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MI ESPOSA ME OLVIDO

MI ESPOSA ME OLVIDO

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Malentendidos / Traiciones y engaños / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:28.7k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Valentina tenía una sola cosa que proteger: a su familia.

Hasta que una noche, frente a todos, un video destruyó su matrimonio.

Su esposo, Rodrigo, creyó que lo había traicionado. Su suegra se encargó de humillarla y convertirla en la culpable perfecta. Y cuando Valentina dio a luz, Rodrigo le arrebató a su hijo y la obligó a firmar el divorcio mientras ella apenas podía mantenerse con vida.

Después de aquella noche, Valentina desapareció.

Diez años más tarde, vive bajo otro nombre y criando a un hijo que guarda un secreto que nadie puede descubrir.

Porque hay otro niño en el mundo que tiene su misma sangre.

Y cuando los dos hermanos se encuentran por casualidad, comienzan a hacer preguntas que alguien lleva diez años intentando mantener enterradas.

Rodrigo también ha seguido adelante… o eso intenta creer.

Hasta que una mujer aparece en su vida.

No recuerda haberla conocido.

No sabe quién es.

Pero cada vez que está cerca de ella, algo dentro de él se

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8

Mateo despertó en una cama que no era la suya y por un segundo no supo dónde estaba.

Después se acordó. La casa de Elena. La de Simón. La suya, por unas semanas.

Se quedó quieto, esperando lo de siempre: el nudo en el estómago antes de bajar, el cálculo de dónde estaría Isabela, en qué humor, cuánto le costaría el desayuno. Tardó un momento en recordar que aquí no había Isabela. Que podía bajar sin calcular nada.

No supo qué hacer con esa información.

Bajó descalzo y encontró a Valentina en la cocina, despeinada, en pijama, peleándose con una cafetera que claramente le ganaba todas las mañanas.

—Buenos días, dormilón. ¿Dormiste bien?

Mateo se quedó parado en el umbral.

—Sí.

—¿Seguro? Te dabas vueltas. Te oí. —Le puso enfrente un plato con huevos y una arepa, sin preguntarle si quería, como quien ya sabe lo que el otro come—. Come, que estás muy flaco. ¿Te duele algo del torneo? Anoche caminabas raro.

Mateo bajó la vista al plato.

Nadie le preguntaba si le dolía algo. En su casa, si algo le dolía, era problema suyo y mejor que no se notara. Y esta mujer, que lo creía su hijo de toda la vida, le había puesto un desayuno delante y le preguntaba por un dolor que ni siquiera existía, solo porque lo había visto caminar raro.

—No me duele nada —dijo, y le salió la voz un poco rara.

—Mmm. —Valentina lo miró con una ceja levantada, no muy convencida, pero lo dejó pasar—. Come.

Comió. Estaba bueno. No era la comida —en su casa la comida era de chef—; era otra cosa. Era que ella se sentó enfrente con su café por fin rescatado de la cafetera, y le habló de tonterías, del vuelo, de que el apartamento la había recibido con una planta muerta, y no le exigió nada a cambio. No tenía que ganarse el desayuno. No tenía que portarse de cierta forma para merecerlo. Solo estaba ahí, y eso bastaba.

Mateo masticó despacio para que no se le notara que se le había cerrado la garganta.

En algún momento, ella le estiró la mano por encima de la mesa y le acomodó el cuello de la camiseta, que tenía la etiqueta para afuera, con un gesto automático, sin darle importancia.

A él esa mano en el cuello —la misma zona donde otra mujer apretaba— le llegó a un lugar para el que no tenía defensa. Tuvo que mirar el plato y respirar hondo.

Así que esto era.

Esto era lo que tenía Simón. Esto era lo que a él le habían robado sin que pudiera reclamarlo, porque ni siquiera sabía que existía. Y por primera vez, masticando huevos en una cocina ajena, Mateo entendió por qué no había mandado aquel mensaje de advertencia en el carro. No era solo egoísmo.

Era hambre. De esto.

Carla llegó a media mañana, como hacía siempre, con dos cafés y la costumbre de meterse a la casa de su amiga como si fuera la suya.

Mateo, que ya había aprendido el nombre —tía Carla, la socia, su madrina—, la saludó con cuidado y se escabulló al cuarto con la excusa de desempacar. Sabía que esa mujer era el peligro de este lado. Mejor poca exposición.

Lo que no calculó fue que las paredes del apartamento eran delgadas.

