Yasmin Safi (19) no nació para ser invisible.
En Kabul no hay hielo, solo polvo. Pero ella creció obsesionada con ser campeona de patinaje sobre hielo. Cuando consigue una beca para irse a Toronto, Canadá, deja todo atrás.
Bonita, muy sensual, inteligente, astuta y peligrosa, Yasmin sabe que nadie le va a regalar nada. Si tiene que seducir, mentir o destruir para llegar al oro, lo hará.
En el Toronto Ice Club, entre princesas millonarias que la odian, dos hombres caerán por ella:
Daniel Leblanc (22), el príncipe bueno que puede darle un futuro.
Alexei Volkov (31), el coreógrafo ruso que le enseñará a usar su cuerpo y su maldad como arma en el hielo.
Ella no quiere ser querida. Quiere ser reina. Aunque tenga que patinar sobre hielo negro.
#patinaje #afgana #villana
NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11 - La beca
Volví al club el martes después de provinciales y todo se sentía distinto.
Las chicas que antes se cambiaban de banco cuando me sentaba ahora me miraban. No con cariño, con curiosidad. Como si quisieran saber si lo de Ottawa había sido suerte.
Yo llevaba la medalla plateada en la mochila, envuelta en un calcetín para que no se rayara. No me la puse. Me daba vergüenza.
Thompson me llamó por el altavoz. "Yasmin Safi a oficina." Todos voltearon.
Entré a su oficina. Olía a café viejo y a papeles. Él estaba sentado con una hoja en la mano.
"Siéntate", me dijo.
Me senté. Tenía las manos sudadas.
"Segunda en provinciales con seis meses patinando. No lo había visto nunca", me dijo. No sonrió. Thompson nunca sonríe. "Chloe lleva patinando desde los cuatro años y quedó tercera."
No supe qué decir.
"Te voy a ofrecer algo. No es regalo. Es porque Volkov me dijo que si no te doy beca te vas a Montreal con él y no quiero que Volkov se lleve a la única que le ganó a Chloe."
Me pasó la hoja. Era un contrato de beca parcial del club. Decía que pagaba 20 dólares al mes en vez de 80 y que me daban dos horas de hielo gratis a la semana.
"¿Tengo que limpiar baños todavía?", pregunté.
"No. Solo las cuchillas de Volkov. Y venir a las cinco."
Firmé. Mi firma se veía chueca.
Salí de la oficina con la hoja doblada en el bolsillo. 【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 me estaba esperando afuera.
"¿Qué te dijo?", me preguntó.
"Me dio beca."
【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 gritó tan fuerte que dos niñas se asustaron. Me abrazó y me levantó del piso. Yo me reí por primera vez en dos días sin estar nerviosa.
Esa tarde fuimos al No Frills. Con lo que me ahorraba de la beca y de no pagar limpieza, tenía 60 dólares extra al mes. No es mucho, pero para mí era mucho.
Compramos cosas que nunca comprábamos. Pollo de verdad, no salchichas. Arroz grande, no instantáneo. Yogurt. 【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 metió al carrito unos chocolates que decían 【entity-Lindt¦canonical_name\=Lindt】 y me dijo "hoy sí".
Llegamos a la casa y cocinamos. Yo no sabía cocinar pollo y 【entity-Maya¦canonical_name\=Maya】 tampoco, lo quemamos un poco, pero nos lo comimos igual.
Daniel me escribió: Thompson me contó lo de la beca. Te la mereces.
Le contesté: La gané yo, no tú.
Me contestó: Ya sé. Por eso me gustas.
Alexei me esperó al otro día a las cinco con su café. Le conté lo de la beca.
"Bien", me dijo. "Ahora vas a entrenar más, no menos. Beca no es premio. Es deuda. Ahora me debes resultados."
"¿Nunca estás contento?", le dije.
"Estoy contento cuando ganas. Ayer estabas contenta tú. Hoy ya pasó. Hoy toca trabajar."
Me puso a hacer el lutz otra vez. Me caí tres veces seguidas. A la cuarta me salió.
Chloe me vio entrenando con la beca puesta en la pizarra donde ponen los nombres de becados. Pasó al lado y me dijo bajito: "Felicidades."
No sonó a felicitación. Sonó a que estaba esperando que me cayera de nuevo para reírse.
Pero no me caí.
Esa noche me dormí en el colchón que ya no era en un closet, sino en un cuarto compartido con Maya con ventana. Tenía la medalla en la repisa, al lado de una foto de mi papá que me había mandado por WhatsApp.
Tenía 19 años, 20 dólares de mensualidad, pollo quemado en el estómago y rodilla todavía morada.
Y por primera vez desde que llegué a Toronto, no sentí que estaba sobreviviendo.
Sentí que me estaba quedando.