reconocido el sello de Krey en la flecha que atrapó. Le irritaba su primo. Para él, la manera en que Krey trataba a las mujeres era aberrante, incluso dentro de la rígida moral de Kandor.

Recordó una visita pasada. Había ido a hablar de estrategias militares… y terminó siendo testigo de algo que jamás logró borrar de su memoria.

Para Melia, Krey era un desconocido. Había oído historias sobre él en los cinco reinos, pero nunca lo había visto. Ahora, al tenerlo frente a ella, comprendió por qué muchos hablaban de su atractivo. Los hombres de aquella sangre parecían esculpidos para gobernar… o destruir.

—Vaya, vaya… —dijo Krey, avanzando—. ¿Y quién es esta hermosa criatura salvaje?

Melia sacó su espada en un movimiento tan rápido que él no lo vio venir. En un parpadeo, la hoja estaba apoyada en su cuello.

—Sé quién eres —dijo con calma peligrosa—. Así que te lo advierto: no te acerques a ninguna mujer de esta caravana. Ni a mí. Porque si lo haces, te prometo que vivirás lamentando no poder llamarte hombre.

Krey sonrió, deslizando dos dedos sobre el filo.

—Interesante… —murmuró—. ¿Y quién hará eso? ¿Tú? No pensarás que una criaturita salvaje como tú puede resistir mis encantos, ¿verdad?

Había reconocido de inmediato lo que ella era. La firmeza con la que montaba, la forma en que empuñaba la espada… Melia no pertenecía a una tierra dócil.

Y eso, precisamente, lo tentaba.

Kailer sintió cómo algo se le cerraba en el pecho.

No podía permitirlo.

Sin pensarlo más, salió del carruaje.

—Krey —dijo con autoridad—. Regresa a tu caballo. Debemos llegar antes del anochecer a Sebor.

Krey soltó la espada y se volvió. Hizo una reverencia lenta.

—Su Alteza, príncipe heredero. Que los dioses le concedan larga vida. Obedeceré su orden.

Montó de inmediato. Antes de partir, giró la cabeza para mirar a Melia… y luego a Kailer.

Ella guardó su espada. No lo miró.

No le debía nada.

Si él no hubiera intervenido, ella misma habría enseñado a aquel monstruo a respetar a las mujeres.

Kailer permaneció un instante inmóvil, esperando —sin saber por qué— que ella lo mirara.

No lo hizo.

Cerró los ojos antes de volver al carruaje. Kramín entró tras él y lo observó en silencio

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Danita 🥰
Lamentablemente me aburrió la historia, así q hasta el cap 10 llegó sorry 🤷‍♀️
Danita 🥰
Sabía q ese tío las traicionaria😡
Danita 🥰
Tan tonta cayó redondito, y tanto q hablaba
Danita 🥰
Mejor para ella si no le hablas
Danita 🥰
En esa época era así, doy gracias a Dios x haber nacido en el siglo XXI libre de todo eso, aunque aún siguen habiendo hombres machistas, pero no tan exagerado como en esa época
guadaupe castro
hay no melia es tan estúpida como se deja engañar por su tío y juzga a terr si a sido el único que realmente a dado todo por ella hasta su propia vida por proteger a ella y su hijo,que mal agradecida y egoísta solo piensa en ella y el otro idiota del emperador Keiler no a echo nada por ella ni por su hijo y todavía se cree con derechos, agradecido debería de estar con terr por proteger a melia,autora por favor que melia deje de amar a Keiler y se quede con terr..🙏.
Martha Maria Fernández Morán
me estancado ganas de a banda nar esta historia y qui tarde los gusta
Martha Maria Fernández Morán
ay no.ya me esta aburriendo tanta estupidez de verdad
Martha Maria Fernández Morán
valla por lo menos no están mmm nose pero eso de aser luchar por su hijo por cambiar esa manera de ser de los poderosos y no nadamas.pensar en que si me quiere o no para en pesar uno.mismo se da el valor como persona no se de be de pender de nadien si te quieren bien y si no.pues ni modos ellos se lo.pierde tu te lo harros el sufrimiento es mejor que duela una ves que estar sufriendo siempre por las.personas que no te valoran ay más aya ella que vive en un lujar que es diferente que hay respeto por las personas que ko importa de donde y como sean nos e donde wsta todo lo que le en seño su tío tanto como ha melia y mina
Martha Maria Fernández Morán
valla por lo menos no están mmm nose pero eso de aser luchar por su hijo por cambiar esa manera de ser de los poderosos y no nadamas.pensar en que si me quiere o no para en pesar uno.mismo se da el valor como persona no se de be de pender de nadien si te quieren bien y si no.pues ni modos ellos se lo.pierde tu te lo harros el sufrimiento es mejor que duela una ves que estar sufriendo siempre por las.personas que no te valoran ay más aya ella que vive en un lujar que es diferente que hay respeto por las personas que ko importa de donde y como sean nos e donde wsta todo lo que le en seño su tío tanto como ha melia y mina
Susana Cabrera
bellísima espectacular
Susana Cabrera
bellísima felicitaciones
Mary
Es muy larga la novela perdón escritora pero ya la borre lo siento pero es tonta
Rosalia Martinez Hernandez
Excelente
Mara
de por sí lo odiaba. es un invesil 🤬
Irma Rocha Cruz
gracias escritora.... ésto fue.... adrenalina pura.... excelente... gracias por compartir... bendiciones y hasta pronto.
Irma Rocha Cruz
creo.... que me faltó...... si ...me faltó comprenderla....
Irma Rocha Cruz
pues...yo ya no entendí....
Irma Rocha Cruz
por mí....te puedes morir.. .
Irma Rocha Cruz
par de perros...huy.. qué ganas de cortarles la cabeza.....
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