—Te noto rara —dijo Carla, en la cocina—. Desde que volviste. ¿Pasó algo en el viaje?

—No.

—Elena.

Un silencio. Mateo, sentado en la cama del cuarto, dejó de moverse para oír.

—Conocí a alguien —dijo Valentina, por fin, y lo dijo bajito, como una confesión—. En el hotel. Un hombre.

—¿Cómo que conociste a alguien?

—No es lo que piensas. O sí. No sé. —Valentina soltó el aire—. Estaba en el bar, no podía dormir, y él llegó, y… hablamos. Dos horas. Y después, en el ascensor… —Bajó todavía más la voz—. Lo besé, Carla. Como una adolescente. En un ascensor de hotel.

—¿Y?

—Y nada. Me asusté y salí corriendo. Ni siquiera sé cómo se llama. Diez años, Carla. Diez años sin que nadie me moviera nada, y de repente un desconocido en un ascensor del que ni el nombre tengo. Qué vergüenza.

Carla se quedó callada un momento. Cuando habló, había una sonrisa en su voz.

—¿Después de diez años por fin decidiste volver a enamorarte? —Una pausa, y el tono se le suavizó—. Ya era hora, Elena. Ya estaba bueno.

—No es eso. Fue una tontería de una noche.

—Ajá.

—Carla.

—Yo no dije nada. —Pero se rió.

En el cuarto, Mateo escuchaba con el corazón acelerado, porque acababa de juntar dos piezas que su madre y su tía no podían juntar: el hombre del bar, el ascensor, el beso. El hotel. La misma noche. Pensó en su padre, en cómo lo había encontrado a la mañana siguiente raro, callado, mirando el teléfono. Pensó que quizá, sin saberlo, su madre y su padre se habían encontrado en ese hotel.

No tenía pruebas. Solo el mismo presentimiento que tenía Simón.

Lo guardó.

Lo que Mateo no podía ver era la cara de Carla en la cocina. Porque Carla sí había juntado algo, o casi. Un hombre rico. De traje. En ese hotel, lleno de las familias del torneo. Carla conocía una sola cara que encajara en ese molde, una que llevaba diez años rezando por no volver a ver nunca, y aunque se dijo que era imposible, que el mundo era grande, que había mil hombres ricos de traje, se le quedó el café frío en la mano y una inquietud sorda en el pecho que no compartió con su amiga.

—¿En qué ciudad fue el torneo? —preguntó, lo más casual que pudo.

Valentina se lo dijo.

Carla cambió de tema.

Pero el café se le había enfriado entre las manos.

Porque había pasado diez años imaginando el día en que Rodrigo encontrara a Valentina.

Y jamás imaginó que pudiera ocurrir por accidente.

En la mansión, al otro lado del mundo, Simón llevaba toda la mañana cometiendo errores pequeños.

No graves. Imperceptibles para cualquiera. Letales para una mujer que llevaba años estudiando a un niño.

—¿Qué te pasa? —dijo Isabela, en el desayuno.

—Nada.

—¿Nada?

—Nada. —Simón ni levantó la vista del plato.

—No. Algo te pasa. —Isabela lo miraba fijo—. Estás distinto desde que llegaste.

Simón cometió el error. Levantó la cara y sonrió —una sonrisa fácil, confiada, de quien no le tiene miedo a nada—, porque era su sonrisa, la que usaba para desarmar a la gente, y la soltó sin pensar.

Mateo nunca sonreía así.

Mateo, frente a Isabela, no sonreía en absoluto.

La cara de la mujer se quedó un segundo en blanco. Primer aviso. Algo no cuadraba y esta vez fue más fuerte que la noche anterior, lo bastante para que dejara la taza en la mesa con cuidado y entrecerrara los ojos.

—¿De qué te ríes?

Simón apagó la sonrisa al instante, demasiado tarde.

—De nada. Perdón.

Isabela lo miró un rato largo. No dijo más. Pero Simón supo que había marcado un punto en su contra y se maldijo por dentro: en esta casa cada gesto se medía, y él venía de una casa donde podía ser él mismo. Tendría que apagarse. Volverse gris. Aprender a ser Mateo, que era lo mismo que aprender a desaparecer.

Estaba calculando eso cuando entró Estela.

Simón la reconoció por la descripción —mi abuela, la que habla, la que dice que mi mamá se fue con otro— y por algo más: la forma en que la casa entera se enderezó cuando ella cruzó la puerta. Más peligrosa que Isabela, había dicho Mateo. Simón lo creyó al instante.

Estela se sirvió café y se sentó frente a él, sin saludarlo, estudiándolo con la misma frialdad con que revisaba cuentas. Y Simón, que estaba aprendiendo justo en ese momento a apagarse, no terminó de apagarse a tiempo.

Estela observó al niño mientras desayunaba.

Diez años. Diez años mirando esa cara, viéndola crecer, buscándole siempre los rasgos del padre y agradeciendo, en silencio, que no le hubiera salido nada de la otra.

Y sin embargo aquella mañana había algo distinto. Algo que no conseguía nombrar. Un gesto en la forma de sostener el tenedor. La manera de ladear la cabeza al escuchar. Una seguridad que ese niño no tenía la última vez que lo vio, hacía apenas unos días.

El niño levantó la vista.

Y sostuvo la mirada, con una sonrisa.

Eso es peor.

Porque Mateo no sostendría la mirada.

Simón sí.

Y Estela lo noto, sintió un frío recorrerle la espalda, de la nuca a la base de la columna, un frío viejo, de hace años, de una noche que había enterrado con dinero y mentiras y amenazas por teléfono.

Porque Mateo jamás sonreía así.

Mateo bajaba los ojos.

Mateo se encogía.

Mateo aprendió hace años que era más seguro ocupar poco espacio.

Pero Valentina...

Valentina siempre sonreía así.

Justo antes de desafiarla.

1
Carleone Gutierrez
Hay está pedazo de idiota como fuiste de boca floja con la 🐍ve Isabel sabiendo todo lo que le había hecho a los gemelos, y sabiendo también que enseguida hiba a ir a buscar a la bruja de tú mamá, y a tienes a la ardida de la 🐍 confabulada con la bruja no solo para hacer le daño a Valentina si no también a las gente y hasta ti 😤😠😡
Titisx
somo dos
Maigualida Ramirez
escritora busca la forma de que Carla quede con Damian
Limaesfra🍾🥂🌟
sera que la Lucia es tsn buenita xoko dicen xq tiwne como.un faro para interrumpir cualquier aclaracion.entre Damian y Carla
Maigualida Ramirez
que lastima lo cierto en todo esto es que ellos dos se aman y no es justo que no queden juntos porque se ve que es un amor bonito
Maigualida Ramirez
esa malvada Isabella me cae más mal
Maigualida Ramirez
por lo menos la pido rescatar ojala llegue con bien a casa
Maigualida Ramirez
bueno es la trama de la novela que coños
Maigualida Ramirez
si Rodrigo sabe que es una malvada vieja mal nacida porqué no le puso escolta con tanto dinero que tiene
mariela
Pobre Carla dejo a su amor se sacrificó para que no le pasará nada y el estuvo 10 años odiandola y con una verdad se dió cuenta de cuánto la ama pero Lucia una mujer dulce e inocente de todo se casará con él como dijo ella la verdad llegó demasiado tarde.
mariela
Pregunto si ella se enteró porque no confronto a Carla 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Si tiene a los niños no le ha preguntado como se conocieron y que hicieron 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Porque Rodrigo si es tan poderoso no se ha enfrentado a Estela su madre🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
mariela
Llegó Isabela con su maldad y todavía Rodrigo confiado que la protegía y dentro hay traidores que le hicieron llegar el sobre con la verdad y ahora que le dirás como enfrentarás esa verdad y Carla no se salvará por habérselo ocultado todo.
mariela
Damián reconoció entre líneas donde tenían a Valentina ahora vendrán los enfrentamientos entre madre e hijo porque Rodrigo no se quedará de brazos cruzados otra vez.
mariela
Estela un viejo plan te dió resultado por ahora porque lo que menos te imaginas es que te enfrentarás a tu hijo y está vez tienes las de perder todo e igual Isabela te queda grande decir mi Rodrigo.
Nancy romero
autora q pena por lucia pero carla merece ser feliz
Betty Saavedra Alvarado
Estela estás dando los últimos manotazos de ahogado Rodrigo no dejará que le hagas daño a vale o Elena
Betty Saavedra Alvarado
Rodri la encontrará todos trabajan para encontrarla
Betty Saavedra Alvarado
En las historias pasa de todo sin darnos cuenta Rodri si que te llegó la noche
Betty Saavedra Alvarado
Damián no te cases no amas a Lucia no conviertas tu vida en un infierno
Betty Saavedra Alvarado
Rodrigo te va a dar una neumonía
Maigualida Ramirez: te vas a enfermar hombre
total 1 replies
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